Lo inflacionario de la tributaria es no aprobarla

Según Fedesarrollo, de no darle luz verde el déficit fiscal en 2020 superaría el 6%; escenario macroeconómicamente catastrófico, recuerda Cano. La reforma es inaplazable.

Carlos Gustavo Cano dice que lo más probable es que la inflación termine este año en 6 %. / Archivo
Carlos Gustavo Cano dice que lo más probable es que la inflación termine este año en 6 %. / Archivo

Lo más inflacionario es no hacer la reforma tributaria estructural, pero lo más grave es que, en menos de cuatro años, el déficit fiscal podría llegar al 6 %, como lo estima Fedesarrollo. Son las advertencias que hace Carlos Gustavo Cano, uno de los codirectores del Banco de la República, sobre los efectos del proyecto fiscal que llevó el Gobierno al Congreso. Es un convencido de que la iniciativa tributaria es necesaria e inaplazable. Sobre el comportamiento de la inflación para final de año, que define el incremento del salario mínimo, señala que lo más probable es que termine este año en 6 % o en un poco menos. Considera que el comportamiento de los precios de los alimentos a la baja ayudará a suavizar el índice de precios al consumidor (IPC).

La credibilidad en el cumplimiento de la meta, en 2017, aún es baja, dice. Sin embargo, no considera que el Banco Central haya perdido credibilidad por el incumplimiento de la meta de inflación. Cano es un convencido de que el Emisor debe mantener la actual postura de la política monetaria a fin de garantizar el retorno de la inflación al rango meta, del 2 %-4 %.

El codirector del Banco Central reconoce que, con la mal llamada bonanza petrolera, desapareció la terrible enfermedad holandesa, que dejó profundas grietas en el sector real de la economía. Para que el país se olvide de la dependencia petrolera y minera, debe incentivar sectores como el turismo y los agronegocios.

¿Qué tanto es inflacionaria la reforma tributaria que llevó el Gobierno al Congreso?

Lo inflacionario, en el mediano plazo, sería no hacer una reforma tributaria estructural. Por estructural se debe entender que sea sostenible al menos durante una década o más, sin tener que seguir acudiendo al Congreso cada uno o dos años para introducir ajustes parciales, marginales y distorsionantes al Estatuto Tributario. Según cálculos de Fedesarrollo, en caso de no adelantarla, el déficit fiscal, en 2020, superaría el 6 %; un escenario macroeconómicamente catastrófico, en contraste con el límite legal del 1,4 % establecido por la regla fiscal para ese año. Semejante situación, de persistir, continuaría siendo una enorme fuente de presión sobre la demanda agregada y los precios y, por tanto, sobre la inflación.

¿En qué sectores se va a sentir más el efecto del proyecto fiscal y de qué forma? Usted es un defensor del agro. ¿Cómo le va a este sector con la propuesta tributaria?

Hasta donde entiendo, la reforma no discrimina entre sectores. Desde el ángulo macroeconómico, lo inaplazable es cubrir el déficit. Pero, desde el punto de vista de la equidad, la eficacia y la eficiencia, la discusión se halla en el campo del Congreso y el Gobierno. O sea, sobre si es necesaria e inaplazable, no me cabe la menor duda. Sobre el cómo hacerlo, ese es el debate.

¿Qué tanto es necesaria la reforma tributaria para cumplir con la regla fiscal?

Aun con la más drástica reducción del gasto público imaginable y posible, no sería viable el cumplimiento de la regla fiscal en un escenario de no reforma tributaria estructural. Hay que tener muy claro que, para la estabilidad macroeconómica y la credibilidad internacional del país, la regla fiscal representa una de las innovaciones institucionales más avanzadas de la historia de nuestra Nación. Por tanto, hay que preservarla, respetarla y cumplirla a toda costa. Lo contrario sería poner en gravísimo riesgo nuestra reputación y seriedad en materia de políticas públicas.

Comportamiento de la inflación

La inflación ha permanecido muy por encima del rango meta durante muchos meses, ¿en cuánto cree que terminará este año y cómo se comportará el precio de los alimentos?

Lo más probable es que la inflación termine este año en el 6 %, o en un poco menos. En buena parte, debido al comportamiento de los precios de los alimentos, su fuerza dominante. Los cuales seguirán descendiendo gracias a la desaparición del fenómeno de El Niño y al fin de la presión de la devaluación del peso sobre las importaciones de materias primas de origen agropecuario, como el trigo, la soya y el maíz, entre otras. Son buenas noticias. Pero no esto no es como para cantar victoria. Pues la inflación, sin alimentos, permanece cerca del 6 %, o sea el doble de la meta fijada, que es del 3 %. En tanto que el promedio de las básicas; es decir, sustrayendo además combustibles y tarifas de algunos servicios públicos, se mantiene por encima del 6 %. Aparte de que la credibilidad en el cumplimiento de la meta en 2017, aún es baja.

