¿Cuál es el papel de los empresarios en medio de la crisis?

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Bruce Mac Master, presidente de la Andi, asegura que muchas empresas entregaron hasta el último peso pagando nóminas y abre el debate sobre planes de salvamento con dineros públicos para ‘proteger’ empleos.

Muchos empresarios, gracias a sus propios ahorros, lograron pagar salarios a sus empleados y mantener los puestos de trabajo. Mensajes en redes sociales advertían que apenas pasara todo esto, los consumidores saldrían a comprar allí, como recompensa. ¿Cree que sí se recompensará a esas marcas?

La demanda todavía está deprimida y profundamente golpeada, y la gente está comprando menos de lo que efectivamente había comprado en el pasado. Lo que hemos visto es a una cantidad de empresarios dedicando toda su caja para tratar de mantener sus empleos. Algunos han logrado pasar el río, pero otros no. Los consumidores, los colombianos, tenemos como una deuda real, en el sentido de que debemos salvar las compañías, porque son una inversión gigantesca para la sociedad, que nos permite generar empleo en el futuro, nuevos emprendimientos, porque crear una compañía es mucho más complejo que salvar una existente. Y lo mismo le pasa al empleo. De manera que ahí existe una responsabilidad social de todos los consumidores.

Esta ha sido una situación muy compleja, los esfuerzos no han sido equilibrados, ha habido sectores que han podido arrancar primero que otros, lo que de alguna forma ha llevado la carga hacia algunos sectores de forma más dramática, como el caso de los hoteles, los restaurantes, las aerolíneas, los puertos y el transporte de pasajeros.

Este es un ejercicio circular, y en la medida en que haya trabajo, hay demanda, y si hay demanda, se producen los productos, y este ejercicio circular se ha visto entorpecido por la necesidad de cuidarnos. Todo el mundo entiende por qué nos tenemos que cuidar, pero debemos reconocer los efectos que ha habido sobre las compañías. Esperemos que logremos, como consumidores, apoyar a los empresarios colombianos.

El dólar sigue caro, muchas tiendas que venden productos de China no pueden enviar por restricciones de transporte, estamos en pandemia y la gente más que nunca está emprendiendo por necesidad. ¿Nos estamos volcando, por fin, al “colombiano compra colombiano” en señal, incluso, de solidaridad?

De hecho, hemos lanzado una campaña de solidaridad con la empresa colombiana, con el empleo colombiano, un decálogo donde les decimos que compremos los productos de las empresas presentes en Colombia. Si tenemos la oportunidad como consumidores y un día estamos frente a un estante y vemos un producto que contiene empleo colombiano, prefirámoslo, que sea una decisión consciente.

Este año tenemos una pregunta para todos los líderes que entrevistamos: ¿lograremos que la solidaridad sea sostenible en Colombia?

La solidaridad es necesaria en Colombia por muchas razones. A veces caemos inconscientemente en actitudes, enfrentamientos, rivalidades y polarización que no construyen nada; una sociedad sale adelante si esta como un todo tiene un objetivo común, una meta y todos trabajamos por ello. Por ejemplo, debemos tener como meta importante la reducción de la inequidad, la reducción de la pobreza, y si algo ha sucedido durante este período, es que por la caída en el empleo se ha producido un efecto importante en los ingresos de las familias, de manera que vamos a tener una meta gigante de aquí en adelante de generar mayores empleos. ¿Y eso cómo se hace? A través de las empresas.

Debemos reconocer que todo esto es un círculo, uno no puede poner un palo en la rueda porque, si lo hace, se enfrenta a un problema gigantesco. Por ejemplo: dedicarnos a generar empleo se hace dedicándonos a apoyar empresas. ¿Y eso cómo se hace? Con incentivos de mercado claros, pero con la decisión también de los consumidores. ¿Y cómo hace el Estado para financiarse? Porque existen empresas. Esa idea de que somos un ecosistema que nos apoyamos los unos a los otros tiene que arraigarse en la sociedad colombiana. Uno se encuentra a veces con iniciativas legislativas que deciden, por ejemplo, extraerle recursos a una capa de la población extremadamente exagerada, eso tiene efectos importantes y lo que digo es que todo eso hay que medirlo muy bien porque nos podría llevar a no tomar una buena decisión.

Muchos empresarios han sido muy generosos en estos días, pero hay otros que enviaron un mensaje diferente: despidos, vacaciones obligadas y rebaja del salario. Claro, sus propios negocios no les daban para cubrir estos costos fijos. Como de todo aprendemos a diario, ¿cuál es el aprendizaje que nos queda de estos casos?

Sin duda hubo empresarios que se enfrentaron a esta situación con una posición menos fuerte, menos robusta que otros, hubo algunos que desde muy rápido no aguantaron, otros que dijeron no tenemos caja para funcionar. Para marzo o abril publicamos una encuesta que mostraba que había empresas que tenían 11 días para operar, eso es escasamente una semana y unos días, y cuando pasó la semana y unos días, se perdió toda la caja y no se pudo operar más.

Me encontré con un empresariado que dijo: “Me gasto hasta el último centavo en pagar la nómina de mis trabajadores”, y muchos de ellos perdieron viabilidad, eso está pasando con cadenas de restaurantes muy famosos, que hicieron el esfuerzo en marzo, abril, mayo y junio, pero se les acabó el dinero y no hay nada que hacer en este instante. Por eso insisto en que no nos debería dar ninguna vergüenza social que hubiera planes de salvamento de empresas, incluso con recursos públicos. Esto puede ser razonable hoy en día. Si hay sectores a los que por cuidarnos los afectamos en forma excepcional, no sería criticable que hiciéramos salvamentos para poder mantener esos puestos y servicios estratégicos para la sociedad. Diría que si algo bueno ha tenido esta crisis es que ha resaltado lo importante que es el empresario y el sector empresarial en el funcionamiento de una sociedad. En la polarización anterior a la crisis era muy fácil hablar mal de los empresarios y decir que ganaban mucho dinero, y no es cierto, una cosa son las personas y sus riquezas, y otra es el esfuerzo empresarial, que es un bien público, y así lo entienden la mayoría de las sociedades: cuando uno tiene un gran desarrollo empresarial tiene un gran desarrollo social, al revés nunca se ha visto. De manera que si algo bueno se ha venido dando es el reconocimiento de la función social del empresario y del empresariado.

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