¿Por qué es importante para su bolsillo el fin del conflicto armado con las Farc?

El ingreso promedio de cada colombiano subiría casi 50 % y se generarían unos 200.000 empleos. Hasta el medio ambiente saldría ganando. Pero académicos dicen que el beneficio no es tan claro.

Acnur asegura que en Colombia hay casi siete millones de desplazados, la mayoría rurales.
Acnur asegura que en Colombia hay casi siete millones de desplazados, la mayoría rurales.

La ecuación es sencilla: si los integrantes de la guerrilla de las Farc dejan de extorsionar, acaban con el tráfico de drogas y se apartan de la minería ilegal; si los desplazados retornan a sus tierras para volverlas a trabajar y el Gobierno ajusta su millonaria inversión dedicada al fortalecimiento de las Fuerzas Militares y de Policía que combaten a diario a este grupo armado, en el país se podrán generar entre 120.000 y 200.000 nuevos empleos, los recursos para inversión social serán más elevados y sostenibles y cada colombiano podría subir su ingreso per cápita de US$6.800 a US$12.000, en promedio. (Lea: El impacto de la paz en la economía)

El director del Departamento Nacional de Planeación, Simón Gaviria, dice que “con una Colombia en paz, el crecimiento potencial del país aumentará entre 1,1 % y 1,9 % basado, principalmente, en la mayor confianza”. Junto a esas cuentas aparece otra macro: la Inversión Extranjera Directa (IED) se iría al alza, con un dividendo que se refleja en un aumento de 3,3 puntos del PIB. “Esto permitiría alcanzar US$36.000 millones de IED a largo plazo, frente a los US$12.000 millones de hoy”. (Lea: El ahorro ambiental que traería la paz)

O está, por ejemplo, aquello de elevar las exportaciones, una jugada que bastante le ha costado al país después de la caída de los precios de las commodities. La oferta de bienes y servicios, donde aparecen los agrícolas y los industriales, tendería a crecer proyectada en un dividendo de 6,4 puntos del PIB adicionales de exportaciones, “lo que le permitiría a Colombia alcanzar los US$65.000 millones sostenidos a largo plazo”, y de esa forma aprovechar, de una vez por todas, la tendencia cíclica que ha puesto el precio del dólar en $3.000. La construcción, el gran jalonador de la economía, mantendría su tendencia. “El dividendo es de 4,4 puntos adicionales de crecimiento a largo plazo”, detalla el DNP.

Mirando el Global Peace Index, se lee que contener la violencia ha implicado un gasto de cerca de US$139.481 millones para el país, un gasto que ha crecido 53 % desde 2008, equivalente al 30 % del Producto Interno Bruto. Por eso es tan importante tener claro que, si todo sale como lo anunciaron desde La Habana, los alcances económicos de este hecho histórico pueden ser mayores. Más de lo que dicen los escuetos numéricos. “La paz no la podemos medir en números, la paz es más que eso. La paz es mejorar la calidad de vida de los colombianos, mejorar las condiciones de seguridad, vivir en un ambiente más próspero, más tranquilo, y al mismo tiempo ahorrarnos el sacrificio de vidas humanas”, acota el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. Pues vivir sin miedo no tiene precio. (Lea: El costo de la violencia en Colombia)

Así que, mirando por el espejo retrovisor, el ministro explica por qué es indudable el cambio. “Por muchos años la productividad no creció, cayó. El conflicto perjudicó el aprovechamiento de los factores de producción, como el capital, la mano de obra, el uso de la tierra, entre otros”. Pero aunque las comparaciones son odiosas, hay que hacerlas: “Si Colombia no hubiera tenido el conflicto, el país podría tener hoy el nivel de vida que tiene Chile. Nosotros estamos en el orden de US$6.000 de ingreso per cápita y Chile está por US$13.000. Hay que acelerar el crecimiento para poder alcanzar en 10 años ese nivel de vida”.

Pero claro, una cosa es verlo desde el Gobierno y otro desde sus críticos. ¿Qué piensan, por ejemplo, los sindicalistas? Carlos Julio Díaz, director de la Escuela Nacional Sindical, tiene una lectura laboral del hecho histórico anunciado en La Habana. “El fin del conflicto armado genera mucha esperanza a los trabajadores colombianos y al sindicalismo, que ha sido uno de los actores sociales más golpeados por la guerra, se ha destruido muchos sindicatos y eliminado a muchos activistas. Esta noticia genera una posibilidad de reconstruirnos en un ambiente sin armas que nos permitirá profundizar en las acciones de movilización social que son fundamentales en cualquier escenario democrático”.

En el caso de los trabajadores petroleros, Edwin Palma, vicepresidente nacional de la USO, cree que lo que se logró fue “quitarnos de encima este conflicto armado de más de medio siglo y ahora nos toca conquistar la justicia social a través de la movilización, de la protesta pacífica, de la protesta ciudadana, sin el fantasma del conflicto armado”. Y Claribed Palacio, secretaria general de la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico en Colombia, quien fue más allá e hizo memoria: “Nos sentimos contentas porque la mayoría de las mujeres asentadas en las ciudades más grandes del país venimos de pueblos que han sufrido la guerra de forma brutal. Con esta firma vemos esperanza, vientos de paz, soñamos con una Colombia próspera, incluyente, con oportunidades para todos”.

Todos, al final, son actores económicos que hacen parte del país atrapado en una guerra interna de más de 50 años. La Ministra de Comercio, Industria y Turismo, María Claudia Lacouture, el otro brazo que será determinante es este camino de paz, aseguró que “los acuerdos firmados en La Habana ayudan en la construcción de una Colombia moderna que avanza con valores como la legalidad y formalidad empresarial en un contexto de paz. Hay estudios de la Universidad de Los Andes y del Departamento Nacional de Planeación que muestran cómo el PIB puede crecer más de dos por ciento en los próximos años, industria en un 20% y turismo en un 30%. Para nosotros lo que eso significa son más oportunidades, más beneficios para los colombianos, legitimación del territorio que nos permita generar mayor consumo, más ventas y cadenas productivas y lograr que Colombia se vuelva a nivel regional un país que crece de manera constante y contundente con productos competitivos”.

En el capítulo ambiental también hay tela por cortar. Simón Gaviria asegura que “en municipios de conflicto se deforesta 6,5 hectáreas por cada 1.000 hectáreas de bosque, mientras que en los demás municipios es 2,6. Es decir, se deforesta casi tres veces más en donde está el conflicto”. Aquí de lo que se trata es, nada más y nada menos, del agua que consumimos y del aire que respiramos.

Lo que se viene entonces es un reto socioeconómico gigante. Un estudio titulado Paz y PIB, de la Universidad de los Andes dice que la única forma de que el PIB aumente 1 o 2 puntos porcentuales más en el posconflicto es que el agro y la industria cuadrupliquen su tasa de crecimiento. O uno de la U. de la Sabana que concluye que “aun si se llegara a firmar un acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc y el Eln, es razonable pensar que la desmovilización de estos grupos podría conllevar un aumento en las actividades criminales futuras si la economía colombiana no puede absorber esta mano de obra en trabajos legales o disuadir la emergencia de grupos criminales”. ¿Se logrará? Por ahora, en La Habana, el primer paso, ya se consolidó.