Floricultura, más que San Valentín

Consolidarse en los 90 mercados a los que llegan y mejorar el consumo local están entre las aspiraciones de los productores de flores.

Los productores de flores esperan la fiesta que representa el 12% de las ventas del año, según Augusto Solano, presidente del gremio. / Pamela Aristizábal

En los países que celebran el Día de San Valentín, el 14 de febrero, con seguridad hay desde ya muchos enamorados pensando qué regalarán y qué recibirán de su pareja. En Colombia, los que están expectantes son los floricultores, pues su producto, que representa el 3% del PIB agrícola, es uno de los obsequios por excelencia durante esta fecha. Lo que se venda ahora es por lo general el 12% de los negocios de todo el año.

La agremiación que reúne el 65% del valor de la exportación del país, la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), prevé que los US$1.335 millones que dejó el comercio exterior de flores en 2013 crecerán entre 2 y 3% en el balance final de 2014 y 5% en 2015, por una tasa de cambio favorable. Lo importante, sin embargo, es que el dólar alto que se ha visto en lo corrido de este año se mantenga hasta mediados y finales de marzo, cuando los productores recibirán el dinero.

Augusto Solano, presidente de Asocolflores, contó en entrevista con El Espectador cuáles son las principales inquietudes y oportunidades del sector de cara a la fiesta de los enamorados, que, por demás, puede que no sea tan próspera como en otras ocasiones. San Valentín este año ocurrirá un sábado. “Los mejores días son entre semana porque se pueden mandar flores a las oficinas, a las damas”, cuenta Solano.

El duro invierno que se ha visto en Estados Unidos, el destino al que va el 75% de nuestras flores, es una de las variables que pueden echar a perder los pedidos que salen de Colombia a ese país en cerca de 30 aviones al día. Pero, más allá del 14 de febrero, dice Solano que acuerdos como el tratado de libre comercio con Corea generan mucha expectativa en la floricultura.

Colombia ha visto la necesidad de diversificar los mercados para no depender de fiestas ocasionales o de la situación climática o económica de los países de destino. Julio y agosto, por ejemplo, son los meses más difíciles, porque, debido al verano, Estados Unidos y Europa tienen condiciones para producir flores a cielo abierto y a un bajo costo.

La producción nacional está llegando, a pesar de la distancia, a Australia y Japón y ha empezado a explorar mercados como el de India, donde, por tradición, hay mucha demanda de flores para las bodas. Sin embargo, importar nuestro producto estrella, las rosas, está prohibido en ese país.

En el caso de Corea, “es un mercado pequeño, pero donde podemos llegar a tener una posición importante, especialmente aquellos que producen hortensias. Hay una gran producción de hortensias de pequeños productores en el oriente antioqueño, y resulta que en Corea es la flor preferida para los matrimonios”.

En este punto, para protegerse de situaciones como la crisis económica en Rusia, el segundo destino de las flores colombianas, parece que el desafío dejó de ser aterrizar en nuevos mercados. “Cuando uno llega a 90 países, el problema no es llegar a nuevos países, sino cómo fortalecerse, vender mejor y consolidarse. Al atomizarse tanto se pierde eficiencia en la logística”.

El reto también es la casa. “Por lo pequeño que es, el mercado local no ha tenido mucha atención y creemos que debemos hacer más por él”. El consumo de flores per cápita en países como Suiza o Noruega puede ser del orden de 150 euros. En Colombia, apenas llega a los cinco euros. “Este es un producto que va al ingreso disponible. No es de primera necesidad. La gente lo compra cuando ha cubierto otras necesidades”. Por eso, en ocasiones como San Valentín, la competencia son vinos, chocolates, perfumes, joyas o ropa interior.

Respecto a otros países, “competimos con uno que lleva 400 años en esto: Holanda, y con otros que vienen creciendo, como Kenia, que tiene una mano de obra muy barata, unos US$2 o US$3 diarios”. La floricultura genera en Colombia alrededor de 10.000 empleos en la temporada previa a San Valentín, y en general cerca de 15 puestos de trabajo por hectárea, mientras que en otros sectores agrícolas el promedio puede ser uno o dos. “La mayoría de costos son salarios, nómina. Hay más de US$500 millones o US$600 millones que son salario”.

Pero, a pesar de la formalidad laboral que, dice Solano, ofrece esta actividad, cada vez son menos las personas que se quieren emplear en este oficio. Para motivar a las mujeres, que son cerca del 60% de la mano de obra, Asocolflores ha desplegado programas de hogares infantiles para atender a los hijos de entre tres meses y cinco años de edad. “Si no tienen cómo atenderlos, no pueden ir a trabajar”. La asociación ha tratado también de asumir un papel en la resolución de conflictos, un programa “que tiene mucho que ver con la violencia familiar que se generó por la independencia económica de las mujeres”.

Según el presidente de Asocolflores, la floricultura recibe 2015 aún con necesidades de cobertura de productos financieros. “No hemos podido conseguir el seguro de cosecha, climático, para las flores, y el Gobierno tampoco lo está ofreciendo”. En cuanto a acceso a crédito, el papel lo ha asumido la banca privada.

Solano define la colombiana como una floricultura sana, pero lejos de los años de oro, los primeros, hace 50 a 30 años. A pesar de los nuevos mercados, de los avances en tecnificación y de que la reciente no fue una dura temporada de heladas, “este es un momento menos peor”.

 

 

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