Ética, la fuerza para crear empresas sostenibles

Los empresarios deben elegir caminos legales y transparentes para la toma de sus decisiones. Sin embargo, cuando prevalecen los beneficios personales y no los colectivos, es probable que sus actuaciones terminen mal.

La ética es la base de la conducta humana y por igual se aplica en el deporte, la salud, la política o los negocios. / iStock
La ética es la base de la conducta humana y por igual se aplica en el deporte, la salud, la política o los negocios. / iStock

El pasado 29 de junio, el superintendente de Industria y Comercio, Pablo Felipe Robledo, sancionó a tres empresas y a varios de sus directivos por haber incurrido, durante más de una década, en una conducta concertada y coordinada para fijar el precio de los pañales desechables para bebé en el mercado colombiano. Según el alto funcionario, “estas empresas renunciaron a las mínimas consideraciones de comportamiento empresarial, gobierno corporativo y buenas prácticas, violentando su deber institucional, legal y ético”. (Lea: El reto de formar líderes)

Este acto reprochable pone sobre la mesa el deber ser de las organizaciones públicas y privadas en Colombia y la responsabilidad que atañe a sus dirigentes para trabajar con ética. Una palabra que escuchamos constantemente y que desde la academia la definen como la ciencia que estudia la conducta humana, de lo correcto y lo que no. La ética en la corporación es contundente, “ayuda a los dirigentes a tomar decisiones que beneficien a la organización y no el interés personal. Que aleje de sus acciones prácticas antiéticas”, resalta Alejandro Moreno, profesor de Dirección de Personas en Inalde. (Lea: El líder es más potente si es auténtico)

Estas prácticas pueden ser: soborno, la ley del atajo, aumentar la riqueza con dineros que provienen del narcotráfico o simplemente no pagar los salarios adecuados a los colaboradores de las empresas. En este contexto, el empresario olvida la razón de ser de la organización. Juan Carlos Henao, rector de la Universidad Externado, advierte que “las empresas existen para generar valor, crear entornos sostenibles que respeten los derechos de las personas, el medio ambiente y las leyes. Siempre con principios éticos que se multipliquen y eviten la corrupción”.

La ética es la base de la conducta humana y por igual se aplica en el deporte, la salud, la política o los negocios. “Se encarga de estudiar las acciones propias del directivo y ayudarlo a tomar decisiones financieras o de reestructuración”. En tal contexto son vitales la formación y el criterio de los líderes para buscar salidas creativas a los distintos problemas y que las respuestas sean positivas para la organización y la sociedad. Es evidente que en algunos casos hay quienes prefieren el beneficio propio, pero el modelo a seguir es el de aquellos líderes “que entienden la responsabilidad que tienen con la sociedad, actúan de forma correcta y así lo transmiten a sus colaboradores”, como lo señala Fernando Galindo, consultor y experto en ética en la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey en México.

Es cierto que una de las tareas más complejas es lograr que los colaboradores de una empresa acojan como propio el código de ética y con ese principio actúen en pro de la organización, pero también salta a la vista que, para alcanzar esa meta, existe un camino probadamente exitoso: el buen ejemplo. Si un líder transita en la legalidad, es respetuoso y piensa de forma institucional o colectiva, ese legado es el que sus empleados van a transmitir. Pero si es el líder quien pone en marcha prácticas deshonestas, no puede esperar algo diferente de sus colaboradores.

Por eso, “la responsabilidad del directivo es mayor y debe pisar con pies de plomo, analizando todo lo que se decide”, recalca el rector de la Universidad Externado. Se trata de alta gerencia para inspirar, basada en la legalidad o los compromisos con causas que generen bienestar colectivo. “Si uno apuesta por acciones transparentes, negocios justos y propósitos de generar valor, sin duda se crean empresas sostenibles en el tiempo. Pero si abren las puertas a la corrupción, el resultado no puede ser otro que las crisis financieras o los altos costos por sanciones legales”, añade Fernando Galindo.

En el caso del llamado “cartel de los pañales”, existieron prácticas antiéticas, lo que explica las millonarias sanciones a quienes pretendieron obligar a los consumidores colombianos a pagar una porción más alta del valor real de cada producto. “Fijar precios para obtener ganancias de una forma antiética es, en mi opinión, falta de imaginación, creatividad y moral. Debemos apostar por liderazgos éticos y transparentes que transiten por la legalidad y que ejerzan buenas prácticas de gobierno corporativo. Al final, son las bases para avanzar de una forma sostenible”, puntualiza Alejandro Moreno.

 

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