“A Fedecafé no va a llegar un superhéroe”: Roberto Vélez

Roberto Vélez, aspirante a la gerencia del gremio, dice que los problemas del sector son estructurales. El foco está en la rentabilidad.

Roberto Vélez, ternado para la gerencia de la Federación de Cafeteros, dice que tendría un diálogo franco con autores de la Misión Cafetera. / Cortesía

Roberto Vélez Vallejo es embajador de Colombia en Japón. Tuvo que maniobrar rápido para tramitar su regreso al país y empezar la gira por los 15 comités cafeteros antes de las votaciones de agosto, en las que se elegirá al nuevo gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, cargo para el que fue ternado. Eso, asegura, lo tomó por sorpresa, pues según él había hojas de vida muy fuertes en el proceso de selección.

A pesar de eso, a este risaraldense se le siente con confianza en su trayectoria, pues trabajó en la Federación desde 1985 en el área comercial, hasta que entre 2002 y 2008 actuó como gerente comercial. Por lo mismo ha dicho que estar fuera del país como embajador no lo hace desconocer la realidad del café.

¿Cuáles son los problemas más grandes que usted llegaría a resolver?

Sigue siendo la baja productividad. Tenemos un parque cafetero, que, gracias al trabajo que se ha hecho en los últimos años, se ha renovado, pero todavía tenemos un problema de producción por hectárea cuando nos comparamos con nuestro pares de Centroamérica, y ni qué decir con Brasil y Vietnam. Hay que sumar que tenemos una caficultura 100% dependiente de una mano de obra que, dada la revaluación del peso, se ha venido encareciendo, dejando unos márgenes muy pequeñitos, si acaso márgenes, para la supervivencia del productor.

Se habla del potencial de producción de Colombia en más de 20 millones de sacos. ¿Cómo poner más café en el mercado con el comportamiento de los precios?

Es un tema de rentabilidad. El ingreso cafetero hoy, quitando los costos, no les deja a los productores un rédito con el que puedan vivir ni medianamente. Claro que Colombia tiene más área para producir, y en zonas muy bonitas. El café puede ser la respuesta a buena parte del posconflicto y la paz. Zonas como Caquetá y Putumayo son perfectamente adecuables. Pero hay que resolver el tema de la rentabilidad.

¿Cómo resolvería la mano de obra costosa?

Hay que tener claro que cuando llegue el gerente no llegará un superhéroe. Si llego yo, o quien llegue, los problemas van a estar ahí, son estructurales y no se resuelven de un día para otro. Hay que trabajar en el largo plazo, en la tecnología misma del café. Necesitamos tener unas cosechas mucho más cortas y concentradas, es decir, que el cafetero pueda pasar menos veces por el árbol para hacer la recolección de su cosecha; eso abarataría mucho la mano de obra, escasa y difícil de conseguir. Tenemos que seguir trabajando para que los cafeteros y los hijos se queden en las tierras y cultiven, hay que darles oportunidades parecidas a lo que encuentran en las ciudades. Hoy están internet y las tecnologías para que el caficultor pueda ser un empresario de su propia finca y no tenga que salir del campo.

¿Cómo haría frente a la volatilidad de precios? Se habla de un fondo de estabilización.

La posibilidad de diseñar un fondo de estabilización siempre es un tema en todos los productos básicos. Eso fue el Fondo Nacional del Café. No hay que olvidar que el café sigue siendo el segundo commodity, bien básico, más costoso en el mundo, después del petróleo. Dada la magnitud de los recursos que se necesitarían para tener un fondo de estabilización que de verdad cumpla con lo que uno quisiera, que se pusiera un precio piso y que de ahí no se moviera gracias a los recursos de ese fondo, no es fácil porque los recursos no están allí. El Gobierno tiene problemas dados los precios del petróleo. Hay que ser creativos, hay otras maneras: la utilización de los mercados de futuros, los consensos internacionales, las oportunidades de hablar con los países productores.

¿Qué considera acertado y desacertado en los resultados de la Misión Cafetera?

Es algo hecho de manera juiciosa, y vale la pena explorarlo porque tiene como 200 recomendaciones. Habrá unas que vale la pena mirar en profundidad, otras que sería bueno discutir con quienes elaboraron las recomendaciones. Hay que hacer un diálogo franco. Me parece que nos ha faltado sentarnos y discutir a fondo los puntos en donde estamos de acuerdo y en desacuerdo. Estamos de acuerdo en que a esto hay que darle un revolcón, la institución cafetera tiene que mutar hacia algo que responda a las necesidades del siglo XXI, a las disponibilidades de ingreso.

¿Cree que Colombia debería ampliar el espectro del café que exporta?

Colombia tiene un problema clarísimo de rentabilidad del negocio cafetero. Ese problema está dado por el ingreso del productor y los costos de la actual producción. Si se cultiva robusta o no, si se adecúan tierras de los Llanos para exportar 5 o 10 millones de sacos de robusta, no cambia nada la cara de la crisis que enfrentan los cafeteros hoy. Es un tema empresarial. Si los empresarios deciden que se quieren meter a sembrar hectáreas de robusta en la costa norte, en los Llanos, y mecanizarlo, es una opción de negocio, pero eso en nada cambia el problema que tenemos.

Hablaba de posconflicto. ¿Qué ofrecería en concreto en ese escenario a quienes se reintegren y sustituyan cultivos?

Dado el tamaño del sector, la importancia de la caficultura en el empleo rural, no resulta trabajoso imaginar que el papel del gremio cafetero en el posconflicto es preponderante: tener nuevas áreas disponibles una vez estemos en paz, poder ofrecer a esas comunidades que no tienen un ingreso claro un producto que tenga las facilidades de comercialización como el café, poder ofrecerles un producto que dé sustento y que se vuelva el eje de esas economías que están tan resquebrajadas. El gremio cafetero y la Federación tienen mucho que aportar al esfuerzo que está haciendo el Gobierno.