PERSPECTIVAS DE CIUDAD Y ARQUITECTURA

Vivienda de Ingreso Seguro

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La celebrada entrega de subsidios a la Vivienda de Interés Social y su crecimiento puede estar escondiendo beneficios injustificados para quienes no los necesitan. Análisis.

“El 2019 fue el mejor año en toda la historia de nuestro país para la vivienda de interés social”, afirma orgullosamente el ministro Jonathan Malagón en reciente comunicado de prensa. La alegre interpretación del ministro parece basarse exclusivamente en las cifras de unidades vendidas: 120.000 en el año.

Consideramos necesario, sin embargo, preguntarnos “¿mejor para quién?”, pues el número de unidades vendidas poco dice respecto al impacto sobre la calidad de vida de la población a la que va dirigida. Esos subsidios están, además, mal enfocados, pues están llegando a poblaciones que no la necesitan, lo cual constituye tal vez la mejor estrategia para inflar las cifras oficiales. Dos de las modalidades en que esto ocurre es mediante el beneficio tributario de la devolución de IVA a empresas promotoras que construyan vivienda de interés social (VIS), así esta sea adquirida como segunda vivienda, y mediante los nuevos subsidios sin tope de ingresos para el beneficiario, anunciados a finales de mayo.

Hay promotoras inmobiliarias que se han vuelto especialistas en construir VIS de veraneo: apartamentos cuyo precio no supera el tope para VIS, dirigidos a compradores en busca de una inversión o una segunda vivienda.

En Villeta (Cundinamarca), por ejemplo, se ofrece el proyecto Nativa Park, compuesto por 400 apartamentos con área construida de 55 m2, dotados con balcón privado y amplias zonas comunales donde los residentes podrán disfrutar de piscinas, jacuzzi, sauna, turco, gimnasio, circuito saludable y una zona de juegos infantiles.

“¡Es el único proyecto VIS con Club House y todas las ventajas que esto proporciona!”, se lee en otra página donde se promueve este proyecto. Por supuesto que está muy bien que la vivienda económica cuente con todos estos servicios, pero sospechamos que el comprador típico al que apunta la promotora no hace parte de los 25 mil habitantes que tiene la población de Villeta.

Otro proyecto en esa misma ciudad, situada a 800 msnm y con una envidiable temperatura promedio de 25℃ a lo largo del año, se vende a quienes buscan “descansar o tener aventuras”. Proyectos de características similares se encuentran en lugares como Flandes (Tolima). El municipio de Ricaurte (Cundinamarca, 10.000 habitantes) registró 4.664 viviendas VIS en 2018.

Por supuesto, se trata de populares lugares de veraneo para personas de la capital. Y obviamente, la mayoría de los compradores de estos apartamentos los adquieren como segunda vivienda, como inversión o como una combinación de ambas. Y todo esto está dentro de los márgenes de lo que permite la ley (salvo si los compradores hicieran uso de testaferros para poder cobrar los subsidios). No sabemos si todas las promotoras inmobiliarias hayan hecho uso de su derecho a la devolución de IVA. El problema es, sin embargo, que exista legalmente la posibilidad de invertir recursos públicos destinados a la vivienda de interés social en proyectos de vivienda turística.

La falsa vivienda VIS no es una cuestión menor, pues según el DANE actualmente alrededor del 35 % de los metros cuadrados de vivienda nueva son proyectos VIS. A su vez, alrededor de un 35 % de las VIS que tuvieron financiación de entidades financiadoras como bancos fueron adquiridos sin subsidio. Esta última cifra no incluye las unidades vendidas sin subsidio ni financiación, por lo que aún es difícil estimar la verdadera dimensión del problema, pero nos permite afirmar que en mínimo un tercio de la vivienda VIS, o unos 300.000 m2 al año, existe la posibilidad de que el Estado haya subsidiado segundas viviendas por medio de beneficios tributarios a las promotoras.

A finales de mayo, el Gobierno anunció 200.000 nuevos cupos para subsidios de vivienda. La mitad de los cupos están reservados para viviendas que superen el tope para VIS, pero cuesten menos de 500 SMMLV (aproximadamente 438 millones). La medida se explica como un apoyo para familias de clase media; sin embargo, no hay ninguna restricción respecto de los ingresos que puede tener el beneficiario, por lo que no hay que tener mucha imaginación para entender que buena parte de los beneficiarios serán personas “recursivas” que aprovecharán el regalito que les pone el Gobierno en bandeja de plata para comprar esa casa de descanso o ese apartamento de inversión.

Si no fuera el mismo ministro quien anunciara abiertamente la posibilidad de adquirir segundas viviendas, podríamos haber llegado a la conclusión de que se trata de una versión urbana de Agro Ingreso Seguro. La reactivación de la economía y la generación de empleo son importantes, pero no creemos que entregar a modo de subsidio, cuantiosas sumas a las personas de mayores recursos para salvar las empresas del sector de la construcción sea el mejor camino.

Con los nuevos subsidios, el Gobierno pasa de apoyar indirectamente la inversión en segundas viviendas mediante beneficios tributarios a promotoras inmobiliarias, a subsidiarla además directamente con la entrega de recursos a personas que no los necesitan. Una perversa política de Robin Hood a la inversa, que seguro le permitirá al ministro de turno en 2022 o 2023 mostrar unas cifras fantásticas. El comunicado de prensa seguramente omitirá quiénes fueron los beneficiarios de los subsidios.

En próximas entregas denunciaremos más modalidades de falsa VIS y VIP. Si desea contribuir o comentar, envíenos un mensaje a perspectivasdeciudad.arq@gmail.com

* Miembros del grupo de investigación Las formas de la producción en arquitectura.

** Las opiniones acá expresadas son personales y no comprometen a la Universidad de los Andes.

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