La apertura comercial en trance

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Las repercusiones de la cuarentena y de las restricciones de los protocolos sobre la economía no se han estudiado adecuadamente. En Colombia las soluciones se encuentran en emergencias y decisiones que trasladan los poderes al Gobierno. En las exposiciones de motivos de las emergencias económicas no se cuantifican y proyectan las repercusiones, ni se profundiza sobre las formas de regularlas, y no existe mayor control político y debate. Por lo demás, no se ha entendido qué los efectos de las medidas son muy diferentes a los observados en los países desarrollados. Así, el impacto de la cuarentena sobre el déficit fiscal, el déficit de balanza de pagos y el desempleo, que constituyen los principales indicadores de estabilidad, varía notablemente entre los países. En general se encuentra que las alteraciones de los tres indicadores son mucho mayores en Colombia que en Europa, Estados Unidos y el Sureste Asiático.

Los países desarrollados operan dentro de comportamientos e instituciones que permiten absorber más fácilmente los choques. Así, la cuarentena no afecta la estructura económica. Las caídas del crecimiento económico, la balanza de pagos y el déficit fiscal se dan por una sola vez y se corrigen rápidamente. En contraste, en los países en desarrollo causan daños estructurales en la balanza de pagos, el déficit fiscal y el desempleo, que tienden a mantenerse por el bajo ahorro. Las economías experimentan caídas en el ahorro, deterioro de la balanza de pagos y empleo que se convierten en permanentes por la inequitativa distribución del ingreso y las deficiencias institucionales de la política social.

La verdad es que Colombia está expuesta a rupturas mucho mayores que en los países desarrollados e incluso que otras economías de América Latina. La explicación está en el modelo que viene de atrás y en las enormes inequidades. En el presente año se experimentarán caídas en los crecimientos de la producción y el empleo cercanas a 10% y en los próximos años se replicarán en tasas cero o decrecientes.

La confluencia del modelo de déficit en cuenta corriente financiado con crédito externo y la reducción del ahorró causado por la cuarentena del coronavirus colapsó la economía. Se quebró el balance interno entre el producto nacional y el gasto. El país quedó expuesto a déficit en cuenta corriente, déficit fiscal y desempleo insostenibles. Los hechos terminarían imponiendo lo que los dirigentes y políticos se negaron a corregir durante 30 años.

De ninguna forma se trata de un panorama que se pueda enfrentar con endeudamiento externo nacional e internacional. Lo que se plantea es un cambio en el modelo de apertura mediante la intervención en el tipo de cambio, elevación de los aranceles, subsidios a la exportación y el empleo para conformar una estructura comercial compleja de alta productividad del trabajo. La fórmula elevaría el ahorro, reduciría el déficit en cuenta corriente e incrementaría el empleo. Se restituiría el balance interno entre la producción y el gasto En un año y medio se recuperarían las tasas de crecimiento históricas del producto y el empleo.

El país mantuvo durante tres décadas el modelo de déficit en cuenta corriente financiado con crédito externo que terminó en bajo crecimiento del producto y el empleo y ampliación de las desigualdades. Sin duda, el país está abocado a un cambio del modelo económico que, por diferentes razones, el Gobierno no está en capacidad de realizar en forma aislada. La solución debe provenir de un amplio debate nacional con participación de los diversos estamentos políticos, académicos y gremiales.

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