El poder histórico de los industriales

De los empresarios legales de mediados del siglo XX a los empresarios narcotraficantes en Colombia. Primera entrega.

El profesor Eduardo Sáenz Rovner en la Universidad Nacional. / Gustavo Torrijos - El Espectador
El profesor Eduardo Sáenz Rovner en la Universidad Nacional. / Gustavo Torrijos - El Espectador

 

Los alumnos me preguntan en clase cómo llegué a diferentes temas de investigación y por qué me he centrado en los últimos 30 años de mi vida en dos temáticas aparentemente tan distanciadas como los empresarios colombianos, en particular los industriales, a mediados del siglo XX, y de otra parte la historia del narcotráfico en Cuba y en Colombia durante el siglo pasado.

Resultado de esas investigaciones he publicado dos libros sobre los industriales colombianos en los años 40, el primero, y los años 50 el segundo, un libro sobre la historia del narcotráfico en Cuba y una decena de artículos sobre la historia del narcotráfico en Colombia, que se constituirán en otro libro.

Regresando a las preguntas de los estudiantes de por qué he escogido esos temas, mi respuesta es: por una sumatoria de accidentes.

El primer accidente se dio cuando tuve que escoger mi tema de tesis doctoral en una universidad norteamericana. En las ciencias sociales y humanas en Estados Unidos el estudiante tiene plena libertad para escoger el tema, obviamente dentro de la disciplina, pero no hay restricciones de espacio geográfico y período histórico. Uno escoge, no tiene que encajar en un grupo de investigación como puede pasar en las ciencias naturales o como parece que muchos entienden la investigación en Colombia. Se es totalmente libre de escoger.

No voy a entrar en detalles, pero me costó escoger tema de tesis. Incluso estuve indeciso si investigar sobre Argentina o sobre Colombia. Y los temas eran muy diversos. Sobre Argentina tuve varios en mente: dos de ellos relacionados con la inmigración judía a ese país. Sobre Colombia también pensé en una variedad de temas que cubrían desde el siglo XVII hasta el siglo XX.

Así estuve varios meses leyendo sobre diferentes temas y sobre los dos países sin tomar una decisión. En esas se me ocurrió darles una mirada a unos tomos empastados de la antigua revista Semana (que a pesar del nombre no tiene nada que ver con la revista Semana actual) y que comprendían los años entre 1946 y 1950. Lo interesante de la revista es que sus artículos centrales tenían que ver básicamente con dos temas: política, de una parte, y empresarios y economía, de otra. Me llamó la atención que mientras en Colombia se agudizaban los conflictos entre liberales y conservadores, la economía crecía en forma saludable y a pesar de la vorágine de la violencia el empresariado era optimista sobre sus negocios. Decidí entonces investigar el curso de la política y la economía durante el gobierno del presidente conservador Mariano Ospina Pérez, entre 1946 y 1950.

Como en cualquier tema, empecé la revisión de la literatura y encontré varios puntos en los que había acuerdo entre los historiadores económicos y políticos:

1. Supuestamente había una alianza entre el Partido Liberal y los industriales. Según esta visión, los gobiernos liberales habían apoyado la industrialización desde los años de la República Liberal, 1930 a 1946.

2. Supuestamente, e incluso era una idea aceptada para América Latina, los industriales representaban la facción moderna de la burguesía o el empresariado y, por lo tanto, eran de ideas progresistas.

3. Había un consenso a favor de la industrialización en Colombia cuando terminó la Segunda Guerra Mundial.

4. Acorde con el punto anterior, entre liberales y conservadores no había diferencias considerables en cuanto a política económica.

5. Había una supuesta autonomía de los políticos y la tecnocracia de la época, y sus decisiones no reflejaban los intereses de los empresarios. Esto lo señalan especialmente Miguel Urrutia y Daniel Pécaut.

6. Entre los economistas se hablaba de modelo de industrialización por sustitución de importaciones.

Una vez me metí en la investigación, hice lo que hacemos los historiadores una vez hecha la revisión bibliográfica: procedí a trabajar la materia prima esencial de los trabajos históricos: la revisión de las fuentes primarias. Hay fuentes primarias de fácil acceso que son las fuentes impresas que uno puede encontrar en las bibliotecas. Entre esas están la prensa escrita, las memorias de los ministros, los informes de la Presidencia y los Anales del Congreso. Ese tipo de documentación la utilicé. Pero más allá, en un trabajo histórico serio, están los archivos que contienen documentación muchas veces inédita, en archivos tanto oficiales como privados. Para la investigación que acometí utilicé la documentación del Archivo de la Presidencia, el Archivo de la Cancillería y las actas en el Archivo en la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) en Bogotá, así como el riquísimo archivo de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), la correspondencia privada de algunos industriales en Medellín y la abundante y detallada información diplomática de los National Archives de Estados Unidos.

