¿Por qué importan el Chocoramo para untar?

Agro e industria hacen maromas en el país para buscar condiciones más favorables. Ramo dice producir afuera mientras aumenta su capacidad en Colombia.

Ramo fabrica afuera dos productos. La crema de chocolate viene de Canadá y las donas de España. Cristian Garavito
Hace casi 65 años, don Rafael Molano, vendiendo a sus compañeros de Bavaria los ponqués que preparaba su esposa, Ana Luisa Camacho, con la receta de la suegra, empezó a consolidar una de las marcas entrañables de este país. Productos Ramo gana en los escalafones de recordación. Chocoramo, por ejemplo, según la firma Kantar, fue el año pasado la marca más querida por los colombianos. 
 
Cada anuncio o movimiento de la empresa pone a todos con los ojos bien abiertos. El fallecimiento de don Rafael Molano el año pasado llenó las páginas de la prensa y las redes sociales de semblanzas y reconocimientos cariñosos. Tiempo después, los rumores de una supuesta quiebra no tardaron en volverse tendencia en Twitter y en motivar un comunicado de prensa de la empresa en donde eso se desmentía. Recientemente sucedió lo mismo, pero por razones quizá más amables. 
 
A finales de junio, Ramo lanzó su crema de chocolate –‘esparcible’ le llama la compañía- con la misma receta de la cobertura del Chocoramo. Rápidamente en los medios la bautizaron la competencia de la Nutella. Pero los comentarios pronto se volcaron a criticar que el origen del producto es Toronto, Canadá. Desconcierto y hasta indignación se leía en redes al descubrir en la etiqueta que el querido producto es importado. 
 
En respuesta a este diario, Santiago Molano, director de asuntos corporativos de Ramo, explicó que en 2015 la compañía está consolidando su capacidad de producción en la nueva planta en la Zona Franca de Occidente y una nueva línea de producción en Antioquia. “Estamos en una primera etapa en la que no es viable producirlo en Colombia dadas las restricciones de capacidad instalada. Sin embargo, no descartamos que una vez aumentemos nuestra infraestructura con la nueva planta se evaluará la opción de iniciar la producción local del esparcible, cuya receta es y siempre será 100% colombiana”. La receta, mas no los ingredientes. 
 
Tanto la producción del ‘esparcible’ como de las donas, también lanzadas recientemente y traídas desde España, se hace en “alianza con proveedores internacionales”, según Molano. La mejora en las plantas, dijo el ejecutivo, “permitirá analizar la posibilidad de fabricarlos localmente con materia prima nacional”. A la pregunta de si les ha resultado más barato producir afuera respondió que la razón principal para buscar aliados internacionales es que tienen retos en la capacidad productiva. 
 
A pesar de lo particular que pueda parecer la situación de Ramo, las condiciones para la industria en Colombia se han puesto entre interrogantes, últimamente, a partir del cierre de la operación de la fábrica de Mondelez, productora de los Chiclets Adams y los Sparkies, entre otros. La empresa argumentó que dejaba de operar en Cali, desde donde se exportaba a más de 30 países, porque tecnológicamente se había rezagado y por las “tendencias adversas del mercado”. 
 
Carolina Lorduy, directora de la Cámara de Alimentos de la Andi, dijo tras el cierre de la fábrica que este tenía que interpretarse como un “campanazo”. “Hay un tema que esta industria ha puesto sobre la mesa durante más de 10 años, y es poder acceder a las materias primas a precios competitivos. Es uno de los grandes cuellos de botella de la competitividad”. El presidente Juan Manuel Santos también salió a cuestionar por qué en Colombia el azúcar es tan cara.
 
El gremio de los productores de caña de azúcar, Procaña, cifras en mano, refutó diciendo que, junto con Brasil, Colombia tiene los precios de azúcar más bajos al consumidor en una comparación entre 18 países. Aun así, en diálogo con este diario, John A. Santa María Otazua, director general de Coca Cola Femsa, dijo que la bebida aquí es más cara por cuenta del azúcar.
 
Aparte de los nudos que encuentra la industria en los atrasos, por ejemplo, de infraestructura, la agricultura, el principio de la cadena, también tiene varios retos. César Pardo, presidente de Conalgodón, dijo a El Espectador en junio pasado que los cultivos de ciclo corto en el país son vulnerables ante los competitivos precios internacionales. “No hubo un plan para mantener el trigo y la cebada. Era más barato importar que producir aquí”. 
 
Algo similar pasa con el maíz, es más barato importar y por eso cerca del 90% de este commodity, base de la arepas que comen los colombianos, es extranjero. El ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, dijo esta semana que ante la crítica situación de los granos y cereales “en el segundo semestre vamos definir cuáles son las prioridades de los productos a los que tenemos que dedicarnos para lograr la seguridad alimentaria. Vamos a sustituir las importaciones si somos lo suficientemente productivos”.
 
La leche, ingrediente del Chocoramo para untar al igual que el azúcar, de acuerdo con Iragorri, tiene un precio nacional al productor que dobla al internacional. A pesar de eso, en el precio final al consumidor, lo pagado al productor no representa más del 40%. El ministro anunció que en agosto se revisará la fórmula con la que se calcula ese precio “para que los productores tengan mayores ingresos”. La condición que el gobierno pone a los industriales es que les compren la totalidad de la leche a los campesinos, pues Colombia produce 6.000 millones de litros al año, el doble de lo que los procesadores están en capacidad de manejar. La otra mitad del producto se pierde o se negocia en el mercado informal.
 
Al cacao, el otro ingrediente clave, en el país le va, se podría decir, bien. De acuerdo con Fedecacao, Colombia produce 48.000 toneladas del grano de la mejor calidad, de las cuales exporta 8.000. Unas 6.000 nuevas hectáreas se siembran cada año, y, de acuerdo con Óscar Darío Ramírez, gerente técnico del gremio, “tenemos una temporada de altos precios internos del cacao, se está pagando a $6.500 el kilo (de la mejor calidad), un precio que no se tenía desde hace mucho tiempo”. A la pregunta de cómo evalúa la demanda del grano por parte de la industria, respondió: “El cacao colombiano, por gozar de esa calidad, es muy apetecido. La industria consume todo lo que hay, y cuando no hay tiene que traer”. 
 
La situación es de contrastes. Colombia produce mucha leche, pero la industria no está en capacidad de procesarla. Colombia produce mucho azúcar, pero, según el gremio de la caña, cosecharla es muy caro. Aun así, para el consumidor, el edulcorante es muy barato. El cacao colombiano es catalogado como fino en sabor y aroma, según los estándares internacionales, por eso es apetecido y la industria tiene que importar cuando se acaba. En medio, industria y productores pierden y ganan, pero persiste la pregunta de la si la inestabilidad es tanta que está empujando fuera la producción de los alimentos entrañables como los de Ramo. 
 

 

 

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