El primer paso ya está dado

Tras la firma de un acuerdo para proteger y fomentar las inversiones en cada país, Colombia y Japón comenzarán a estudiar la posible firma de un TLC que podría incrementar el comercio binacional y afianzar aún más su relación.

El lunes se inició con la premonición de que Tokio y Bogotá podrían estar más cerca. Al final de su reunión con el primer ministro nipón, Yoshihiko Noda, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, obtuvo la promesa de que ambas partes se sentarán a explorar las posibilidades para negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC), instrumento que, además de aumentar los flujos comerciales, estrecharía aún más sus relaciones políticas y diplomáticas.

Esta es la mejor noticia de los últimos 57 años de diálogos binacionales, desde que ambos países aceptaran reactivar sus relaciones tras las Segunda Guerra Mundial y que desde entonces ha estado marcada por la fuerte cooperación en momentos difíciles: tanto la ejecución de proyectos sociales contra el narcoterrorismo, como la recepción de ayudas por el tsunami que devastó la ciudad de Fukushima en marzo pasado.

Esa cercanía fue clave para que ayer ambos países firmaran, tras meses de negociaciones, el Acuerdo para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones. Este documento será la punta de lanza para incrementar en los próximos años la presencia japonesa en nuestro país, la cual sumó US$39,4 millones entre 2001 y 2010, y se concentra principalmente en los sectores de comercio (73%) y servicios comunitarios (13%).

“Implica un acercamiento concreto y real al Pacífico Asiático, región que se ha convertido en uno de los polos más dinámicos del mundo por el crecimiento y el desarrollo de sus economías, su desempeño en materia de inversión y comercio, así como sus constantes avances tecnológicos”, comentó desde Japón Sergio Díaz-Granados, ministro de Comercio, Industria y Turismo.

La eventual firma de un TLC también supondría un impulso para los exportadores colombianos, que desde el pico del comercio binacional en 2007 (cuando los intercambios alcanzaron los US$1.380 millones) ha decaído.

Pero el TLC sería sólo un componente de un panorama más grande. Se llama Acuerdo de Asociación Económica (EPA, por sus siglas en inglés), que establece mecanismos para fortalecer la cooperación económica (de los cuales el TLC es una de sus partes) y la cooperación a todo nivel.

“Al gobierno japonés no le interesa únicamente firmar un acuerdo comercial con Colombia, porque sabe muy bien que nuestra oferta exportadora es muy pequeña para sus necesidades. Su verdadera intención es ir por el EPA, por las grandes perspectivas que este instrumento tiene a futuro”, comenta Claudia Sanmiguel, subdirectora de la Cámara Colombo-Japonesa de Comercio e Industria.

Y dentro de sus intereses estratégicos, más allá de la propuesta que Santos le hizo a su similar Noda de inversiones para repotenciar la infraestructura colombiana, se encuentra el carbón.

“La capacidad de generación de energía de Japón se alteró por el accidente nuclear de marzo pasado, razón por la que han acudido a nuestro carbón. Por eso las empresas de ese país están invirtiendo en minas carboníferas aquí en Colombia, porque en el momento de contar con ese instrumento sus costos de transporte disminuirían”, agrega Sanmiguel.

Al mismo tiempo, el sector agrícola colombiano sería el gran beneficiado de la demanda alimentaria japonesa, la quinta más grande del mundo.

“Veo grandes oportunidades para nuestras frutas tropicales y verduras. No debemos olvidar que el ingreso per cápita de Japón es uno de los más grandes del mundo y ellos siempre están prestos a pagar precios altos por alimentos de buena calidad”, dice Jorge Humberto Botero, exministro de Comercio y presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Café de Colombia (Asoexport), quien, paradójicamente, no le augura un buen futuro al grano en Japón: “Toda nuestra cosecha futura ya está vendida a otros mercados”.

El futuro inmediato luce brillante: el comercio binacional en el primer semestre de 2011 ascendió a US$1.049,8 millones, una cifra muy cercana al récord de 2007, y con un futuro prometedor por el buen estado de las relaciones comerciales y políticas.

 

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