Empleo y distribución

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La información de comienzo del año confirma que la crisis económica no se superó en 2020. En enero el desempleo aumentó 4 % frente al mismo mes del año anterior y el empleo descendió 7 %. La caída de la actividad productiva se extenderá y terminará en estancamiento. No menos alarmante es la información sobre la pobreza y la distribución del ingreso. La pobreza pasó de 36 % a 46 %, la participación del trabajo en el PIB bajó y el apoyo a los sectores más vulnerables no llegó a 0,5 % del PIB. Las cifras dejan al descubierto un severo conflicto entre el empleo y la distribución del ingreso.

Los hechos se han encargado de reafirmar la naturaleza estructural de la caída en Colombia, y en general en América Latina. La globalización, la caída de los precios del petróleo y el coronavirus configuraron una estructura económica de bajo ahorro que ha propiciado serios daños. En un principio ocasionó un déficit en cuenta corriente que disparó el desempleo. Luego, quebró el vínculo entre el ahorro y la inversión; la reducción del ahorro se llevó por delante la inversión y la producción. En la actualidad, da lugar aún abierto conflicto entre el crecimiento económico y la distribución del ingreso; el bajo ahorro se trata de contrarrestar con la colocación del salario por debajo de la productividad del trabajo.

La síntesis no puede ser más crítica. La economía enfrenta una reducción del ahorro que, a su turno, reduce la producción y el empleo, y se contrarresta con la baja del salario y el deterioro de la distribución del ingreso. Lamentablemente esta evidencia no se ha asimilado.

Las propuestas oficiales están basadas en medidas que desconocen las causas de la crisis. Se orientan hacía una reforma tributaria basada en el IVA y las privatizaciones de empresas públicas que afectan el ahorro y el salario en direcciones opuestas. Las acciones aisladas por lo general logran un propósito a cambio del otro y en conjunto resultan inefectivas.

La causa del mal desempeño de la economía es el mercado en un mundo de deficiencias estructurales y distorsiones. El mercado resuelve los conflictos con estímulos que privilegian la producción y la eficiencia sobre la equidad. Así, las deficiencias estructurales que deprimen el ahorro se compensan con distintos procedimientos para colocar los salarios por debajo de la productividad del trabajo.

Las soluciones a las dolencias económicas no están en las manifestaciones y en los lugares comunes, sino en las instituciones que las causan, y pueden lograrse con una nueva organización económica que se distancie del fundamentalismo de mercado, y lo sustituya por conciliaciones estatales que actúan en diferentes frentes. En términos concretos se propone cambiar las teorías y el modelo económico.

Lo que se plantea es una reforma radical del sistema económico orientada a remover las deficiencias estructurales que propician el conflicto entre el ahorro y el salario. En la práctica se lograría con medidas de puntuales que aumenten el ahorro y eleven el salario, o por lo menos, no lo bajen. El primer paso podría ser la reorientación del Banco de la República para incrementar el dinero con respecto a la demanda y el replanteamiento de la política social para disminuir las enormes transferencias presupuestales al capital. Sin embargo, la transformación más importante es el cambio en la estructura del sector externo que requeriría un plazo más largo de gestación y transformación. Es indispensable avanzar en una composición comercial y sectorial basada en actividades de mayor complejidad y productividad del trabajo que eleven el salario y erradiquen el déficit en cuenta corriente dentro de un marco de crecimiento de la producción y el empleo.

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