Espejismo peligroso para los emergentes

¿Qué pasaría con Brasil, India e Indonesia si el mundo llegara a sufrir otra sacudida financiera?

Cuando los inversionistas comenzaron a especular sobre una reducción del relajamiento cuantitativo se desató un drama en el valor de algunos activos, como las acciones en Brasil. / Reuters

Si mañana un sacudón financiero golpease a Brasil, India, Indonesia o a cualquier otro mercado emergente, ¿cómo reaccionarían los inversionistas? ¿Se ajustarían los activos de manera dócil, en medio de una explosión de flujos de comercio? ¿O acaso se congelarían los mercados, a medida que se evapora la liquidez?

No es una pregunta académica. A mediados de este año, cuando los inversionistas comenzaron a especular sobre una “desaceleración”, o reducción del relajamiento cuantitativo, sólo una conjetura fue suficiente para desatar un giro dramático en el valor de algunos activos de los mercados emergentes, como las acciones de India y de Brasil. Desde entonces, estos mercados se han más que recuperado. Como los economistas todavía creen que faltan meses para que comience la desaceleración, los inversionistas esperan que esta alza continúe. Pero tras bambalinas, como indicaron los debates privados en la reunión de octubre del Fondo Monetario Internacional (FMI), algunos funcionarios y administradores de fondos están inquietos.

El problema de fondo con los mercados emergentes no es sólo que las reformas se han desacelerado en lugares como Brasil, o que las tasas de crecimiento han sido decepcionantes desde la crisis de 2008. Tampoco es sólo que algunos países con economías emergentes han experimentado entradas espectaculares de capital, y podrían padecer un golpe económico cuando se inviertan.

En cambio la tercera situación, que a menudo es ignorada, tiene que ver con el ecosistema que rodea a estos flujos de capital. A medida que el dinero ha inundado en años recientes a los mercados emergentes, esto ha creado una imagen de liquidez abundante.

Sin embargo, algunos funcionarios temen que esta imagen podría ser peligrosamente ilusoria, pues una de las ironías del sistema financiero de 2013, que generalmente no se percibe, es que ahora puede haber menos elementos para absorber las sacudidas en los mercados antes de 2008. Este factor puede explicar por qué fueron tan dramáticos los giros de este verano en los activos de los mercados emergentes.

El tema clave que se juega, como señaló Mark Carney, el presidente del Banco de Inglaterra es la pregunta de quién hace los mercados en una crisis. Antes de 2007, cuando el mundo de la banca de inversión se expandía a un ritmo frenético, los corredores mantenían una gran cantidad de activos de mercados emergentes en sus balances. No obstante, desde 2008 estos inventarios se han reducido más de 70%, según los estimativos de los bancos centrales. Esto a causa de la introducción de la regla Volcker en Estados Unidos, que restringe las operaciones bursátiles por cuenta propia y aumenta la cantidad de capital que los bancos deben tener para poseer activos riesgosos.

Esto ha debilitado la habilidad de los corredores para proveer liquidez comercial en algunas categorías de activos. Tomemos el ejemplo de la deuda de los mercados emergentes. JPMorgan estima que desde 2008 los inversionistas han acumulado más de US$315.000 millones en títulos. Sin embargo, también estima que los corredores ahora poseen tan sólo 0,5% de acciones vigentes, o menos del equivalente a un día de volúmenes comerciales. Esto quiere decir que no pueden ofrecer mucho “lubricante” comercial si golpea una crisis.

¿Hay alguna solución? Una opción, dicen algunos banqueros, sería reducir algunas de las reformas financieras que se dieron después de 2008 con relación a, por ejemplo, los balances de los bancos. Pero no es probable que esto suceda, pues los supervisores quieren reducir el riesgo que toman los bancos. Así que los funcionarios buscan ideas alternas. Durante una reunión en octubre del Fondo Monetario Internacional (FMI), por ejemplo, Christine Lagarde, la directora del FMI, hizo un llamado para que los países de los mercados emergentes aceleraran las reformas para que sus mercados de capital fueran más maduros. La semana pasada Carney lanzó una idea más radical. Sugirió que los bancos centrales deberían adoptar nuevas medidas para asegurarse de que se mantenga la liquidez en una crisis, al reformar la manera como los bancos emplean los colaterales.

No obstante, aunque la intervención de Carney revela el nivel de inseguridad en torno a este tema, no sólo en relación con los activos de los mercados emergentes, sino también hacia otros títulos, sus ideas en torno a la política económica todavía se hallan en una etapa embrionaria. La historia nos enseña que suele ser corta la memoria sobre el riesgo de liquidez, particularmente cuando hay tanto dinero fácil. O, para decirlo de otra manera, incluso si la Fed ahora aplaza su “desaceleración”, los inversionistas no deberían olvidar los giros del verano. Una advertencia poderosa en muchos niveles.