La devaluación sobre la inflación

¿La devaluación cómo ha influido para el desborde de la inflación?

Es lo que se conoce como el pass through (pasar por), o traspaso a los precios de los bienes y servicios transables internacionalmente. Tras el desplome de los precios del petróleo, desde 2014, y después de cerca de una década de una muy pronunciada revaluación por cuenta de la enfermedad holandesa, que padeció la economía durante el boom minero energético, sobrevino una corrección cambiaria muy abrupta, que golpeó severamente el nivel de precios. Pero este efecto ya se ha desvanecido, y la tasa de cambio se halla en aguas tranquilas, gracias a que los precios del petróleo dejaron de caer y tienden a recuperarse un poco.

Al estar desbordada la inflación por más de 20 meses, ¿cree que ha perdido credibilidad el Banco de la República, interna y externamente? ¿Qué tanto se ha visto afectada la imagen de la institución?

De ninguna manera. La autoridad monetaria ha actuado en la dirección correcta, observando rigurosamente su mandato legal, de velar por una inflación baja y estable, y con una comunicación fluida y nítida, mediante la cual ha hecho claridad sobre la transitoriedad de los choques exógenos, que han afectado la inflación, como el climático y el cambiario. Y explicando con espíritu pedagógico las razones que la han asistido para adoptar las medidas que la ciudadanía conoce por medio de nuestros comunicados y las minutas de la Junta.

Usted dice que el reto inmediato de la Junta consiste en garantizar que, a diciembre de 2017, u ojalá antes, la inflación regrese a la meta que ha fijado. ¿Es posible cumplir este propósito? ¿Sigue creyendo que 2017 puede ser el tercer año en que se incumpla con la meta de inflación del Banco de la República?

En noviembre de 2015, al explicarle de manera anticipada al público las razones de la desviación de la inflación observada con respecto a la meta en ese año y en 2016, la Junta expresó su compromiso de garantizar el retorno de aquella a su rango objetivo, al final de 2017. Y desde entonces ha empleado, sin vacilación alguna, todas las herramientas de que dispone para alcanzar ese propósito.

Sigue usted pensando ¿que no existen razones para modificar la postura de mantener quietas las tasas de interés, como hasta ahora lo ha hecho la Junta del Banco?

Creo que la actual postura de la política monetaria, por lo pronto, se debe mantener a fin de garantizar el retorno de la inflación observada a la meta antes de finalizar 2017. Tal es nuestro principal reto del momento. ¿Por cuánto tiempo más? La evolución de las expectativas de inflación y la nueva información nos dictarán la respuesta correcta.

¿En cuánto estima usted que será el crecimiento del producto interno bruto en 2016 y 2017?

En mi opinión, que coincide con la del equipo técnico del Banco, todo apunta a que el crecimiento de la economía este año estará cercano al 2 %. Y, en cuanto a 2017, pienso que se acercará al 3 %, en especial por el repunte de los términos de intercambio, el mejor desempeño de la industria y de los socios comerciales y el arranque de las 4G.

¿Despejados los temores de una burbuja hipotecaria y se alejaron los síntomas de enfermedad holandesa, como alguna vez lo dijo?

Afortunadamente, junto con la mal llamada bonanza petrolera, desapareció esa terrible enfermedad holandesa, que nos dejó profundas grietas en el sector real de la economía, en especial la industria y la agricultura. Es de esperar que aprendamos la lección y nos dediquemos, cuanto antes, a diversificar la estructura del aparato productivo. En ese sentido, no dudo en señalar al turismo y a los agronegocios como la senda más promisoria de nuestro porvenir económico.

Los 12 años de José Darío Uribe

La gerencia de José Darío Uribe llega a su fin, ¿qué significaron estos 12 años en el manejo de la política monetaria y cambiaria?

Cuatro enseñanzas fundamentales: (a) El mandato de los bancos centrales modernos, como el Banco de la República, o sea aquellos que, al menos, sean independientes frente a los gobiernos y sigan el esquema inflación objetivo, yace en velar por la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda. (b) Intentar crecer sin controlar la inflación equivale a perseguir un dividendo espurio. (c) La primera y necesaria clave para garantizar que el crecimiento, en vez de ser flor de un día, se traduzca en genuino bienestar; es su sostenibilidad. (d) La condición sine qua non de la sostenibilidad del crecimiento es la garantía de una inflación baja y estable.

 

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