¿Ganancias sindicales con el TLC?

Tras cinco años de negociaciones, ‘lobby’, súplicas y encuentros políticos con promesas cumplidas, no sólo resultaron ganadores los que buscan el libre comercio. Los sindicatos y sus derechos también lograron puntos a su favor.

“No queremos estos tratados de mierda”. Frente a cerca de 200 trabajadores reunidos en la calle contigua al Congreso de EE.UU., Leo Gerard, el curtido presidente de los United Steel Workers (USW), el sindicato industrial más grande de Norteamérica, quemaba sus últimas cartas en una manifestación para frenar la aprobación de los tratados de libre comercio con Colombia, Corea y Panamá. Sin embargo, al día siguiente, el pasado miércoles, en el Comité de Medios y Arbitrios el acuerdo comercial (para el caso colombiano) pasó su primera prueba y fue enviado para votación en la plenaria de la Cámara, el hito más significativo en esta larga negociación.

El TLC con Colombia avanzó con 24 votos a favor y 12 en contra. A pesar de que la derrota parece abultada (no lo es tanto si se considera que el de Panamá pasó 33 contra 3), detrás de esos 12 votos demócratas está la historia de una paradójica victoria del movimiento sindical en Colombia.

Perder un poco es ganar bastante
Hoy, cuando parece inevitable que el TLC sea aprobado finalmente por el Congreso, los USW reconocen que detrás del fracaso para detener los tratados hay una gran victoria del sindicalismo. Incluso Tarsicio Mora, el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la unidad obrera que no se ha dejado enamorar del gobierno, acepta algún avance. Dice que el TLC tuvo “mucha incidencia política en Colombia” y con ella vino “un reconocimiento a la gravedad de la situación de DD.HH.” de su gente en el país.

Para Dan Kovalik, el abogado de los USW que más conoce a Colombia, y que ha llevado varios casos en contra de violaciones sindicales de la Drummond y Chiquita Brands a cortes de Estados Unidos, “lo que el debate del TLC les dio a los sindicalistas en Colombia fue más que una victoria. Además de negárselo a Uribe, les dio tiempo para poner de relieve, a un alto nivel, la grave situación de derechos humanos”.

Los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, y el sector mayoritario de los republicanos, argumentan que la situación ha mejorado más que en sólo atención internacional. Kevin Brady, congresista republicano de Tejas, sostiene que sí ha habido “avances significativos para los trabajadores en Colombia”.

En los gobiernos de Uribe y de Santos les dan la razón. Por ejemplo, la llamada ley de huelgas, aprobada en Colombia en 2008, le quitó al gobierno la facultad de declarar legales o ilegales los paros y la puso en manos de los jueces. Otra victoria importante fue la modificación de los estándares laborales dentro del mismo tratado, una medida inusual luego de que ya había sido votado en Colombia.

Sin embargo, durante el gobierno de Santos es más difícil calificar si las medidas tomadas que han caído bien para el paso del TLC vinieron por presión de afuera o por iniciativa del mismo gobierno que, desde adentro, con Angelino Garzón por ejemplo, ponía una agenda propia de apoyo a los trabajadores.

De todas maneras, el Plan de Acción, firmado entre Santos y Obama en abril, pone metas claras sobre el papel para avances concretos: penas más duras para asesinatos contra sindicalistas, más protección para los amenazados, aumento en el número de inspectores laborales, y cuentas claras por aporte de la fiscalía sobre el avance de procesos de asesinatos a trabajadores, entre otros. De los nueve puntos, el gobierno ya cumplió siete, según reconoció la Oficina de Comercio de la Casa Blanca.

Para los demócratas y los sindicatos, sin embargo, no se ha tocado la cuestión fundamental. Sanders Levin, un veterano congresista de 81 años, dice que el récord de Colombia en términos de asesinatos a trabajadores sigue siendo inaceptable. Su voto en la Comisión de Medios y Arbitrios fue negativo, y a la salida de la sesión donde fue derrotado, respondió por qué a pesar de los avances se sigue oponiendo: “Mire, me he reunido con la fiscal (Viviane Morales) tres veces y ella dice que quiere hacer las cosas de una manera distinta. Yo le creo, pero tiene que haber resultados y mecanismos para exigirlos”.

Una cifra impune
En Colombia nadie ha podido determinar con toda seguridad cuántas personas han sido asesinados por ser sindicalistas. La Escuela Nacional Sindical maneja unas cifras y el gobierno otras. Por ejemplo, según los primeros, en 2010 fueron asesinados 52 miembros, mientras en las cuentas del gobierno fueron 37. La verdad está oculta entre la impunidad que cubre la mayoría de los 2.832 homicidios que según la Confederación Sindical Internacional se dieron en Colombia entre 1986 y 2010.

Hasta que un juez determine los móviles y los culpables de un homicidio, es imposible establecer con seguridad si puede ser dentro de la lista. Esto les da argumentos a ambos lados para mantenerse en sus esquinas sobre los avances o retrocesos reales en la lucha frente a la violencia contra los sindicalistasl. Es un hecho que hay un problema, lo que se disputa es si ese problema se puede empezar a poner en el pasado.

¿Que harán los sindicalistas sin el debate del TLC en EE.UU.?
La ironía de que el TLC haya servido para mejorar la situación de los trabajadores es que se logró por su lobby en EEUU. Además del comentario sobre la dificultad que tiene este sector para influir directamente en los círculos de poder colombiano, con la posible aprobación del TLC surge la pregunta de qué pasará en el futuro sin la tribuna de alto nivel en el Congreso de EE.UU.

Para Dan Kovalik, el abogado de los USW, “en el fondo de la insistencia en el tema de Colombia, hay un fundamento moral que va más allá de la oposición al libre comercio. Por eso quiero que todos los trabajadores sepan que la lucha no ha acabado, que la solidaridad sindical continuará hasta que no haya más asesinatos”.

Sin embargo, como resalta el representante Levin, una vez el TLC sea aprobado no habrá una manera de que los congresistas puedan exigir el cumplimiento de metas en Colombia. Quedará en manos de las relaciones entre los dos gobiernos, en la que la exitosa táctica de lobby sindical, basada en presión sobre congresistas, no funciona.

Con todo, al final de estos cinco años de TLC, los sindicalistas se pueden arrogar otro récord menos infame que el que en retrospectiva tanto les sirvió en el Congreso de EE.UU. (el país más peligroso del mundo para sindicalistas). El TLC con Colombia, que seguramente será aprobado en las próximas semanas, será, según aceptan buena parte de los demócratas y todos los republicanos, el acuerdo comercial con los estándares más altos de derechos a los trabajadores que ha firmado EE.UU.

El acuerdo sería aprobado esta semana
El miércoles será definitivo para el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, día en el que será votado por el Congreso del país del norte, tras ser discutido por la Comisión de Finanzas del Senado.

Si todo sale como se espera, tras cinco años de trámite, el acuerdo comercial entraría por fin en su fase final, comenzaría el trámite de sanción presidencial y su posterior proceso de implementación (que podría tardar entre 8 y 12 meses mientras se hace el intercambio de instrumentos de ratificación de cada uno de los países). De esta forma sólo quedarían pendientes los ajustes normativos tendientes a garantizar que el TLC sea compatible con el ordenamiento jurídico.

A esto hay que sumarle 60 días, tiempo que por ley deben tomarse los dos países antes de que finalmente el Tratado entre literalmente en vigencia y las puertas comerciales de los dos mercados queden abiertas.

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