El show de 'Súper Mario Monti'

El Primer Ministro italiano salió a defender los intereses nacionales ante los líderes europeos, amenazando con vetar las exigencias de Alemania.

El jueves, mientras que otra cumbre europea se extendía hasta la noche, los asesores de Mario Monti le enviaban mensajes de texto sobre la espectacular victoria de Italia sobre Alemania en la Eurocopa 2012. Esto para darle moral.

No es que el académico italiano de 69 años, hoy primer ministro, sea tan aficionado al fútbol como Ángela Merkel, la canciller de Alemania y a menudo su contradictora en los debates europeos. Sin embargo, el partido inevitablemente simbolizaba una lucha titánica entre el país periférico y los teutones, que se esperaba triunfarían en el estadio y en la mesa de negociaciones.

Ha cambiado mucho desde noviembre, cuando en efecto Italia introdujo un estado de emergencia democrático, e hizo de Mario Monti el primer ministro que reemplazó a Silvio Berlusconi.

En ese entonces los medios alemanes elogiaban a Monti. Lo describían como a un “Súper Mario” que se hallaba del lado de Berlín en el dilema de la austeridad. Era un hombre que traería disciplina a la endeudada Italia y salvaría la Eurozona: “Siempre he sido considerado como el más alemán de los economistas italianos, algo que siempre he recibido como un cumplido, aunque no ha sido mi intención parecerlo”, le dijo Monti a un público en Berlín.

A principios del viernes, sin embargo, Monti demostró un aspecto de su carácter más italiano y menos europeo. Dejó claro que estaba preparado para defender los intereses nacionales al amenazar con vetar las exigencias de Alemania, a menos que Merkel acordara medidas de corto plazo para aliviar los altos costos de Italia para asumir préstamos.

Monti fue educado en un colegio católico privado y va a misa con frecuencia. Su gabinete es visto como el más cercano al Vaticano desde el Demócrata Cristiano de hace veinte años. “¿Acaso debemos expiar pecados durante el resto de la eternidad?”, preguntó al recibir otro premio de buen gobierno la semana pasada en Bruselas. Repetía la letanía de que Italia hizo su tarea mediante las reformas de austeridad y ahora merecía el apoyo de los mercados.

Hace algunos días la situación era bien diferente. Sus ministros peleaban abiertamente, los funcionarios se quejaban de que había dejado de atender la situación en casa, y pasaba demasiado tiempo recibiendo premios europeos. Algunos sospechaban que su objetivo era obtener un alto cargo en Bruselas. En suma, una situación bastante lejana con respecto al ruido generado en los primeros días desde que asumió el cargo. En una entrevista temprana con el Financial Times, aseveró que su ambición era que Italia “se convierta en un país aburrido, en términos relativos”. Ya no debiera ser el país que es demasiado grande para ser rescatado, con una deuda que es 1,95 billones de euros más grande que la que tienen, juntos, los cinco países que han sido rescatados. Los mercados serán los jueces de si ha hecho lo suficiente en ese sentido, pero en cuanto a su segundo objetivo, el de restaurar la confianza de los italianos en sus instituciones, claramente enfrenta una batalla cuesta arriba.

A medida que Italia se hunde en una segunda recesión, aquejada por los duros incrementos tributarios impuestos en diciembre y que Monti ahora lamenta, los italianos buscan a un nuevo salvador. El beneficiario de esta ola antiestablecimiento es una figura insólita: Beppe Grillo, un comediante astuto y locuaz, que incluso ha sugerido sacar a Italia de la Eurozona y renegar de la deuda. Su Movimiento Cinco Estrellas tuvo un desempeño sorprendentemente bueno en las elecciones de mayo. Las encuestas de opinión lo colocan de segundas, luego de los Demócratas, de centro izquierda, y por encima del partido de Berlusconi.

Estos desarrollos han convencido a Monti de que las elecciones anticipadas serían una catástrofe para Italia y que debe estar presente hasta el final de su mandato, el próximo mayo. “Las fuerzas políticas que mandan al infierno la integración europea, el euro, o este u otro país pueden prevalecer”, advirtió esta semana.

Su pasado lo hace un objetivo fácil para los ataques antiestablecimiento de Grillo, que lo ridiculiza llamándolo “Rigor Montis”. Monti, un exasesor de Goldman Sachs y de la agencia de calificación Moody’s, ha sido miembro del Grupo Bilderberg. Para los italianos, prestos a creer en teorías de la conspiración, la situación parece una sombría trama de una sociedad secreta. Su respuesta es que, como el comisionado más importante de la UE en asuntos de competencia, difícilmente era amigo del mundo corporativo. Finalmente, atajó a titanes como Jack Welch, de General Electric, y a Bill Gates.

Ahora necesita la inspiración que tuvo en esos días, e incluso más. “Monti ha perdido su encanto”, aseguró este mes el periódico de centro izquierda La Repubblica, que había sido uno de sus campeones más importantes. Los italianos que hoy aplauden a su nuevo “Súper Mario”, el delantero Balotelli que anotó los dos goles contra Alemania, olvidarán el dolor de la austeridad y la posición del verdadero Súper Mario por un tiempo, pero no demasiado.

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