Fórmula para la prosperidad

Publicación del Banco Mundial reconoce los avances de Colombia en la reducción de la pobreza. Respalda una reforma tributaria de fondo para generar redistribución más justa.

La meta en el nuevo Plan de Desarrollo es que 3 millones de personas salgan de la pobreza. Archivo
Durante el último encuentro del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, en enero de este año, expertos en la economía latinoamericana del más alto nivel discutieron sobre lo que pasa con las cuentas de la región. La conclusión de la mesa, en la que se encontraban, entre otros, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), y el economista venezolano Moisés Naím, fue por supuesto que la fiesta de las materias primas se acabó y que los gobiernos tendrán que responderle a una población que, cansada de la flacidez institucional, no aguantará los mismos niveles de corrupción cuando se tiene menos plata en los bolsillos.
 
La “fiesta” de la que hablaban la ambientaron el crecimiento en las exportaciones de la región del orden del 23% en 2011 y la reducción de los niveles de pobreza y pobreza extrema de más de 40 y 20%, respectivamente en 2001, a menos de 30 y 12% en los 10 años siguientes. Pero hoy, según la Cepal, las exportaciones están creciendo a cerca del 0,8% y la reducción de la pobreza e indigencia se estancó en la mayoría de los países de América Latina. Si la meta, trazada por el Banco Mundial, sigue siendo que en 2030 haya 3% o menos de pobres extremos en la región, sin duda, hay que ser estratégicos.
 
El Banco Mundial se dio a la tarea de detectar en la publicación “Prosperidad compartida y erradicación de la pobreza en América Latina y el Caribe” qué fue lo que erigió el buen comportamiento de los últimos años y qué hay que hacer para mantenerlo. De acuerdo con los autores, lo clave en el esfuerzo para no echar a perder los avances son unas políticas fiscales equitativas, eficientes y sostenibles; instituciones transparentes y que hagan justa distribución de los servicios; un ambiente que propicie mercados que funcionen y un adecuado manejo del riesgo, tanto a nivel macro como en los hogares.
 
Sobre Colombia, destaca el documento que el promedio del crecimiento del Producto Interno Bruto del país estuvo un punto porcentual por encima de la media regional, con 3,3% entre 2002 y 2013. Reconoce, además, que el aumento de las transferencias monetarias condicionadas, como las del programa Más Familias en Acción, ha tenido que ver con la reducción de los niveles de pobreza, que pasó de ser la mitad de la población en 2002 a 28%, según los resultados entregados por el DANE al cierre de 2014. La economía vigorosa y las transferencias permitieron en general que los colombianos aumentaran sus ingresos, no obstante, la tasa de pobreza sigue siendo alta.
 
Es preocupante que los autores citan entre sus hallazgos que la ineficiencia redistributiva de la política fiscal en el período 2002-2012 se debió a que, si bien se amplió la cobertura de Familias en Acción y Colombia Mayor, el 37,8% de los recursos se les dieron a personas que no eran consideradas pobres. Además afirman en todo caso que la reducción de la pobreza se debió en gran parte, al igual que en la mayoría de la región, a los cambios positivos en el mercado laboral. No obstante, si bien ha disminuido la tasa de desempleo, sigue siendo elevada —9,1% para 2014— y entre los pobres alcanza en promedio más del 19%.
 
La meta del Departamento Nacional de Planeación (DNP) con el recién aprobado Plan Nacional de Desarrollo no es muy ambiciosa con respecto a los resultados alcanzados durante el primer cuatrienio de Juan Manuel Santos. Entre 2010 y 2014 se encontró que 3,6 millones de personas superaron la pobreza y cerca de 2 millones la pobreza extrema. El plan ahora es sacar de esa condición a 3 millones y 2,2 millones, respectivamente. La cobertura de Más Familias en Acción, sin embargo, se mantiene en 2,7 millones de familias.
 
“Tenemos un reto importante frente a las cifras de crecimiento económico que se presentan”, dijo a El Espectador Tatyana Orozco, directora del Departamento de Prosperidad Social (DPS), en marzo pasado, cuando el DANE publicó las cifras de pobreza para 2014, cuando aún el Banco de la República no había recortado sus pronósticos de crecimiento económico para el país de 3,6 a 3,2% para 2015. 
 
Según las mediciones del DNP, 90% de la reducción en la pobreza es producto del buen desempeño económico. No en vano, un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), dirigido por el exdirector del DNP Hernando José Gómez, dijo a finales del año pasado que, en el peor de los casos, una descolgada del precio del barril de petróleo a menos de US$60 —factor que se cumplió ampliamente— y una reducción a cero de la inversión extranjera directa en el país ocasionaría un retroceso de seis años en la lucha contra la pobreza.
 
Dijo la directora del DPS que donde hay más retos es en el sector rural, donde se están haciendo intervenciones integrales por regiones. Ejemplo de esto es la que se adelanta en la Alta Guajira para la seguridad alimentaria, con la construcción de pozos y sistemas de riego para las comunidades. Con el fin de asegurar el empleo, según ella, se busca incluir una cláusula en los contratos con el Estado para que los proveedores contraten población vulnerable.
 
Para Aida Pesquera, directora de Oxfam Colombia, la prioridad, en un escenario empedrado para la economía, debe ser “asegurar que los niveles de inversión social no se reduzcan”. Además de la creación de empleo sostenible, debe haber también cambios estructurales: “No sólo subsidios sino políticas, como crédito barato, acceso a tierra, asistencia técnica y que haya toda una institucionalidad que lo rodee”. Si no se dan esas soluciones, una vez se termine el subsidio, es difícil mantenerse por fuera de la pobreza. Según el PNUD, 200 millones de latinoamericanos, el 40%, están en riesgo de caer en la pobreza.
 
En el país, dijo el estudio del Banco Mundial, la reforma tributaria de 2012 tuvo una visión para generar más empleo formal, pero con el tiempo el impacto en la desigualdad será leve. Se necesita, según los autores, en línea con las recomendaciones de la OCDE, una reforma fiscal más profunda, con transferencias sociales “más generosas y efectivas”. El presidente Santos dijo la semana pasada que no impulsará en el corto plazo dicha reforma.
 
Las recomendaciones del Banco Mundial, por supuesto, apuntaron a mejorar la calidad en la educación, y mencionan los deficientes resultados de las pruebas Pisa. Concluye el documento que no sólo se deben dirigir esfuerzos a reducir la pobreza, sino proteger a la población vulnerable, a la que pertenece uno de cada tres hogares en Colombia.

 

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