La ilusión de la riqueza

Desde hace 30 años Ibagué, Tolima, es testigo del nacimiento constante de las monedas que diariamente circulan entre las manos y los bolsillos de los colombianos. ¿Cómo se hacen?

Es difícil calcular cuánto se tarda un metal en convertirse en moneda y, más complejo aún, determinar cuánto tiempo hay entre su salida de la bóveda de almacenamiento del Banco de la República y su utilización para pasajes del bus, llamadas desde teléfonos públicos o apuestas en las máquinas tragamonedas. Entre 30 y 45 días podría tardar el proceso que les da vida a las figuras que representan los valores de 50, 100, 200, 500 y 1.000 pesos, si la fabricación fuera continua. Sin embargo, ésta depende de la demanda que hay por las denominaciones, lo que muchas veces causa altos en una producción para empezar a crear piezas del valor pedido. Lo mismo sucede con la liberación de las monedas para la circulación, que pueden quedarse un mes o un par de días, de acuerdo con el nivel de necesidades del público. Un enigma. Una fórmula por descifrar.

Casi a 1.400 grados centígrados se funden los metales importados y reciclados que llegan a la Fábrica de Monedas del Banco de la República. Unos trozos de cobre, níquel, cinc y aluminio que viajaron desde lugares lejanos hasta Ibagué, para convertirse en ranas, osos, tortugas, guacamayas o frailejones. Pero no son pequeños monumentos. Son los labrados de las nuevas monedas que desde hace 15 días están circulando por toda Colombia. Allí, en la tierra de la música, está la sede desde hace 30 años, por su cercanía al puerto de Buenaventura, lugar por donde llegan las materias primas, un espacio que se ha convertido en un atractivo turístico debido a las constantes visitas de personas curiosas que desean saber de dónde viene aquel vehículo de transacción que reposa en sus bolsillos.

Pero, ¿cómo se hacen?

Hace tres meses se produjeron las últimas monedas de las denominaciones que se conocían hasta el lanzamiento de los nuevos diseños, y que continuarán siendo un símbolo de intercambio económico, hasta que retornen lentamente al lugar de su concepción. Allí renacen expuestas a altas temperaturas y mezcladas con materiales que se someterán por primera vez a este destino, para finalmente viajar sin rumbo fijo por el territorio nacional. ¿A un bolsillo? ¿A la caja de un banco? ¿A la registradora de un bus? ¿A las manos de un hincha enfurecido que desde la tribuna sólo quiere atacar a sus enemigos de campo?

La demanda del público indica a la tesorería del banco la cantidad de producción por cada valor. Desde un almacén de la fábrica se transportan las materias primas “y como la receta de cualquier producto fino, entran en el horno con composiciones exactas”, cuenta Rafael Salazar, asesor de la Subgerencia Industrial y de Tesorería del Banco de la República.

Esta combinación del color de la lava pasa luego a un horno con una temperatura más baja, donde se mantiene hasta lograr la consistencia necesaria para el siguiente procedimiento: la solidificación. Una fase donde el material se transforma en láminas de fleje o en cintas con 14 milímetros de espesor, que se adelgazan mediante altas presiones hasta alcanzar el grosor requerido para cada denominación. De allí los rollos metálicos pasan a un horno que les devuelve las propiedades perdidas con la manipulación anterior y adquieren la dureza necesaria para la acuñación. Cuando salen, los rollos con casi 18 vueltas pasan al troquelado y con un golpeteo similar al sonido de un taladro perforando una calle capitalina, se cortan los discos en los tamaños dispuestos para cada valor facial, es decir, la representación comercial de la pieza.

La fábrica está cimentada en un terreno de 10,9 hectáreas arborizadas y florecidas, donde llegan 200 empleados para integrar los procesos de producción y convertirlos en un caso único en la región, porque a diferencia de otros países, en las mismas instalaciones se realizan los pasos de la cadena: desde la fundición hasta la acuñación. De esta forma se da salida a casi un millón de monedas diarias.

Luego de obtener los discos, se rebordean para evitar el filo y proteger los grabados y el metal para que duren los próximos 15 o 20 años, tiempo estimado de su vida útil. Cuando esto pasa, la pieza se convierte en cospel, lo que indica que es una unidad lista para acuñar, aunque antes pasa por un lavado industrial para eliminar imperfecciones causadas por la suciedad y, también, para obtener el brillo característico de la ilusión de la riqueza.

La protección del entorno es un tema importante en la producción. Bernardo Duarte, director de la fábrica de monedas, dice que “buscamos minimizar al máximo los efectos ambientales que generamos. Tenemos una planta de tratamiento de aguas residuales. Además, reutilizamos metales del proceso de fabricación y recuperamos piezas que salen de circulación, para incorporarlas nuevamente en nuestros procesos, lo que nos ahorra costos y disminuye los impactos de producción”. Pero, una nueva duda surge: “¿cómo vamos a producir sin cuidar los recursos? Sería contradictorio con la nueva familia de monedas a la que le hemos invertido tanto trabajo”, apunta Rubén Devia, analista de salud ocupacional y de medioambiente de la planta.

Los cospeles relucientes son seleccionados por máquinas con infrarrojo, que separan las miles de unidades que identifican las malas entre las buenas cuando pasan a alta velocidad por las bandas transportadoras. Las monedas compuestas por un solo metal, como en los casos de 50 y 200 pesos, salen directamente a recibir su sello; mientras las bimetálicas, como las de 500 y 1.000 pesos, deben ensamblarse para juntar la corona y el núcleo antes de acuñarse, un proceso tan secreto que sigue siendo un enigma hasta para los visitantes autorizados de la fábrica.

La producción, tan circular como las nuevas monedas , finaliza en un empaque de bolsa de seguridad necesario para que estas piezas viajen en carros de valores que las pondrán en la economía de la calle. Esas que tienen un 99,9% de pureza. Pequeños lingotes de bolsillo. Las que al final, después de un millar de transacciones, volverán a esta fábrica para renacer.

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