A. Latina: con más pobres y sin bonanza

Este flagelo afecta a más de 165 millones de personas en la región. Colombia fue uno de los países que más redujeron el índice, según la Cepal. Los jóvenes, la mayor preocupación.

Mientras Estados Unidos y Europa se debatían por mejorar su situación económica, los países de Latinoamérica vieron en esa crisis una oportunidad de crecimiento, especialmente Colombia, que lo hizo a niveles superiores que sus vecinos (4,7% fue el PIB en 2013). Sin embargo, esta bonanza no fue lo suficientemente aprovechada en la región “para el fortalecimiento de políticas de protección social que disminuyan la vulnerabilidad frente a los ciclos económicos”, como dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Esta fue una de las conclusiones del informe Panorama social de América Latina 2014, presentado en Santiago de Chile. Según se lee en el documento, la pobreza y la pobreza extrema —personas que viven con US$1,25 o menos al día— han alcanzado valores similares a los de 2011, es decir, se ha reducido la tendencia a la baja de estos indicadores, siendo el crecimiento demográfico una de las principales razones.

Sin embargo, Colombia “registró entre 2012 y 2013 una caída del nivel de pobreza de 2,2 puntos porcentuales (del 32,9% al 30,7%) y una reducción de 1,3 puntos porcentuales de la pobreza extrema (del 10,4% al 9,1%)”, reza el informe. El país que presentó mejores resultados en este índice fue Paraguay, seguido por El Salvador. Después de Colombia vienen Perú y Chile.

A pesar de estos avances, el 28,1% de la población de América Latina, unos 165 millones de personas, son pobres y otro 11,7% viven en la indigencia, sin acceso a la canasta básica de alimentos, vestimenta y servicio básicos. Aunque hay “grandes diferencias” entre los países de la región, el gasto público social con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) ascendió de 18,9% en 2008-2009 a 19,1% entre 2012-2013.

Un factor fundamental que la Cepal destacó fue el papel que juegan las transferencias económicas condicionadas, programas de asistencia social en los que el Gobierno sólo transfiere dinero si los beneficiarios cumplen con criterios como la asistencia de los niños de una familia a la escuela y a consultas médicas, entre otros.

Datos del organismo dan cuenta de que estos mecanismos benefician a 127 millones de personas y deben mantenerse, pues no son costosos para los estados.

La directora del Departamento para la Prosperidad Social (DPS), Tatyana Orozco, asegura que Familias en Acción, uno de los programas que maneja esa dependencia, beneficia a más de tres millones de familias en Colombia: “Casi quedamos con cobertura plena para los que la necesitan”.

Bárcena hizo un llamado de atención por la falta de posibilidades de los jóvenes para insertarse en el aparato productivo. “Hay una estigmatización entre la violencia y la juventud. Hay que salir de estos estereotipos. La edad entre 15 y 29 años no es la más violenta. La violencia está concentrada entre los mayores de 30 años”.

La importancia de la advertencia de la secretaria ejecutiva de la Cepal radica en que 143 millones de personas son jóvenes, más o menos la misma cantidad de pobres de esta parte del mundo y un tercio de la población total del globo.

Aunque la proporción de personas entre 15 y 19 años que concluyeron la educación primaria, secundaria y terciaria aumentó entre 1990 y 2012, actualmente el 22% no está incorporado al empleo ni a la educación. En su gran mayoría (52%) son mujeres.

“Nos preocupa porque fundamentalmente no es que los jóvenes no quieran trabajar o estudiar sino que no hay oportunidades”, dijo Bárcena.

La muestra de cuán difícil es financiar a las personas que no superan los 19 años está en Colombia, donde el programa Jóvenes en Acción, del que se benefician 150.000 personas, tiene una restricción económica que no permite aumentar su capacidad, pero si bien esta tarea está pendiente, dice Orozco, se siguen uniendo esfuerzos para lograrlo.

En el campo laboral la situación no es distinta, pues la cifra de desempleo juvenil, según Emilio Carrasco, director del Observatorio de Mercado de Trabajo y la Seguridad Social de la Universidad Externado, duplica la de personas adultas.

“La falta de recursos para pagar la libreta militar y la falta de experiencia son factores por los que los jóvenes no consiguen trabajo en Colombia”, dice.

La reflexión de la Cepal apunta a que el gasto público social no sea solamente una responsabilidad del Estado sino una inversión que, por obligación, desemboca en un desarrollo económico equitativo. Una economía donde todos participan y todos se benefician.

 

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