Esperanza de que se diluya la crisis

Los jóvenes aún confían en que conseguirán un trabajo provechoso. La cuestión es que son 74 millones sin suerte y sin trabajo en todo el mundo.

Mientras el tamaño de la población juvenil aumenta rápido, las plazas laborales caen. Foto: AFP
Mientras el tamaño de la población juvenil aumenta rápido, las plazas laborales caen. Foto: AFP

Para aquellos que nacieron en economías industriales, solía ser que los prospectos de trabajo, vida y felicidad era algo que seguía mejorando. Si usted nació después de 1930, no tuvo que luchar en ninguna guerra mundial. Se podía esperar no sólo una vida más larga, con mejores ingresos y mejor salud que sus padres, sino también una de mejor calidad que la gente unos pocos años más vieja. Eran tales los avances en productividad y estándares de vida, que las recesiones iban y venían, pero la marcha del progreso aún mejoraba la vida de la gente.

Sin embargo, en 1990 sucedió un evento que, para un país, rompió la regla de que la vida sólo estaba mejorando. Fue la explosión de la burbuja financiera e inmobiliaria del Japón. Desde ese momento, la economía japonesa se desaceleró con respecto a su anterior crecimiento trepidante. No podían ofrecerles a sus hijos los empleos y la estabilidad que la generación anterior había tenido.

 Luego de la crisis financiera de los últimos cinco años en las economías avanzadas, Japón ya no parece la excepción a la regla, sino el anuncio de algo peor por venir. Los prospectos de vida y empleo para la generación del cambio de milenio no son lo que solían ser. Los salarios reales han caído en las economías avanzadas y mucho del sufrimiento han debido asumirlo las personas con la menor experiencia. Los ingresos promedio en los Estados Unidos no han aumentado desde hace una generación.

 En el Reino Unido, desde los ricos hasta los pobres, los jóvenes que están entre los 18 y los 33 años han visto la caída más fuerte en los estándares de vida. Por primera vez este grupo está en una situación peor que las familias de hace 60 años.

La generación del cambio de milenio puede tener la tecnología de las comunicaciones que sus padres ni siquiera soñaban; sin embargo, en los países ricos y pobres el mayor problema que enfrentan los jóvenes es encontrar trabajo provechoso.

Si hubiera un síntoma que pone de relieve los problemas económicos de la generación del cambio de milenio, es el desempleo juvenil. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “la situación del mercado laboral sigue siendo particularmente preocupante para la juventud del mundo”. La organización estima que 74 millones de jóvenes están sin trabajo y lo buscan. Es una tasa global de desempleo juvenil de 12,6%. Aunque el total ha aumentado por una modesta y relativa cifra de 3,4 millones desde 2007, muchas más personas jóvenes se han desanimado del mercado laboral y han encontrado otras cosas qué hacer.

El desempleo juvenil durante el mismo período cayó 23 millones, mientras que el tamaño de la población juvenil estaba aumentando.

 Aunque parte del declive en la participación juvenil se dio por el benéfico avance en la educación, la OIT cree que los pobres prospectos están dejando a demasiados de la generación del cambio de milenio sin empleo, educación o entrenamiento. “Muchos jóvenes en varios países corren el riesgo de pasar del desempleo o estar fuera del mercado laboral, a convertirse en no-empleables”, advierte.

En algunos países, la difícil situación de los jóvenes es particularmente perniciosa. En España, donde los trabajadores jóvenes tienen mucha menos seguridad en sus contratos laborales, fueron los primeros en ser despedidos cuando golpeó la recesión, sin importar qué tan hábiles eran, lo que llevó a una tasa de desempleo de más de 50%.

En Gran Bretaña, las agudas alzas en los precios de la vivienda implican que los jóvenes tendrán mucha menor capacidad para obtener la seguridad de una propiedad de lo que era normal para la generación de sus padres.

Y en todas las economías avanzadas, el retiro de la generación del boom de la posguerra está aumentando las tasas de dependencia de los ancianos, y esto recae sobre los hombros de una generación ya atribulada.

 Las cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico insinúan que los costos de la salud y el cuidado a largo plazo aumentarán en promedio entre los países avanzados de 6,2% del ingreso nacional para 2006 a 2010, a un 9,5% para 2060, cuando se retire la generación del cambio de milenio.

 Esta cifra está basada en que el costo de los servicios de salud está contenido de una forma que no lo estuvo en el pasado. Si no, la presión sobre los impuestos será mayor. A lo largo de su vida laboral, las generaciones más jóvenes probablemente estarán enfrentadas a presupuestos públicos más apretados, aumentos en los impuestos y recortes en los servicios públicos.

Su pronóstico está ligado a la suerte de la economía global y de las economías avanzadas. La esperanza debe radicar en que la crisis de los últimos cinco años se disipe y el crecimiento económico recupere un camino más parecido al de la generación anterior.

 Las mejoras en la tecnología y en la productividad deberían permitirles a los jóvenes de hoy vivir mejor y de forma más sana que sus padres, aunque las ganancias probablemente tengan una proporción más baja.

No obstante, si el panorama sigue siendo pobre, con un crecimiento económico débil y que tarde décadas, esta generación podrá decirle a sus padres: “Ustedes nunca lo tuvieron así de bien, y nosotros jamás lo tuvimos”.

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