El 'trilema' energético

¿Cómo desarrollar confiabilidad, accesibilidad y sostenibilidad que atiendan la demanda mundial?

Expertos aseguran que es factible incrementar la energía “verde” hasta 30% para 2030 y hasta 50% para 2050. / 123rf

En su más reciente reunión en Daegu, Corea del Sur, el “World Energy Council” (WEC), o Consejo Mundial de Energía, organización que agrupa 92 naciones, planteó lo que ha dado en llamar el “Trilema Energético”, el cual se refiere a cómo desarrollar suficiente energía confiable, accesible económicamente y sustentable para atender la creciente demanda mundial, incluyendo las necesidades de 1.300 millones de personas que aún no tienen acceso a electricidad. El debate se ha visto complicado por recientes claras evidencias de que el mundo no está en la trayectoria necesaria para cumplir con el límite convenido internacionalmente, de 450 partes por millón de dióxido de carbono en la atmósfera requeridas para mantener el calentamiento global en un nivel máximo de 2 grados centígrados. Durante las sesiones, muchos de los proveedores tradicionales de energía, entre ellos Saudi-Aramco, afirmaron que los combustibles fósiles continuarán siendo el “núcleo” de las fuentes de energía para garantizar dicho “trilema” por muchas décadas más, dadas su eficiencia, conveniencia, rentabilidad y confiabilidad. Estos planteamientos encontraron gran apoyo en el seno del WEC, cuyos representantes prepararon escenarios para la reunión que indican que desde ahora hasta 2050 los fósiles tendrán una contribución de entre 77% y 59% a la mezcla de energía primaria. Cabe destacar que actualmente esa cifra es de 90% (35% petróleo, 30% carbón y 25% gas natural).

Sin embargo, los proponentes de la energía renovable esgrimieron sonoramente el contraargumento de que es factible incrementar la energía “verde” hasta 30% para 2030 y hasta 50% para 2050, en la medida en que quienes están a cargo de las políticas caigan en cuenta de que han subestimado inmensamente el potencial de reducción de costos de las tecnologías “verdes”.

 Entrando en detalle, sostienen que el mundo ha subestimado el crecimiento posible de energía solar fotovoltaica (PV), y que IRENA (Agencia Internacional de Energía Renovable) ha calculado que es factible instalar 1.000 Gigavatios (GW) para 2030, el doble de todas las proyecciones oficiales y el triple de toda la energía nuclear instalada, aunque “con niveles más bajos de utilización”. Afirmaron los representantes de IRENA que “los gobiernos subestiman inmensamente la tasa de transición actual”. Añadieron que los 1.000 GW suponen un crecimiento moderado y que hay otros estimados mucho más altos”. La energía solar PV representa una tercera parte de las adiciones a la capacidad de energía renovable, siendo el segmento de más rápido crecimiento con aumentos de las tres subcategorías, plantas, paneles solares y minisistemas independientes de la generación de las redes.

 El análisis de IRENA también considera un importante aumento de la biomasa como factor clave en la transición, proveniente de sembradíos, bosques y vegetación en general, además de otros residuos y desperdicios. Considerando un ambicioso escenario de política que asume un precio de carbono de $85/tonelada en la OECD y de $65/tonelada en países no-OECD, afirman que la biomasa podría representar 80% del potencial económicamente realizable de renovables en usos industriales, tanto como combustible como insumo de procesos (conviene mencionar que la situación económica en Europa ha traído consigo el colapso de los precios del carbono, el cual ha dado al traste con el sistema del mercado de certificados de carbono en la Comunidad Europea). Es muy importante destacar que la penetración de la biomasa dependerá de la disponibilidad de recursos. El mercadeo internacional de ese combustible tendría que aumentar inmensamente y quedar claramente demostrado que existe un nexo sostenible entre energía, agua y uso de la tierra.

 En su análisis final, IRENA sostiene que un aumento de renovables hasta 30% para 2030 es no solamente posible, sino que se lograría a cero-costo incremental respecto a las alternativas, o inclusive hasta a costo incremental negativo si se toman en cuenta los beneficios en salud.

No cabe duda de que la protección del ambiente es responsabilidad de todas las naciones y todos los individuos, pero es de importancia fundamental que se acometan los esfuerzos de una manera responsable, lo cual implica encontrar el balance adecuado entre las diversas fuentes de energía para cumplir con el mantra del “Trilema”. Es indiscutible que el mundo dependerá mayoritariamente de los combustibles fósiles por muchas décadas más. El fracaso del Protocolo de Kioto, que se ha hecho evidente con la mayoría de los 37 países con compromisos vinculantes de emisiones anunciando que se retirarán del Protocolo o cuando menos no suscribirán su segunda etapa de límites, tiene que ser un punto de reflexión en la búsqueda de ese balance. La reducida factibilidad de los pronósticos de IRENA, sumada a los ambientalistas radicales, podría configurar un fuerte obstáculo en la concertación de esfuerzos para mantener el flujo de energía requerida con el menor impacto ambiental posible.

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