Industria de la TV pide nuevas reglas de juego

Empresarios, académicos y Gobierno coinciden en que el país necesita una actualización urgente para que todos los jugadores cumplan las mismas normas. La clave está en una política pública de TV y contenidos audiovisuales-digitales.

Durante el foro de TV abierta se debatieron temas de financiación y regulación en Colombia. / Cristian Garavito - El Espectador

¿Qué debería tener una buena televisión? ¿Qué de la pública y qué de la privada se debería poner en la pantalla para lograr un mejor producto? ¿Quién la debería financiar? ¿Qué papel debería jugar el público en la propuesta de nuevos contenidos? ¿Cómo debería ser la regulación? ¿Qué estrategia de negocio debería moldear la nueva realidad televisiva, en la que internet está captando cada vez más usuarios con poco interés por pagar los contenidos? ¿Quién debería pagar por los espacios de los partidos políticos, las intervenciones presidenciales o las entradas institucionales que se volvieron fijos en la parrilla nacional? 

Pues desde 1954, cuando en Colombia se emitió la primera señal de prueba y se inauguró formalmente la televisión, esta industria no enfrentaba tantos interrogantes sin todas las respuestas a la mano. “La TV, más allá de educar, debe tener como responsabilidad integrar y eso lo hace bien desde el entretenimiento. La TV abierta sigue teniendo público y ese es precisamente su razón de ser. Es, además, el lugar de la integración en tiempos de la dispersión –que es lo que significa la era de la tecnología–, porque la identidad no se construye en la dispersión”, narró, como si fuera en una producción de esa industria, Dago García, vicepresidente de producción del Canal Caracol.

Él, presente en el foro “El futuro de la TV abierta, retos y oportunidades”, organizado por Caracol Televisión y la revista Semana, se sentó a debatir sobre el tema junto con otros representantes de los canales privados, de la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV), de la Junta Nacional de Televisión, analistas de medios nacionales y hasta invitados de organizaciones internacionales entre los que se contaban abogados, académicos y empresarios.

“La función de la TV pública es garantizar que tengamos democracia”, apuntó Ángela María Mora, directora de la ANTV. Acto seguido, reflexionó sobre lo que muchos piensan y eso es la calidad de esa TV pública y, de paso, de la abierta. “No hay una buena y una mala. Las TV no son equiparables y no buscamos todos el mismo rating. Estamos haciendo cosas muy buenas en el tema de niños, por ejemplo. El mayor logro ha sido el infantil”. Pero hay que ser claros en que “hay cosas que tienen mucho rating pero no la calidad que se espera”.

Sobre ello, Ómar Rincón, director del Centro de Estudios en Periodismo de la Universidad de los Andes, cree que “nadie tiene la intención de hacer mala TV. La lógica es que todo el mundo quiere hacer buena TV, pero depende de dónde se mira la calidad. Hay gente que mira el rating, hay quien mira otra cosa. Las TV son sistemas distintos para hacer TV distinta. Yo tengo que cumplir el ritual colectivo, eso hace la privada. La pública debe reconocer minorías, reconocer país, experimentar y hacer laboratorio cultural y social. Saquemos la cámara a la calle y que la gente pueda expresarse”. Y soltó una recomendación tanto para una como para la otra: “A la TV pública le falta aprender de la TV privada de entretenimiento, y a la privada le hace falta aprender de la TV pública en su público más culto”.

Apareció el experto internacional David Barrett, expresidente de Hearst TV y miembro de junta de Hearst Corporation, quien acotó que “la TV es el principal mensajero de los cambios de Colombia, por lo cual debe llegar a cada rincón del país”. Y recordó que “el contenido es el rey de los medios de comunicación, lo que se pone en las pantallas y en las hojas permitirá que los medios de comunicación tengan vigencia en el futuro”.

Y el público, en todo este escenario, ¿dónde queda? “La TV abierta es un espacio de negociación entre quienes producen y quienes consumen. Los contenidos hoy en día son espacio de negociación, no somos solo nosotros quienes decidimos qué poner en la pantalla”, respondió García. Se refiere, por ejemplo, a que el televidente ante, tanta oferta, puede tomar la decisión de quedarse o no viendo ese contenido, influenciando en las futuras producciones. A eso se suma que los consumidores ya interactúan en tiempo real con los canales y esto puede tenerse en cuenta a la hora de incidir en lo que en la parrilla aparece.