Después de trabajar las fuentes primarias y escribir la tesis que se convirtió en libro, encontré unos resultados muy diferentes a lo que la literatura existente señalaba:

1. Los gobiernos liberales de los años 30 y 40 no apoyaron la industrialización. Todo lo contrario, durante la Gran Depresión el gobierno colombiano, como los demás gobiernos latinoamericanos, tuvieron como meta recuperar los mercados de exportación de productos primarios que se habían perdido con la crisis. Colombia firmó un convenio comercial con Estados Unidos para recuperar los mercados cafeteros; a cambio permitía la entrada de manufacturas norteamericanas (Brasil firmó un convenio similar con Norteamérica). Colombia incluso firmó un convenio con Alemania para venderle café a cambio de manufacturas germanas. Argentina también firmó el Tratado Roca-Runcinam para vender sus carnes y cereales en Gran Bretaña a cambio de manufacturas británicas.

2. Los aranceles establecidos a comienzos de los años 30 tenían fines fiscales, no de protección a la industria. De hecho, los nuevos aranceles se cobraban sobre todo tipo de productos, tanto industriales como agrícolas. Los gobiernos de Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos señalaron que la política económica colombiana se centraba en la protección del sector cafetero.

3. Los poderosos industriales antioqueños fundaron la Asociación Nacional de Industriales (Andi) en Medellín en 1944. Rápidamente agremiaron a los industriales de Antioquia, Cundinamarca, Valle del Cauca, Atlántico y el Viejo Caldas. Su principal meta era lograr que el gobierno colombiano protegiese sus industrias a través de un aumento de los aranceles.

4. Los grandes industriales colombianos no eran una facción progresista de la élite colombiana. Todo lo contrario, eran conservadores y bastante reaccionarios. Así equiparasen sus intereses con los de la nación, sus intenciones eran evitar la competencia extranjera, mantener mercados cautivos (así los precios para el consumidor fuesen altos y los productos tuviesen menos calidad que los extranjeros). Igualmente, intentaron desprestigiar y desmontar la legislación social establecida durante los gobiernos liberales de los años 30 y 40.

5. Los grandes industriales se concentraban en sus actividades manufactureras. De otra parte, había una alianza de cafeteros y de grandes comerciantes exportadores/importadores cuyos intereses económicos entraban en contradicción con los intereses de los industriales. Estos temas de aguda disputa tenían que ver con el tema del proteccionismo versus el librecambismo, el manejo de divisas extranjeras escasas producidas por los cafeteros, pero a través del sistema de control de cambios apropiadas por los industriales, y el papel económico de Colombia en el nuevo orden internacional bajo la hegemonía norteamericana en el mundo capitalista.

6. No había ningún consenso a favor de la industrialización al terminar la Segunda Guerra Mundial en Colombia. De hecho, las legislaturas liberales de 1946 y 1947, dominadas por el Partido Liberal, rechazaron el aumento de los aranceles. Hasta Jorge Eliécer Gaitán (asesorado por Antonio García, profesor de la Universidad Nacional) tuvo fuertes enfrentamientos no sólo con los conservadores, sino también con la Andi. Las mayorías en el Partido Liberal seguían fieles a los intereses de la vieja burguesía compradora (cafeteros y comerciantes), incluso algunos como Gaitán invocaban los intereses de los consumidores. Se equivoca José Antonio Ocampo en un libro reciente cuando afirma, sin evidencia empírica alguna, que existía tal consenso. Una cosa es la visión cepalina de Ocampo, otra la evidencia histórica.

7. Si aparentemente había un “consenso” a favor de la industria en la prensa colombiana, éste fue manufacturado. Siendo los industriales los principales anunciantes en los periódicos, presionaron a la prensa para que publicara artículos y editoriales a favor del interés industrial. De otra forma les quitaban la pauta. Y esto pasó con El Tiempo, el principal diario del país, y con los demás periódicos.

8. Los industriales sólo lograron que los aranceles fuesen aumentados a finales del gobierno de Mariano Ospina Pérez, quien pudo gobernar por decreto y en una dictadura de facto después de haber cerrado el Congreso en 1949.

9. El mundo de la política y el de la tecnocracia no son tan autónomos. Esto lo entendieron muy bien los industriales al contratar a un grupo importante de exfuncionarios del Estado para que hicieran lobby o cabildeo ante los poderes Ejecutivo y Legislativo, así como apoyaban a políticos en sus carreras. Su presión sobre el Ejecutivo tuvo éxito cuando en 1950, en medio de la crisis política y con un gobierno debilitado, prácticamente le dictaron la reforma arancelaria al Ministerio de Hacienda para que Ospina Pérez la firmara por decreto a mediados de 1950.

10. Mientras Colombia se alineó incondicionalmente con Estados Unidos en sus políticas anticomunistas y de Guerra Fría, cuando se trataba de defender poderosos intereses económicos locales, Colombia no era un peón de los norteamericanos. Así, los intereses de los industriales prevalecieron, no sólo sobre los de otros grupos económicos locales, sino también sobre las presiones librecambistas norteamericanas.

11. Se equivocan los economistas cuando hablan de modelo de sustitución de importaciones, como si la política económica fuera dictada por funcionarios autónomos y tecnócratas. La imposición del arancel de 1950 no fue resultado de un modelo, sino de un proceso, altamente conflictivo, que tomó casi un lustro y cuyo desenlace se dio gracias a la aguda crisis política de 1949-1950.

* Historiador económico colombiano.

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EDUARDO SÁENZ ROVNER *

Economía

El poder histórico de los industriales

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