El segundo día de corralito afecta en grados distintos a la población griega

Grecia no le pagó al Fondo Monetario Internacional, por lo que suspendió el pago de sus deudas porque no tiene con qué cubrirlas.

EFE

 Grecia vive su segundo día de corralito, que se empieza a notar en la población, pero sin registrar grandes escenas de tensión ni violencia. 

En las calles de Atenas todavía reina hoy la calma y en los cajeros pueden verse colas relativas, pero la medida de restricción de capitales ha empezado a generar incomodidades en el día a día de la gente. (Vea: A propósito de la crisis de Grecia, ¿Qué es un “corralito”?)

Marina de 35 años y extrabajadora de una empresa de seguridad, salió el domingo por la noche a la calle con el objetivo de sacar 160 euros para pagar el alquiler esta semana, pero los cajeros ya habían dejado de funcionar.

El propietario del inmueble, que Marina aclara que es abogado, se lo exige en efectivo.

El control de capitales que entró en vigor el lunes contempla una retirada máxima de 60 euros diarios en los cajeros automáticos hasta el próximo día 7 de julio, cuando está previsto que abran los bancos.

Grupos de dos y tres policías han empezado a recorrer las calles de la ciudad para evitar y prevenir posibles robos a las personas que acaban de sacar dinero.

Para Melina de 50 años lo importante es que no se han bloqueado los depósitos y, aunque 60 euros le parece poco, cree que "algo es algo".

Todavía va más lejos Várvara, una desempleada de 47 años, que le quita toda importancia a la cantidad.

"No veo mucha diferencia con la situación anterior. Si los jefes no tienen dinero para pagarte y te dan solo entre 100 y 150 al mes. ¿En qué se diferencia que podamos sacar o no más dinero?", se pregunta.

Unas consideraciones que no puede hacer Nikos, un funcionario jubilado de 83 años, que volvía hoy por segunda vez a la sede del Banco Nacional para reclamar el dinero de su pensión, pero se ha encontrado con otra negativa.

"No tengo dinero, solo calderilla", dice a Efe enseñando las pocas monedas que le quedan en el bolsillo, y añade que Grecia no debería haber entrado nunca en la eurozona.

"Estábamos bien con el dracma, pero los que tienen la culpa de esto no lo pagarán nunca", sentencia.

Los jubilados griegos que únicamente tienen cartillas y no disponen de tarjetas de crédito o débito no podrán acceder a sus fondos hasta este miércoles, cuando se abrirán durante tres días consecutivos un millar de sucursales en todo el país, y en las que los pensionistas podrán retirar un máximo de 120 euros de una sola vez.

Nikos, acompañado de su mujer, explica que ayer quisieron ir a comprar para hacer un poco de acopio, una opción que han escogido muchos griegos desde este fin de semana, pero asegura que ni siquiera había arroz en el supermercado.

"¿Qué hacer con los alimentos? Si dentro de poco les habrán salido gusanos. Fui a buscar un poco de arroz y no había nada, se había vendido todo", concluye.

La visión pesimista de Nikos contrasta con la de otro jubilado, Kosmás, de 79 años, quien sí dispone de tarjeta de crédito y ni siquiera ha tenido que hacer cola porque ya había sacado dinero unos días antes.

También él fue a comprar al supermercado, pero no por miedo a la incertidumbre futura, sino para irse unos días al pueblo donde tiene una segunda residencia y donde además, asegura, no hay ni un solo cajero.

"Me di cuenta de que en el supermercado había más clientela de lo normal, pero tampoco era algo extraordinario. Lo veo lógico, la gente está inquieta", argumenta.

En cualquier caso, los jubilados han sido los principales damnificados de esta situación, y la prensa les dedicaba hoy titulares dramáticos, incluso comparándolos con los héroes de una "antigua tragedia griega".

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