España: ¿de la crisis al colapso?

Un desempleo rampante, desconfianza en el Gobierno, regiones queriendo independizarse y un déficit creciente, son factores que pueden llevar a la política española a un momento crítico.

El desempleo en España llegó a 25,1% en agosto, según cifras de Eurostat. La desocupación juvenil alcanza niveles de 52,9%, similares a los existentes en Grecia.
El desempleo en España llegó a 25,1% en agosto, según cifras de Eurostat. La desocupación juvenil alcanza niveles de 52,9%, similares a los existentes en Grecia.EFE

La Gran Recesión 2008-2009 redujo los ingresos externos de España y consecuentemente los internos, lo que estancó su economía y en particular el turismo, una de sus principales actividades. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), en 2009 el turismo en España representaba 10,7% del PIB y generaba 12,7% del empleo.

Ello se tradujo en menores ventas, producción, empleos, salarios, utilidades y, por lo tanto, menor recaudación tributaria. Como aumentó el gasto fiscal para evitar una recesión mayor, el déficit público alcanzó niveles elevadísimos. Según el Banco Mundial, en 2007 España tenía un superávit fiscal de 2,4% del PIB y en 2009 tenía un déficit de 8,6%.

De tal modo, la deuda pública española aumentó: en 2010, según el FMI, representaba 60,1% del PIB, ciertamente no tan elevada. La elevada es la deuda privada. Según el Banco Mundial, en 2000 equivalía a 97,7% del PIB y en 2010 llegó a 211,6%. En ningún otro país creció de tal manera en tan corto tiempo.

La largueza de los bancos españoles, financiados por los alemanes, produjo una explosión de créditos hipotecarios que generó una elevación de los precios inmobiliarios. Cuando se produjo la crisis, al quedarse sin ingreso muchos de los españoles endeudados no pagaron sus créditos. La consecuencia fue un descalabro bancario y una parálisis inmobiliaria y constructiva.

La nueva crisis se trató de resolver mediante la asistencia financiera europea condicionada a un ajuste que incluye: reordenamiento fiscal, aumento de impuestos, reducción de salarios y pensiones, menores gastos públicos y venta de activos estatales.

Pero el ajuste implica una caída adicional de ingresos que se traduce a su vez en menos compras, ventas, producción y, consecuentemente, más desempleo. Según Eurostat, en agosto de 2011 el desempleo en España alcanzaba a 22,0% de la población laboral y en agosto de 2012, al 25,1%. Esta es la mayor tasa de Europa. El desempleo entre los jóvenes llegaba a 52,9%. Dichas cifras son similares a las de la Gran Depresión: España está en depresión económica.

Como perder calidad de vida no satisface a nadie, genera protestas y conflictos sociales, más graves cuanto mayor es el ajuste. Adicionalmente, no es claro si el ajuste español tendrá éxito antes de que la ayuda se agote, lo que genera más incertidumbre e insatisfacción. Los indignados españoles, sus reiteradas ocupaciones callejeras, sus protestas, populares y desorganizadas, son una expresión de esos conflictos sociales.

Las crisis sociales graves tarde o temprano desembocan en crisis políticas. En los países democráticos se procesan mediante elecciones o cambios de la mayoría parlamentaria. En las elecciones de noviembre de 2011 el Partido Socialista perdió el Gobierno y fue sustituido por el Partido Popular de derecha.

Pero la crisis española continúa agravándose y el Gobierno es cada vez más impopular. No obstante, pareciera muy reciente para que colapse pues tiene aún una amplia mayoría parlamentaria. Lo que puede colapsar es el país.

El 25 de noviembre de 2012 se realizarán elecciones anticipadas en Cataluña para elegir un ejecutivo cuyo actual presidente, que seguramente será reelegido, proclama la convocatoria a un referéndum por la independencia catalana. Aspiración de vieja data que las encuestas actuales muestran victoriosa. Cobró fuerza luego de que el 20 de septiembre de 2012 fracasara la negociación entre Barcelona y Madrid por una mayor autonomía fiscal e, implícitamente, por un ajuste más flexible.

Si la independencia catalana triunfa, el País Vasco, con la misma aspiración, también de vieja data, seguiría el mismo camino. Se independizarían así las regiones más desarrolladas y España se reduciría a Madrid, centro administrativo diseñado para un país más grande, y a las regiones menos desarrolladas, innovadoras y emprendedoras.

La historia es siempre aleccionadora: luego de la Primera Guerra Mundial, las desmedidas reparaciones que los aliados impusieron a Alemania en el Tratado de Versalles generaron un rechazo inmenso entre los alemanes. Ello, entre otros elementos, facilitó el fortalecimiento del nazismo que abanderó las protestas contra dichas reparaciones y estimuló el tránsito a la Segunda Guerra Mundial y a millones de muertos.

España es hoy, ciertamente, una sociedad y un Estado muy diferente a la Alemania de los años veinte, pero enfrenta ajustes similarmente excesivos y conflictos sociales no despreciables. Los resultados políticos, más allá de los ya producidos, pueden ser imprevisibles.