Grupo vasco Fagor al borde de la suspensión de pago

Fagor anunció que su filial polaca Fagor Mastercook presentó una suspensión de pagos.

El fabricante de electrodomésticos Fagor, empresa emblemática de la economía del País Vasco, ha dado un paso más hacia la suspensión de pagos este jueves, causando preocupación en esta región donde estarían amenazados 4.000 empleos, pero también en Francia o Polonia, donde el grupo tiene fábricas.

La noticia cayó como una bomba el miércoles: la potente cooperativa Mondragón, instalada desde hace 60 años en el corazón del País Vasco, en el norte de España, donde emplea a 35.000 personas y más de 80.000 en el mundo, renunciaba a reflotar Fagor, su principal empresa asfixiada por una deuda de 800 millones de euros.

Simultáneamente, Fagor anunció el jueves que su filial polaca Fagor Mastercook, que emplea a 1.400 personas en Wroclaw, presentó una suspensión de pagos, en lo que podría ser un probable primer paso hacia la suspensión de pagos del grupo, que cuenta con 5.700 empleados en el mundo.

"Si nada cambia, si no hay cambios respecto a la decisión de la Corporación (Mondragón), la compañía tendría que entrar en concurso de acreedores (suspensión de pagos, ndlr), no sé si dentro de una semana o dos, pero sería a corto plazo", dijo este jueves una fuente de la empresa.

Así, el grupo, quinto fabricante europeo de electrodomésticos, que entró el 16 de octubre en "pre-concurso de acreedores", se prepara para una suspensión de pagos inminente, sin esperar a los cuatro meses que le concede la ley española para encontrar financiación.

Miles de personas se manifestaron este jueves en Mondragón, la localidad vasca donde se encuentra la sede del grupo, para pedir una solución para los trabajadores.

Encabezados por una gran pancarta en la que se podía leer "En favor del futuro" en vasco, los manifestantes partieron desde el barrio de San Andrés, donde se encuentra una planta de Fagor hasta el centro de la localidad.

Ya la víspera, Fagor había advertido que podría parar su actividad de manera "inminente", con consecuencias dramáticas: 4.000 empleos directos e indirectors amenazados en el País Vasco y probables repercusiones en cadena sobre "empresas y cooperativas del entorno que podrían ver cuestionada su supervivencia".

El grupo, enfrentado a una caída de ventas, con una cifra de negocio que bajó un 19% hasta los 491 millones de euros, en el primer semestre 2013, cree que una ayuda de 170 millones de euros sería suficiente para evitar la debacle.

Sin embargo, la Corporación Mondragón consideró el miércoles que "los recursos financieros que demanda no servirían para garantizar su futuro empresarial".

El gobierno vasco mostró este jueves su intención de "apoyar cualquier solución alternativa que contribuya a minimizar el impacto social y económico de esta situación".

Pero, "el foco principal es Mondragón", destacan desde Fagor, afirmando que "desde el gobierno vasco no se prevee que haya financiación sino apoyo al grupo".

El golpe es duro para esta región que es una excepción en un paisaje económico devastado, con un tasa de paro del 15,84%, la más baja de las regiones españolas, frente a una media nacional del 25,98%.

Fagor emplea a 2.000 personas en el País Vasco y cuenta con 13 factorías en cinco países: España, Francia, Polonia, Marruecos y China.

La noticia también provocó preocupación en Francia, donde las dos fábricas de La Roche-sur-Yon y Aizenay, en el oeste, emplean a centenares de personas.

"Frente a esta catástrofe industrial anunciada, el gobierno no puede quedarse quieto. Debe reaccionar urgentemente para encontrar soluciones que permitan atenuar este golpe económico y social", escribió el presidente del consejo general de Vendée, Bruno Retailleau.

En Polonia, los empleados de Wroclaw confían en encontrar una salida. "Mantenemos la esperanza de una solución positiva a esta situación que parece, no obstante, muy difícil", declaró Tadeusz Wojtczak, jefe del sindicato OPZZ en la fábrica.

Pero, más allá de la dificultades de Fagor, es todo el modelo de Mondragón el que está en cuestión.

Nacida en los años 50 por iniciativa de un sacerdote, que quería dar trabajo a los obreros de esta localidad, la cooperativa se convirtió en un conglomerado implantado en una veintena de países, cubriendo una amplia gama de productos que van desde electrodomésticos hasta piezas para coches o maquinaria industrial, pasando por material deportivo.

La mayor parte de la actividad se mantiene en España, gracias principalmente a su modelo cooperativista: la mayoría de los empleados son socios en las diferentes sociedades, eligen a sus dirigentes en asambleas y deciden las principales orientaciones de la empresa, como por ejemplo, los salarios, permitiendo respuestas flexibles a la crisis.

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