España trata de desmarcarse de Italia por la crisis de la deuda

El presidente del gobierno español no se cansa de repetir que el país está y seguirá haciendo los deberes para reducir el déficit público.

España, tratada con la misma vara de medir que Italia por las agencias de calificación y los mercados en la vorágine de la crisis de la deuda en Europa, trata de desmarcarse de la imagen que proyecta el gobierno italiano.

Después de haber puesto en marcha una serie de medidas draconianas a partir de mayo del 2010 --incluida una reforma de la Constitución para incluir el techo de déficit por ley-- el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, no se cansa de repetir que el país está y seguirá haciendo los deberes de casa para reducir el déficit público al 3% del PIB para 2013.

Al frente de un gobierno en funciones después de haber disuelto el Parlamento y convocado elecciones para el 20 de noviembre, Zapatero se estaría guardando una última carta en la manga.

El presidente del gobierno español aseguró a sus colegas que las cuentas públicas disponen de 7.600 millones de euros adicionales este año resultantes de una elaboración demasiado pesimista del presupuesto, según un diplomático europeo.

La canciller alemana, Angela Merkel, volvió a pedir el sábado a Italia y España, tercera y cuarta economías de la Eurozona, que prosigan y ahonden las medidas de ajuste y las reformas para reducir sus déficits.

"La señora Merkel ha dicho algo con lo que estamos completamente de acuerdo. En 2012 y 2013 vamos a hacer presupuestos ajustados a esa cifra y con reformas para hacer nuestra economía más competitiva", le respondió la vicepresidenta primera y ministra de Economía española, Elena Salgado, en Bruselas.

Con un déficit del 11,1% del PIB en 2009, el gobierno español fue un buen alumno en 2010, reduciéndolo como había previsto hasta el 9,3% y pretende cerrar el ejercicio de este año con 6%, un 4,4% en 2012, aunque el deterioro de la economía y las revisiones del crecimiento a la baja pueden poner en peligro ese objetivo, según los analistas.

Pero en esta cumbre crucial para el futuro de Europa, de este domingo en Bruselas, las miradas parecen concentrarse en Italia, que podría ser el próximo país en necesitar ayuda, tras Grecia, Irlanda y Portugal.

Con una deuda pública de más de 1,9 billones de euros (cerca del 120% del PIB), Italia está en la línea de mira de los mercados desde este verano, ya que los inversores dudan de la credibilidad del gobierno que ha prometido equilibrar el presupuesto en 2013 gracias a la adopción de medidas de austeridad.

Después de reunirse con la canciller alemana, Angela Merkel, el sábado por la noche, el jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, volvió a ser convocado este domingo por Merkel y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, para leerle la cartilla.

"Nunca perdí un examen en mi vida", dijo un sonriente Berlusconi a la salida del encuentro con Merkel y Sarkozy.

Pero nadie esconde que Italia suscita una preocupación creciente de sus socios europeos que dudan de la capacidad del gobierno de Berlusconi, cada vez más debilitado por los escándalos y las pugnas en el seno de la coalición, para mantener sus finanzas bajo control y temen que el país provoque una crisis grave en la Eurozona.

El descontento coincide con los penosos esfuerzos de la Eurozona para establecer un cortafuegos que evite que pesos pesados como Italia y España puedan contagiarse en esta crisis de la deuda que afecta ya a bancos y socava el crecimiento mundial, mediante el refuerzo de la potencia de fuego del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).