Los impulsores de la ciencia

Durante tres días, más de 1.500 estudiantes de todo el mundo mostraron sus trabajos científicos en áreas como ingeniería, energía o botánica.

Isamar Cartagena y Katherine Fernández ganaron en el ISEF en la categoría de Ingeniería Eléctrica y Mecánica./ Cortesía
Isamar Cartagena y Katherine Fernández ganaron en el ISEF en la categoría de Ingeniería Eléctrica y Mecánica./ Cortesía

Sus miradas no se detienen. En un par de segundos no sólo han reconocido los objetos más próximos, sino que los han estudiado, han entendido cómo funcionan y cómo podrían trabajar mejor. Para llegar saben que la mejor estrategia, la infalible y al mismo tiempo la más sencilla, es hacerse preguntas. Y perder el miedo a expresarlas en público. Y soñar con la mejor respuesta posible, aunque a simple vista parezca una improbabilidad. Una locura.

Como le ocurrió a Manuel Felipe Vásquez, que hace un par de años, cuando estaba terminando el colegio, se dio cuenta de que el sol se reflejaba siempre en las cubiertas de los carros y edificios de Medellín. “Me dije que era algo que se podría aprovechar”, comenta, y confiesa que su primera idea fue crear una pintura solar.

Ese proyecto fue transformándose con el paso de los meses, especialmente al notar que muchas de las rosas utilizadas en recepciones terminaban en las canecas de basura. “Mi proyecto consiste en hacer una celda solar de muy bajo costo”, dice, y explica que en el proceso utilizó tintas conductoras de energía extraídas de los pétalos de la flor. Su prototipo promete disminuir en 68% los costos de una celda tradicional, cuyo valor llega a ser hasta US$90 por metro cuadrado. La suya costaría entre US$17 y US$35.

El proyecto de Manuel Felipe hace parte de la selección de ocho que representó a Colombia en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería (ISEF), patrocinada por Intel y que concluyó ayer en la ciudad estadounidense de Phoenix, Arizona. Compitieron con más de 1.500 estudiantes de todo el mundo que presentaron proyectos en áreas como informática, botánica, ingeniería, medicina, energía y estudios sociales. La meta, más allá de hacerse a uno de los premios de la organización (su cuantía asciende a US$3.000 millones) o a los incentivos de los patrocinadores (como becas universitarias), es ganar el reconocimiento de sus iguales y demostrar que Colombia es mucho más que titulares de guerra, noticias de fútbol, realities y novelas.

Pero para llegar aquí hay que superar muchos obstáculos: financiación, colaboración, asesoría. Muestra de ello son Isamar Cartagena y Katherine Fernández, dos estudiantes de bachillerato de la Institución Educativa Juan N. Cadavid, de Itagüí, que se trajeron a la feria el Vibrasor, un dispositivo que emite señales luminosas y vibra tras captar sonidos en alta frecuencia. Está integrado a una manilla y su objetivo es advertir a los sordos de los peligros que pueden sufrir mientras andan por las calles. “Estar aquí y escuchar las opiniones de expertos es algo muy motivante, aún más por los años que hemos invertido trabajando en el proyecto”, dicen a través de María Paula Rivadeneira, su profesora e intérprete.

“Una parte muy importante de la feria es la presencia de los profesores. Así pueden comprobar que su trabajo y su esfuerzo pueden ser reconocidos y regresan con más motivos para preparar a los estudiantes a que realicen nuevos proyectos”, asegura Javier Firpo, director de Programas de Educación de Intel para América Latina. Su división no sólo financió la asistencia de los 60 proyectos que representan a la región, también ha impulsado diferentes iniciativas para transformar la manera de transmitir los contenidos en las aulas.

De eso puede dar fe Mauricio Gómez Cadavid, quien lidera las asignaturas de química y trabajo científico en la institución Presbítero Ernardo Montoya, de Copacabana, Antioquia. Gracias al proyecto liderado por Óscar, Jefferson y Sara, con el que buscan crear abono a partir de los residuos de las curtiembres, la idea de participar en la feria de 2013 ha llamado la atención de sus estudiantes. “Ya tenemos 15 proyectos para fortalecer”, admite.

Para otros participantes ha sido vital el apoyo y la asesoría de universidades, organizaciones públicas como Explora, de Medellín, y empresas privadas, que no sólo han permitido la comprobación de resultados en sus laboratorios sino que también han asistido a los estudiantes en la concreción de metas. “Yo quiero seguir con mi proyecto, aunque esté estudiando en una universidad. Quiero capacitar a otros estudiantes para que lleguemos a la fase final“, dice Saranyela Altamiranda, estudiante de grado once que busca transformar la cascarilla de arroz que se produce en la Mojana sucreña en una nueva fuente de bioetanol.

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* Artículo posible gracias a la invitación de Intel.