Internet: la frontera por romper

Rick Thielke, empresario que implementa inteligencia artificial en su compañía, habla de las posibilidades de llevar esos desarrollos directamente a los dispositivos, como el celular, sin tener que usar 4G o, en un futuro, 5G.

Rick Thielke, invitado especial de la cumbre de contenidos digitales Colombia 4.0. / Cortesía Mintic

El acelerado avance que ha tenido la tecnología durante las últimas décadas puede que esté volviendo a la industria y los expertos un poco más precavidos o prudentes con sus vaticinios. En los noventa había gente que dudaba de que la información que a diario circulaba en los periódicos se pudiera obtener en algún momento a través de internet. También había personas para quienes comprar libros —o cualquier objeto— por esa red era apenas una posibilidad. Hoy el comercio electrónico en Colombia es más del 4 % de su PIB.

Por eso, Rick Thielke, invitado a la cumbre de contenidos digitales Colombia 4.0, organizada por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y que terminó este viernes en Corferias, no se atreve a trazar un panorama de lo que será el mundo en unos 20 años, teniendo en cuenta avances como la inteligencia artificial (IA). Su compañía, sin embargo, es un abrebocas de lo que puede suceder.

Ayata, empresa en la que se desempeña como vicepresidente, emplea un sistema con visión y oído artificial que se aplica a la infraestructura de los clientes, principalmente compañías del sector de energías renovables, para detectar, por ejemplo, posibles fallas. “Ayudamos a que cada eslabón de la cadena funcione mejor”, explica. También tienen clientes como aseguradoras, que utilizan su sistema para predecir afectaciones de los clientes o cuáles de ellos quieren cortar los servicios de seguros. Eso le ayuda a la aseguradora a actuar y no perder un cliente.

En entrevista con este diario, se refiere al edge computing, la capacidad de llevar todos esos procesos directamente a los dispositivos sin la necesidad de una conexión a internet. Es una especie de internet de las cosas sin internet, algo que sin duda será muy útil para desarrollos que incluso ya son posibles de ver, como los carros autónomos.

¿Cuál es la diferencia entre “edge computing” y lo que conocemos como IA?

Edge computing significa que bajamos la IA de la nube, de internet. Es internet de las cosas sin internet. Por ejemplo, Google Photos puede hacer animaciones o videos con las fotos, porque toda esa información sube desde el teléfono hasta el servidor de Google, allí se procesa y vuelve a bajar. Suprimir esa latencia (demoras en subida y bajada) en el caso de editar las fotos puede no ser tan emocionante, pero hay tareas que no se pueden dar el lujo de tener esa brecha, por ejemplo, los carros autónomos. No se puede esperar que la máquina detecte el peligro, se tome el tiempo de “pensar” qué podría hacer, enviar la información a un servidor y que la información vuelva a bajar. Es peligroso.

Si la IA estará en la máquina, sin necesidad de internet, ¿quiere decir que toda la discusión que está teniendo la industria sobre 5G, que promete disminuir al máximo esas latencias, es inútil?

La 5G ha mostrado que será eficiente en cuanto a latencia, es decir, si lanzo una información como lanzo una pelota del punto A al punto B, 5G lo puede calcular, mandar al servidor y devolverla. Pero eso se puede hacer en Colombia o en cualquier lugar donde hay servicios de las compañías celulares. Hay sitios donde eso no está disponible. No quiere decir que la discusión sea inútil, pero hay muchos dispositivos que no podrán acceder, lugares del planeta sin cobertura. Esas áreas de todas formas necesitarán inteligencia en los dispositivos. Si voy en el carro y me quedo sin 5G, no puedo quedar expuesto al peligro, sino que necesito que el auto siga tomando decisiones inteligentes. No es inútil, pero está desbloqueando la puerta al desarrollo de toda una nueva categoría de IA, al igual que hace unos años internet nos llegó con una promesa en la computación. Lo importante es llevarlo al consumidor.

¿Cómo pueden las personas acceder hoy a ese mundo?

Los algoritmos o software de inteligencia artificial, en cada una de sus disciplinas —visión artificial, oído artificial, etc.—, están disponibles en plataformas gratuitas open source. Puede usar la plataforma de Google para construir y “entrenar” un auto y lo único que debe hacer es decirle a Google si ese carro que usted entrenó se accidentó. Si usted se hace millonario con la tecnología que desarrolló, no le tiene que pagar a Google, sino sólo dar la retroalimentación de lo que salió mal en el proceso.

¿Cree que la inteligencia artificial siempre estará subordinada a que sea el humano el que le enseñe o generará conocimiento propio y nuevo y superará el potencial de la mente humana?

Quizá en mil años, no lo sé. En este momento yo podría ser un robot y usted no saberlo, pero no creo que estemos más cerca de eso que hace 30 años. Lo que digo es que estamos en un punto de inflexión en cuanto a IA. No predigo el futuro, pero esto sin duda está estimulando la mente humana. Y no se trata de que vayamos a reemplazar la fuerza de trabajo humana, sino ayudarle. Es como si usted usa un software que procesa lenguaje natural para transcribir esta entrevista. Es una nueva revolución industrial. Con la invención de las máquinas hace años, las personas encontraron nuevas ocupaciones. No es de un día para otro, pero eso tiene que llamar la atención de las políticas de los gobiernos, que entienden y se pongan a pensar al respecto.

En ese sentido, ¿qué postura cree que deben asumir los gobiernos? En Colombia, por ejemplo, la regulación de drones ha sido muy criticada por severa.

Más que el Gobierno, creo que debe ser la propia ciudadanía la que dé estos debates. Juan Manuel Santos es presidente porque una mayoría votó por él. Debemos demandar que nuestros líderes hablen de esto y cómo balancear la innovación con otras inquietudes importantes. No conozco las leyes o la regulación colombiana, pero por lo general las salidas más fáciles son las peores: si algo no les gusta, les genera temor y entonces lo prohíben. Hay que reconocer que estamos entrando en una era en que estos avances son positivos; los carros inteligentes salvarán muchas vidas, pero puede que en el transcurso atropellen a un peatón. La IA hará lo que el ser humano le diga que haga. Los gobiernos deben mantener una mente abierta y la gente debe entender que el fracaso hace parte del aprendizaje y ser tolerante, de la misma forma en que aprenden los niños.