'El petróleo es el pasado'

José María Figueres dice que Colombia tiene las condiciones para liderar una avanzada regional a favor de la utilización de energías renovables.

José María Figueres visitó Colombia invitado por la firma internacional A.T. Kearney, que llegó a Colombia. / Liz Durán

El expresidente de Costa Rica José María Figueres, promotor de la transformación económica del país centroamericano, hoy líder en la utilización de las energías renovables, en entrevista con El Espectador asegura que Colombia está llamado a ser uno de los líderes de esa avanzada en Latinoamérica.

¿Cuál debe ser la estrategia?

Colombia y Nicaragua están en medio de un enfrentamiento tras el fallo de La Haya. Preocupa la explotación petrolífera de una de las reservas marítimas más importantes del mundo...

Me parece anticuado que, teniendo nuestros países tantos recursos renovables para los cuales hay amplios financiamientos disponibles en el mundo y que apuntan a un futuro mucho mejor, estemos todavía pensando que la solución son los fósiles, cuando en realidad son el pasado.

La relación de Costa Rica y Nicaragua se ha deteriorado...

Me preocupan los nuevos diferendos que tiene Costa Rica con Nicaragua, por la actitud de éstos, con acciones y con palabras que no son las de un vecino respetuoso. La presidenta Laura Chinchilla en su último informe en la Asamblea de la ONU destacó la agresiva política exterior de Nicaragua con respecto a Costa Rica. Esa es una situación que esperamos que se corrija. Costa Rica es un pueblo de paz, pero es un pueblo valiente.

En Colombia le seguimos apostando a la explotación de petróleo. ¿Vamos por mal camino?

Costa Rica no tiene los recursos fósiles que tiene Colombia. Comprendo perfectamente que los quieran usar en esta etapa de su desarrollo, pero apuesto en el mediano y largo plazo por las energías renovables, porque el mundo llegará a entender que no podemos seguir generando la cantidad de carbono que estamos lanzando a la atmósfera.

Por encima de las oportunidades empresariales que presenten los combustibles fósiles en el corto plazo, en este mundo todos queremos vivir mejor pero que nuestros hijos y nietos también lo hagan. Y no queremos hipotecarles el futuro con un planeta en el que las emisiones de carbono hubieran llevado las temperaturas a tal grado que tuviera unas posibilidades de vida diferentes a las que conocemos hoy.

¿Cuánto puede durar la transición a energías renovables en un mundo dependiente de los fósiles?

La transición de un modelo que seguimos desde hace 200 años, que se inició con la Revolución Industrial, hacia un modelo de bajas emisiones de carbono, no se va dar de la noche a la mañana. En el sector energético la transformación hacia renovables en el mundo nos llevará 20 o 30 años. Será una transformación que obliga el cambio climático.

¿Cuál fue la decisión a nivel ambiental más difícil que tomó durante su gobierno?

Iniciar una transformación de la economía costarricense hacia la sostenibilidad en donde pudiéramos de una manera ingeniosa, porque este camino no se ha transitado en ningún país con anterioridad, combinar los elementos económicos, sociales y ambientales. Es decir, comenzar a ver el ambiente como una oportunidad y no como un costo, que es la manera como normalmente se la ha visto.

¿Cuál era el panorama en Costa Rica en ese momento?

Estábamos fuertemente influenciados por lo que en aquel momento se llamaba el Consenso de Washington, que privilegiaba lo económico sobre lo social y ciertamente sobre lo ambiental, y además privilegiaba todo lo que eran esfuerzos privatizadores y había una apuesta de una manera mucho más grande a que las fuerzas del mercado lo arreglaran todo. En América Latina hemos llegado a aprender la importancia de sólidos balances macroeconómicos, pero por otro lado estamos comprendiendo que los mercados por sí solos no lo arreglan todo y que necesitan claras orientaciones del Estado, marcos reguladores fuertes que permitan la competencia y que normen las actividades en el sector privado para que sean más eficientes en la inversión de sus recursos y en lo que hacen.

¿Cuál fue la estrategia?

Sacar al país de que siguiera avanzando por el Consenso de Washington y ponerlo sobre la senda del desarrollo sostenible. Tomar medidas tanto en lo económico como en lo social y ambiental que combinaran los tres ejes de acción. Por ejemplo, en 1995 pasamos un impuesto a las emisiones de carbono que se cobraba en el expendio de los combustibles a quienes tanquearan su auto. Ese impuesto moderado fue destinado a un fondo para la compra de servicios ambientales, sobre todo en la áreas más alejadas del centro del país, y a crear empleos. Uno de esos servicios ambientales fue la fijación de emisiones de carbono a través de la siembra de árboles que por medio del proceso de la fotosíntesis fijan el carbono. Después de ese proceso tomamos las toneladas de carbono fijadas, certificadas por la Société Générale de Surveillance de Suiza, y las exportamos. En 1998 exportamos el primer millón de toneladas fijadas a un precio de US$10 por tonelada, recursos que reforzaron las inversiones que estábamos haciendo en desarrollo sostenible.

Costa Rica ha sido promotora de las energías renovables en la región. ¿Cuál es el balance de su experiencia?

El 92% de nuestra energía fuera del transporte es renovable: hidroeléctrica, geotérmica, eólica y ahora empezamos con la producción descentralizada de la energía solar. Eso, lejos de ser una carga para el país, ha hecho que hayamos tenido una base energética estable no alterada por los vaivenes por el precio de los fósiles. 

Colombia es un país bendito, la calidad de su gente, un mercado de 45 millones de personas, recursos naturales, costa en el Caribe y en el Pacífico y una pujanza y un dinamismo respetado en el mundo, del que quieren participar muchas empresas globales que se están estableciendo en el país.

Dentro de ese marco de referencia, es decir, un país privilegiado a pesar de sus problemas, Colombia debería ser un abanderado en Latinoamérica de una transición potente hacia una economía de bajas emisiones de carbono. Apostar a ese sector de las energías como una política sostenida que a lo largo de los próximos veinte años les permita pasarse cada vez más a los renovables, es apostarle al futuro de esta nación y a que Colombia se vuelva más atractivo para la inversión extranjera.

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