Los bancos podrían aprender de las leyes islámicas

A finales de octubre el gobierno británico emitió su primer bono basado en principios del islam. En él afirma que la usura está mal, desestimula la deuda, va en contra de utilizar dinero para hacer más dinero y considera que los flujos financieros deben estar atados al comercio.

Una mujer trabaja en un banco de Nairobi, reconocido por laborar bajo las costumbres y políticas musulmanas.

Hace siete años tuve la oportunidad de conocer al jeque Mohamed Taqi Usmani, un académico paquistaní que también es un experto en finanzas islámicas. Fue una conversación excepcionalmente memorable. En ese entonces, que fue el punto álgido de la burbuja de crédito, había muy pocas personas que tuvieran fuertes críticas hacia cómo funcionaban las finanzas occidentales. Sin embargo, Usmani fue implacable. Lo más importante fueron sus quejas con respecto a la costumbre de los bancos americanos y europeos de crear dinero que no estaba sustentado en ningún activo real; para tejer “derivados que provengan de más derivados”.

Para Usmani, parecía que las finanzas occidentales eran como una bola gigante de algodón de azúcar: una burbuja de dulce pegajoso que salió de las vueltas y más vueltas que se les dieron a unas pocas actividades o activos “reales”, para apoyar negocios financieros efímeros. “Los bancos occidentales crean dinero a partir de dinero”, me dijo Usmani, contrastando esto con el mundo de las finanzas islámicas, donde “el dinero siempre está apoyado en activos”, y depende del “financiamiento de acciones y no de las deudas”.

Hoy, estas críticas ya no parecen radicales ni inusuales. Al contrario, luego del colapso de la burbuja de crédito, incluso Alan Greenspan, el exdirector de la Reserva Federal, se queja de la inexorable expansión de las finanzas occidentales. Si escucha a los activistas del Tea Party discutiendo la montaña de deuda de Estados Unidos y la explosión en la oferta de dinero, sus preocupaciones son muy similares a las de Usmani.

Durante los últimos días he estado pensando de nuevo en las palabras de Usmani. A finales del mes pasado, George Osborne, el ministro de finanzas de Gran Bretaña, anunció los planes del gobierno británico de emitir su primer bono islámico: un instrumento de deuda que se acoge a la ley islámica.

Esto provocó el cinismo en algunos círculos de la ciudad porque no parece más que una estrategia diplomática, pero esto a mi parecer no es comprender el punto de la maniobra. Sean cuales sean los motivos de Osborne, una ventaja de tener un bono islámico es que más gente prestará atención a los principios en los que se basan las finanzas islámicas. ¿Cuáles son estos principios? El tema central es la creencia de que la usura está mal. En este sentido, el Islam hace eco de la iglesia medieval. Los musulmanes practicantes no deben hacer ni recibir préstamos con intereses. Pero otro punto importante es que se desestimula la deuda en general. Además, los académicos e intelectuales islamistas detestan la idea de utilizar dinero para hacer más dinero. En cambio, creen que los flujos financieros deben estar atados a empresas productivas o al comercio, pues el dinero debería estar al servicio de la economía “real”. Esto es muy distinto de las ideas que se han apropiado de las finanzas occidentales en el siglo XXI, o de la banca en siglos pasados.

En el siglo XX algunos financistas islámicos comenzaron a construir estructuras financieras según estas ideas al, digamos, crear “bancos” para asumir riesgos. Recientemente los bancos occidentales como el Deutsche Bank, Citigroup y HSBC se han unido a la tendencia en el mundo islámico y han tomado prestadas innovaciones occidentales como la titulación, para maniobrar alrededor de las limitaciones islámicas.

Hay aspectos de esta actividad que parecen contradictorios, si no cómicos. Como sucedía con la iglesia medieval de Europa, hay un aire de hipocresía y de arbitrariedad religiosa. Sin embargo, a pesar de esto, el hecho es que los principios y la práctica resultan fascinantes. Finalmente, la idea de apoyar nuestro sistema financiero de forma más estable en la economía “real” y tangible, y en las empresas productivas, resulta más llamativa estos días. Asimismo lo es construir un sistema alrededor del capital, y no de la deuda. Un sistema con menos algodón de azúcar financiero. En efecto, quizá el tema más curioso aquí no es que los académicos e intelectuales islámicos estén promoviendo estas ideas, sino que otros grupos religiosos también las estén defendiendo. Sí, el nuevo arzobispo de Canterbury ha hecho un llamado para que los banqueros se comporten de una manera más moral. ¿Pero por qué la iglesia no criticó las finanzas más vehementemente antes de 2007? ¿Por qué nadie pide bonos cristianos para apoyar el gasto en infraestructura?

 

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