¿Qué está pasando en el mundo desarrollado?

Tanto en Estados Unidos como en Europa, las autoridades han visto cómo ha aumentado el número de simpatizantes, la violencia y odio en sus acciones.

Michele Bachmann, una de las voceras del estadounidense Tea Party. / AFP
Michele Bachmann, una de las voceras del estadounidense Tea Party. / AFP

En Estados Unidos, en las elecciones legislativas como en las presidenciales de 2010 y 2012 respectivamente, se observó la influencia que el Tea Party ejerció sobre el partido republicano. Aunque ganaron en visibilidad, aumentaron su caudal político y el número de militantes en sus filas, el Tea Party y sus ideas en torno a la inmigración, la reducción del déficit fiscal del gobierno central, el necesario aislamiento estadounidense de los asuntos internacionales para evitar una pérdida de soberanía y autonomía, así como otras en el sentido de limitar el gasto y la influencia del gobierno federal en los asuntos locales, no lograron generar un movimiento masivo de apoyo, que cambiará la dinámica política.

A pesar de lo anterior, diversas instituciones han estado preocupadas por el aumento de grupos de extrema derecha en EE.UU. El Centro para Combatir el Terrorismo, adscrito a la prestigiosa academia militar de West Point, en un informe titulado desafíos desde la frontera: comprendiendo la violencia americana de extrema derecha, señaló que es posible catalogar tres tendencias en los grupos extremistas estadounidenses: los que buscan la supremacía de la raza blanca, los que rechazan la mayor presencia del gobierno federal en los asuntos locales y los grupos fundamentalismos cristianos. El citado informe, señala igualmente que a pesar que ideológicamente es improbable una cooperación entre las mencionadas tendencias para alcanzar sus objetivos, es evidente que las minorías étnicas, los inmigrantes, las decisiones del gobierno central y los grupos de apoyo a homosexuales o pro aborto, se pueden encontrar entre sus víctimas.

Así mismo, un informe del Departamento de Seguridad Nacional de 2010 señala que es difícil encontrar una única causa para el aumento de los grupos extremistas pero se podrían citar las difíciles condiciones socio económicas por las que han tenido que atravesar miles de personas, sumado a que aquellos grupos históricamente han manejado un discurso que alienta, predice y anticipa cataclismos económicos que generarán un gran caos y desorden en los Estados Unidos.

En Europa la situación no es muy diferente. En días pasados, el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso, alertaba sobre el ineludible envolvimiento de los partidos tradicionales para evitar que los movimientos antieuropeos sigan ganando terreno y con ello generen un clima mayor de insatisfacción. Es bien conocido que en países como Francia, la extrema derecha representada en el partido Frente Nacional, en cabeza de Marine Le Pen y anteriormente de su padre Jean Marie, han hecho parte del espectro político francés, rechazando entre otras cuestiones, la participación gala en el euro y el regreso del franco como moneda nacional medidas más fuertes contra la inmigración y los acuerdos internacionales firmados por Francia en el marco de la Unión Europea.

No obstante, en los últimos años en países relativamente ajenos a las dificultades económicas o sociales que afrontan los países del sur de Europa, tales como Finlandia, Suecia y Austria ha habido un progresivo aumento de posiciones radicales, xenófobas y llenas de odio hacía la inmigración, las minorías étnicas y sociales y hacia el papel que desempeñan sus estados en los rescates que se han efectuado a los socios europeos como Portugal, Irlanda, Grecia o España. Una pregunta reiterada que surge en esos países es por qué debemos pagar por los errores de otros o también, dudas en torno a la integración y asimilación de los inmigrantes al interior de la sociedad.

Lo anterior muestra que existe un fuerte sinsabor a ambos lados del atlántico, tal vez producto de la crisis económica, de las altas tasas de desempleo o del inconformismo por las medidas que los políticos han tomado para salir de la crisis, que incluyen, entre otras cuestiones, reducción de beneficios y derechos adquiridos, desmejoramiento de las condiciones laborales y hasta despidos masivos.

Por lo anterior, el fortalecimiento de la extrema derecha y un discurso incendiario que busca refugio en ideas nacionalistas, aislacionistas y hasta revisionistas del estado de bienestar ha tenido eco en diversas partes del mundo desarrollado. Sin embargo, las propuestas de dichos grupos tampoco generan propuestas concretas y realizables, situación que ha sido castigada por el electorado pero que no se puede dejar de observar con detenimiento y atención debido a la acogida que han tenido.

 

*Docente Universidad Externado de Colombia
 

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