Esclavicen a los robots y liberen a los pobres

Reemplazar a los trabajadores por máquinas llevaría a que los ingresos de los empleados se trasladen a sus dueños. Informe de Oxford señala que el 47% de empleos en Estados Unidos está amenazado.

El auge de las máquinas inteligentes puede llegar a cambiar el funcionamiento de la economía. / EFE

Los impactos económicos de las nuevas tecnologías son muchos y complejos. Los robots han generado temores de que las máquinas inteligentes hagan redundante una gran cantidad de mano de obra. En un artículo reciente, Carl Frey y Michael Osborne, de la Universidad de Oxford, concluyen que el 47% de los empleos en Estados Unidos están siendo gravemente amenazados por los autómatas.

En el siglo XIX, argumentan, las máquinas reemplazaron a los artesanos y beneficiaron al trabajo poco calificado. En el siglo XX, las computadoras reemplazaron a los trabajos de ingresos medios, creando una polarización en el mercado laboral. Sin embargo, durante las próximas décadas “la mayoría de los trabajadores en las áreas de transporte y logística probablemente serán cambiados por capital de computación”. Es más, “la computarización sustituirá en el futuro próximo los trabajos de bajos salarios y pocas habilidades. En cambio, las ocupaciones que requieren habilidades complejas y son de altos salarios resultan las menos susceptibles al capital de computación”. Esto exacerbaría la desigualdad.

Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, y Laurence Kotlikoff, de la Universidad de Boston, incluso sostienen que el aumento en la productividad podría generar mayores problemas para las futuras generaciones. El reemplazo de los trabajadores por robots podría trasladar los ingresos de los trabajadores a los dueños de los robots, muchos de los cuales están retirados y se asume que ahorran menos que los jóvenes. Esto reduciría la inversión en capital humano, porque los jóvenes no tendrían suficientes recursos para invertir en él. También caería la inversión en las máquinas, porque bajarían los ahorros en esta economía.

Es ingenioso el argumento de que el aumento en la productividad potencial nos llevaría a una economía menos próspera. A mí me parece que hay otras posibilidades más plausibles: podría haber un shock de ajuste a medida que los trabajadores sean despedidos, los salarios de las personas con un nivel bajo de habilidades podrían estar por debajo de un nivel socialmente aceptable y, junto con otras nuevas tecnologías, los robots podrían hacer que la distribución del ingreso fuera más desigual de lo que resulta ser hoy.

Entonces, ¿qué debe hacerse? Primero, las nuevas tecnologías traerían ventajas y desventajas. Podemos darle forma a lo bueno y administrar lo malo.

Segundo, la educación no es una varita mágica. Una de las razones para ello es que no sabemos qué habilidades estarán en demanda dentro de tres décadas. Además, si Frey y Osborne tienen razón, hay tantos trabajos de ingresos medios y bajos en riesgo que ya puede ser demasiado tarde para cualquier persona que tenga poco más de 18 años y para muchos niños. Finalmente, incluso si la demanda para los servicios de conocimientos creativos, empresariales y de alto nivel fueran a aumentar al ritmo que se necesita, que es muy improbable, es una fantasía que todos se convertirán en los pocos privilegiados.

Tercero, debemos considerar el ocio. Durante mucho tiempo los más ricos vivían una vida de ocio a costa de las masas trabajadoras. El aumento en las máquinas inteligentes permite que muchos vivan sin explotar a los demás. El puritanismo triunfante de hoy en día considera aberrante esta falta de actividad. Bueno, entonces permitan que la gente se entretenga ocupándose. ¿Cuál otro es el objetivo de los enormes aumentos en prosperidad que hemos creado?

Cuarto, necesitaremos redistribuir los ingresos y la riqueza. Esta redistribución podría tomar la forma de un ingreso básico para cada adulto, junto con financiación para educación y entrenamiento en cualquier etapa de la vida de la persona. De esta manera podría volverse una realidad el potencial para una vida más agradable.

Finalmente, si se acelera la caída en los empleos, sería esencial asegurarse de que la demanda aumentara junto con el alza en los suministros potenciales. Si somos exitosos, desaparecerían muchas de las preocupaciones con respecto a una falta de empleos. Dado el fracaso para lograr esto en los últimos siete años, aquello podría no suceder. Sin embargo, lograríamos un mejor desempeño si quisiéramos.

El auge de las máquinas inteligentes es un momento en la historia. Cambiará muchas cosas. Entre ellas nuestra economía. Sin embargo, su potencial es claro: harán posible que el ser humano viva mejores vidas. El que logre hacerlo depende de cómo se produzcan y distribuyan las ganancias. Es posible que el resultado final sea una minúscula minoría de enormes ganadores y un vasto número de perdedores. Pero este desenlace se daría porque lo escogimos. No es nuestro destino. No es necesaria una especie de tecno-feudalismo. Sobre todo, la tecnología misma no define los desenlaces. Esto lo hacen las instituciones económicas y políticas. Si las que tenemos no nos dan los resultados deseados, entonces hay que cambiarlas.

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