De financiación y regulación

Apareció en el debate el tema de la financiación, que además tiene que ver con la regulación. “Lo que está pasando es que la financiación de la TV pública va a enfrentar problemas grandes”, replicó Mora, de la ANTV. ¿Por qué? Justo en el segundo panel del día estuvo Ernesto Orozco, miembro de la Junta Nacional de Televisión, quien ahondó en ello. “La ley de TV tiene veinte años, ya no nos queda. Tenemos obligaciones con el mantenimiento de la TV pública y eso se hace a través del recaudo de los canales y los operadores. 60 % canales privados y 40 % de los operadores. Con eso se financia”.

Bajo esa realidad, el inconveniente radica en que cada vez hay más usuarios llegando a las plataformas digitales, plataformas que por lo menos en Colombia no tienen que asumir los millonarios costos de entrada al negocio y sostenimiento que sí han tenido que hacer los canales privados. Para la muestra un botón: en Colombia hay 59 plataformas de video con 43.000 títulos disponibles. De nuevo, el debate entonces radica en que la regulación sea igual para todos. ¿Cómo? Desregularizando un tanto a los jugadores que ya están o desarrollando regulación que cobije a todas estas plataformas digitales como Netflix, que entran al país, obtienen usuarios, reciben utilidades y no dejan un solo peso de impuestos en Colombia. El mismo escenario en el que están otras industrias con aplicaciones similares.

Wade Hardgrove, abogado de medios, corporativo en Brooks Pierce LLC, soltó la experiencia que se vivió en Estados Unidos a manera de mensaje y recomendación para Colombia. “Las compañías de cable tenían dos fuentes de ingresos: publicidad y suscripciones. Los canales de TV, por el contrario, tenían sólo una fuente de ingresos: la publicidad”. Entonces, “el Congreso, en 1992, modificó la Ley de Comunicaciones, que pedía a los sistemas de cable obtener el consentimiento de cada canal de televisión antes de retransmitir y revender la señal del canal. El concepto se llama ‘consentimiento de retransmisión’, y sin este no habría un sistema de emisión de televisión de propiedad privada –sobre el aire– en los EE. UU. hoy en día. Los canales de televisión simplemente no podían competir con los servicios de cable TV pagos”.

Minutos antes, Luis Fernando Ujueta, secretario general de RCN Televisión, había dicho que en Colombia “hay cargas excesivas en materia regulatoria. Con la excusa de que usamos el espectro, todas las cargas van para nosotros. Hay una asimetría con los operadores y con los nuevas plataformas. La actual regulación hace anticompetitiva la actividad hoy. Pagamos por el espectro, por el uso de frecuencias, pagamos el 1,5 % de la facturación. Tenemos las cargas de ser empresas constituidas en Colombia. La regulación actual está mandada a recoger. La TV abierta es la única que soporta franjas de audiencia, debemos transmitir espacios institucionales, El Minuto de Dios, el ICBF. Hay un desequilibrio. Necesitamos políticas que actualicen la regulación”.

Al final, Orozco, de la Junta Nacional de Televisión, coincidió con los empresarios: “La titularidad que ejerce el Estado ya no es absoluta, no damos el mercado completo, se ha roto la barrera de entrada por los proveedores de internet. Muchos dicen que los gravemos igual, yo creo que debemos equilibrar el modelo de negocio para que bajemos cargas a los colombianos. También hay que buscar recursos de la TV pública que ofrezca propuesta de valor”.

David Luna, ministro de las TIC, durante su intervención, soltó lo que para el Gobierno significa el actual escenario. “TV abierta hay para rato”, apuntó. “Lo interesante es que la TV sigue siendo un medio formador de opinión y sigue teniendo un impacto muy valioso desde el punto de vista de recepción de recursos y del ejercicio publicitario. Mantiene su vocación de grandes audiencias y esto no va a pasar de moda”. Pero “hay un reto enorme para la integración y para la segmentación de audiencias”.

Y es ahí entonces donde todo confluye. En una hoja de ruta, una regulación moderna, una pista en donde todos los competidores se puedan mover a sus anchas y que las leyes del mercado sean las que definan cuáles son los mejores. Donde los consumidores se sientan atraídos por la calidad del contenido. Para ello, han dicho las autoridades de la industria en el país, se está trabajando en una política pública de TV y contenidos audiovisuales-digitales que solucione las asimetrías, los subreportes de operadores, la piratería y los contenidos OTT. Que sea moderna y que logre incluir a todos los actores de la cadena.

Pero, de nuevo aparece un pero. Fuentes del Gobierno detallaron que se está esperando la asignación del Canal Uno, del tercer canal y, por supuesto, la reforma tributaria estructural. Ahí sí saldría esa esperada normatividad que responda, de una vez por todas, hacia dónde debe rodar el futuro de la televisión y de sus espectadores.

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