En la fábrica del mundo

A una hora de Hong Kong, en Shenzhen, está el Silicon Valley de Asia, el nuevo epicentro del desarrollo tecnológico.

Más de 140.000 personas, entre ejecutivos, investigadores, desarrolladores, técnicos y demás, trabajan para la firma china Huawei. / Cortesía
Más de 140.000 personas, entre ejecutivos, investigadores, desarrolladores, técnicos y demás, trabajan para la firma china Huawei. / Cortesía

¿Sabe cómo llega internet al computador de su casa? ¿Entiende por qué se puede navegar, subir videos, descargar música, publicar contenidos en la web y, por sencillo que parezca, hacer llamadas desde su teléfono móvil? ¿Conoce la forma en la que puede asistir desde Nueva York a una reunión citada en Bogotá sin necesidad de tomar un vuelo de seis horas y media? La respuesta está en Shenzhen, China, donde se encuentra la casa matriz de Huawei, “la empresa más grande del mundo de la que jamás ha escuchado hablar”, dice el alemán que está entre sus más altos ejecutivos, Roland Sladek, vicepresidente de asuntos internacionales.

Tiene razón. Lo más cercano que un colombiano ha estado a esa marca asiática es a los routers o distribuidores que se usan en la casa para recibir la señal de la televisión por cable y el acceso a la web. Pero no sabe que la red tecnológica de infraestructura necesaria para comunicarse con el teléfono móvil, las antenas que emiten, la fibra que transporta la información, los servidores que la almacenan, los chips e integrados de los smartphones y hasta el software que los hace funcionar, también son de esta gigante número uno en China y que está tan sólo un puesto por debajo de la sueca Ericsson, líder del mercado global de las telecomunicaciones.

Y como en los negocios quienes hablan son las cifras, el “Esfuerzo Chino” (como se traduce Huawei al español) registró ventas por US$35.400 millones en 2012, con una creciente facturación en Europa, Oriente Medio y África que llegó al 35%; del 33% en China, del 17% en Asia Pacífico y el 12% en América, con Colombia como uno de los países más importantes, sobre todo por la sólida inversión en redes LTE, más conocidas como cuarta generación (4G). Una tecnología en la que basa sus gruesas cifras generadas en los 140 mercados en los que tiene presencia, divididos en 14 regiones.

Shenzhen es la casa también de Konka, Skyworth, Tencent, Foxconn y ByD, entre otras grandes de la industria. Es la tierra donde se maquilan los afamados iPhone y iPad, donde se creó una especie de zona franca llamada Zona Económica Especial, que les permitió a los empresarios tener privilegios, por ejemplo, en materia de impuestos.

Parece una gran villa, un club con el césped bien podado. Todos caminan sonrientes, no hay corbata, pero sí bicicletas, tenis y mucho, mucho espacio para descansar. Dicen, con gran razón, que lo suyo no es un trabajo tradicional; lo suyo es la innovación, por eso no se encierran en las casillas tradicionales de un empleo.

Huawei tiene, sólo para su casa matriz, más de 2 millones de metros cuadrados, en los que insertó diez grandes manzanas. Es una pequeña ciudad en sí misma. Allí funcionan todo el esquema directivo, los centros de entrenamiento para sus ingenieros y clientes, la universidad y algunas unidades de investigación y desarrollo, porque las demás (otras 28) están regadas en otros países emergentes y conocidos focos de tecnología internacional.

Es, en resumidas cuentas, enorme. Suma 41.948 patentes en China, ofrece la conectividad para los trenes vía GSM, hace parte de la lista Fortune 500, es el copatrocinador del Atlético de Madrid, donde jugaba Radamel Falcao García, y hasta tomó la decisión de entrar al negocio de los teléfonos inteligentes para competir de tú a tú con los grandes. A corte del último trimestre de 2012, ya era el tercer fabricante mundial detrás de Samsung y de Apple.

“Tenemos 25 años, pero en telecomunicaciones eso es bastante tiempo”, advierte Sladek. “Alcanzamos un crecimiento efectivo de 15% anual, no estamos enlistados en la bolsa y el modelo es de cooperativa, donde los empleados son la junta directiva y las utilidades son repartidas entre todos los trabajadores. El fundador tiene sólo el 1,4% de la compañía”, revela.

A Colombia, uno de los mercados a los que les apuestan desde el año 2000, llegaron con redes para comunicaciones fijas y, por suerte, estuvieron presentes en lo que se llamó la explosión de LTE. Fue como el toque de Midas. La desplegaron y su gran socio fue Une. Hoy tienen un 30% de crecimiento en este tipo de infraestructura, cuenta Bob Cai, vicepresidente de mercadeo en wireless. Y con la autopista abierta para acelerar, en sus ojos está la subasta de 4G, de la que saldrá uno de los negocios más grandes de telecomunicaciones en los que haya estado inmerso el país.

En Shenzhen, la fábrica del mundo, donde se hacen teléfonos celulares, celdas y paneles para capturar energía solar; microchips, software, televisores, carros eléctricos y cuantas otras cosas usted se pueda imaginar, también se hace todo aquello que no ve pero sí tiene a su servicio para poder comunicarse. O mejor, telecomunicarse.

Es la fábrica del mundo, pero no sólo material, también intelectual. “Hacemos lo que necesita la próxima generación de consumidores de tecnología, porque lo que se consume hoy, lo hicimos nosotros”, recuerda Cai, sentado en un salón de junta directiva, pero desde Shanghái, la capital financiera de China y donde también trabajan 10.000 investigadores en lo que mejor saben hacer: innovar.

 

* Artículo posible gracias a la invitación de Huawei.

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