La hora del Valle del Cauca

La conformación de la alianza del pacífico y su cercanía con el puerto de Buenaventura están convirtiendo al departamento en un nuevo polo de desarrollo económico. pero ese potencial depende de inversiones en infraestructura, logística y, ante todo, en innovación.

En 2013, con una inversión de US$35 millones, la cadena Marriot abrió su nuevo hotel en Cali generando 160 empleos. / Cortesía

Después del discurso y los aplausos, las máquinas comenzaron a funcionar. Como los telares del siglo XIX, una rueda fue envolviendo y entrelazando varias fibras de colores formando un cable que más tarde fue sometido a una prueba de luz. De pasar el examen será forrado, revisado, enrollado y enviado, en principio, a varios puntos del país para conectar a internet a grandes urbes, ciudades intermedias y pueblos apartados. Eso sin contar los lotes que se exportarán.

Aquel proceso —al menos en su primera parte– fue inspeccionado de cerca por la crema y nata de la sociedad vallecaucana, que hace dos semanas acudió a Palmira a la inauguración de la primera planta en el país de la multinacional japonesa Furukawa Electric Group. También estuvo presente Diego Molano, ministro de Tecnologías de la Información y la Comunicaciones, quien aseguró que buena parte de la producción de ese cable de fibra óptica le permitirá al país fortalecer su industria de contenidos digitales, conectar a los estratos bajos y escuelas públicas a internet, generar nuevas plazas de empleo... En síntesis, crear riqueza.

Quienes más creen en ese futuro son los propios ejecutivos de la multinacional. Con 40 años de presencia en América Latina con su planta en Brasil, le apuestan hoy fuertemente a la Región Andina, cuyos países, tras varios años de crecimiento económico notable, están haciendo grandes inversiones en telecomunicaciones. “Tenemos un market share muy grande en Brasil, de cerca del 50% con nuestros productos cableados y estructurados, y en el Cono Sur es del orden del 25%. Pero aquí es muy bajo: 5%. La mejor posibilidad para crecer es ser locales”, comenta Foad Shaikhzadeh, presidente de Furukawa, quien explica que tras una cuidadosa revisión de los lugares más pertinentes para instalar su nueva fábrica, el conglomerado se decidió por el Valle del Cauca: “Hay buenas universidades, buena demanda local, interés en la tecnología de las comunicaciones y la logística está creciendo cada vez más”.

Aquella decisión comenzó a tomarse a finales de 2012. Tan pronto se enteraron del interés de los ejecutivos japoneses en explorar oportunidades en el país, Proexport e Invest Pacific, la agencia de promoción de inversiones del departamento, los proveyeron de toda la información posible para facilitar su llegada. Un paso que demostraría ser clave, pues Furukawa buscaba un lugar estratégico con salida al océano Pacífico para surtir a sus clientes en la Costa Oeste de Estados Unidos, México, Perú, Ecuador y buena parte de Chile. Después de seis meses de intensos estudios, se decidieron por Palmira, donde hoy se levanta una enorme instalación que genera 25 empleos directos y 200 indirectos, que espera producir 10.000 kilómetros de cable y en la que se invirtieron US$5 millones.

“Es un ícono para nosotros que Furukawa venga y reconozca que somos una plataforma interesante para la región del Asia-Pacífico y las compañías que quieren traer sus productos y exportarlos a América”, comenta María Eugenia Lloreda, directora ejecutiva de Invest Pacific, quien añade que ese interés se ha intensificado con la conformación de la Alianza del Pacífico, el bloque comercial que integra a México, Perú, Chile y Colombia (se espera la unión de Costa Rica para 2015), una economía que representa el 36% del PIB regional y busca convertirse en un nuevo eje de desarrollo aprovechando el océano como autopista para llegar a mercados de alto poder adquisitivo, como el sudeste asiático. O de amplio dinamismo, como África.

De allí que, al igual que los japoneses, inversionistas de otros países analicen instalarse en Cali y en el Valle del Cauca, que busca aprovechar su cercanía al puerto de Buenaventura, la principal salida al Pacífico, para transformarse en un nuevo polo económico. “El interés más fuerte es de empresas brasileñas que ven en la Alianza del Pacífico un mercado ampliado interesante”, dice Lloreda.

Ese potencial fue descrito por el diario británico The Financial Times que, tras analizar 237 provincias y estados de Suramérica, ubicó el Valle del Cauca en la tercera posición de destinos más atractivos para la inversión. De acuerdo a Proexport, en los últimos tres años se instalaron en el departamento 14 firmas en los sectores de servicios, manufacturas y comunicaciones. Entre ellos se destacan la cadena hotelera estadounidense Marriot; la británica Unilever, que abrió una planta para producir detergentes; la firma española Avanza, especializada en BPO; o la mexicana City Express, que administra hoteles. Ellas han dejado inversiones en el departamento por US$732 millones y se espera que generen 2.400 puestos de trabajo.

Esta tendencia está fortaleciendo la economía local. Según cifras de la Cámara de Comercio de Cali, el Valle del Cauca captó $19,6 billones en el primer trimestre, convirtiéndose en el tercer departamento que más aportó al ahorro nacional; la región también registró un crecimiento de 17% en la colocación de crédito, el indicador más alto en el país durante ese periodo.

Claro que esa dinámica primero debe superar un reto de una alta importancia para el futuro de la región. “Hay que continuar con el desarrollo de la infraestructura en Buenaventura y la conectividad con el resto del país. No es posible que exista una aceleración de las relaciones comerciales con el Pacífico sin cumplir primero con este objetivo”, advierte Julio César Alonso, director del Centro de Investigación en Economía y Finanzas de la Universidad Icesi, de Cali. Su advertencia es compartida por el Foro Económico Mundial, que cataloga la débil oferta de infraestructura como el segundo factor más problemático a la hora de hacer negocios en Colombia.

Otro gran desafío a largo plazo reside en reinventar el aparato productivo del departamento. “Debe ser competitivo y debe innovar. El desarrollo de nuevos productos, de nuevas formas de producción, es imperativo para la región. Ahí las universidades y centros de investigación de la región juegan un papel muy importante”, agrega Alonso, quien proyecta el curso natural que las industrias deberían seguir: “Se debería esperar en unos años un despegue de Buenaventura similar al de Barranquilla. No obstante, dadas las características geográficas, la cercanía al puerto y la infraestructura, debería esperarse una actividad industrial menos focalizada y más propagada por todo el Valle”.

Lloreda comparte una visión similar: “Una de las razones para instalarse aquí es la cercanía con el mercado interno: la distancia reducida a Medellín y Bogotá, que en conjunto representan el 66% del consumo doméstico, nos convierte en un sitio clave para atenderlo y, al mismo tiempo, para exportar. Además, aquí se puede adquirir un terreno por la mitad del precio de la capital. Por eso vemos un Valle del Cauca manufacturero, donde todo el eje del río Cauca se llene de plantas de producción y empresas agroindustriales, y una Cali dedicada a los servicios: excelencia clínica, BPO, tecnologías de información y hotelería”.

Ese futuro no está tan lejano y eso lo han comprendido las empresas que han elegido el departamento como su lugar de inversión. Como el punto donde atenderán nuevos mercados. De eso da fe Shaikhzadeh: “Sabemos que la infraestructura no es perfecta y que hay muchos proyectos en construcción, pero van por la dirección correcta. Los japoneses tienen la característica de planear a largo plazo. Furukawa es una compañía de 130 años, por eso no pensamos en trienios sino en décadas, siglos”.