Los mercados siguen bailando al ritmo del dinero fácil

Las acciones de Estados Unidos están en un punto históricamente alto. ¿Qué pasará?

El único mercado con una señal visible de nerviosismo es el de los bonos del Tesoro a corto plazo de vencimiento./EFE

Con el límite para aumentar el techo de la deuda a tan sólo días (posiblemente), la mayoría de los actores del mercado están menos concentrados en el prospecto de un cese de pagos sobre la deuda del Gobierno y el posible cuestionamiento del dólar como la moneda con estatus de reserva internacional, que en el hecho de que el relajamiento cuantitativo está vivo y coleando. Pareciera que Ben Bernanke nunca hubiera pronunciado sus advertencias del 22 de mayo y la de junio, según las cuales habría una reducción en las compras de activos por parte de la Reserva Federal (Fed). Mentalmente hemos vuelto al 21 de mayo.

Las acciones de Estados Unidos están en un punto históricamente alto, con un aumento de 2,2% el jueves para llegar a tan sólo 33 puntos del cierre récord de septiembre, que fue de 1.725,52. En efecto, el único mercado con una señal visible de nerviosismo es el de los bonos del Tesoro a corto plazo de vencimiento, que se vendieron al tiempo que los actores en los mercados de financiación a corto plazo se negaban a aceptar bonos del Tesoro como colaterales a la deuda. No obstante, los bonos de referencia a 10 años del Tesoro apenas se han movido.

Cada vez que los fondos de apalancamiento y otros inversionistas se ponen a la defensiva y recortan el riesgo ante las incertidumbres, se han arrepentido de su posición prudente. Ellos, al igual que Chuck Prince, el exdirector ejecutivo de Citibank, han concluido que mientras siga sonando la música pueden seguir bailando al ritmo del dinero rápido, que implica mantenerse en acciones largas de Estados Unidos. El ánimo, en otras palabras, es muy distinto al de hace tan sólo dos años, la última vez que el techo de la deuda fue un tema importante. Desde ese momento, la Fed ha sido mucho más clara en su lenguaje con respecto a las bajas tasas de interés. Los mercados ya han aceptado su lógica circular: el rumor del prospecto de un recorte al relajamiento cuantitativo lleva a un apretón en las condiciones financieras, lo cual luego se convierte en una razón para que la Fed no recorte su programa de compras de activos. En efecto, esta semana Goldman Sachs publicó un informe reiterando su opinión de que la Fed no aumentaría sus tasas de interés hasta 2016, lo cual implicaría dos años más de liquidez y aumento en los precios de los activos.

Y por supuesto, no es sólo la Fed la que está cumpliendo con su parte en el aumento de los precios de los activos. Hay rumores de que habrá otra ronda de relajamiento cuantitativo en Europa, mientras el Banco del Japón sigue con su agresivo relajamiento y Australia acaba de recortar las tasas de interés.

Gracias a estas políticas, los fondos de apalancamiento están en una posición agresiva. Hace dos años no pasaban por una buena situación, pero ahora la mayoría de fondos, sean los de acciones largas, cortas o macro, están sentados sobre ganancias reales y sienten que pueden asumir más riesgo, porque eso es lo que los bancos centrales les dicen que hagan. ¿Quién quiere contradecir a la Fed en estas circunstancias?

“La Fed siempre está allí”, dijo esta semana en Singapur un fondo de apalancamiento con sede en Hong Kong, durante los márgenes de la conferencia mundial de fondos organizada por Goldman Sachs. “Es claro que no tolerará una caída en los precios de los activos. Si usted vende durante el relajamiento cuantitativo, lo verán como un idiota”.

Es posible, por supuesto, que todo se trate de un enorme cálculo erróneo. Obviamente, resulta temerario contar con que el Congreso de los Estados Unidos hará lo correcto. La complacencia del mercado ya se ha equivocado en el pasado reciente. Hay que recordar cómo lo hizo Lehman Brothers seis meses después de que orquestó la toma de JPMorgan sobre la atribulada y demasiado apalancada Bear Stearns.

Es posible que, a medida que siga el juego de la gallinita, los mercados comiencen a agotarse de una noche a otra, así como aquellos similares de financiación a corto plazo. Todavía no es claro si los fondos de dinero en el mercado tendrán que ponerle un precio claro a sus posiciones sobre esos bonos del Tesoro con vencimiento a cuatro semanas que nadie quiere aceptar como colateral a una deuda, por temor a que la situación no se resuelva antes de que venzan.

La falta de preocupación también se debe a que los mercados no son buenos para asignar probabilidades al riesgo de un cese de pagos. Con la mayoría de los riesgos es posible calcular un precio y luego descontar el valor presente de ese activo según la probabilidad de un desenlace dado. No obstante, resulta más difícil calcular la incertidumbre de un cese de pagos, con sus duros efectos binarios.

En el largo plazo, el espectáculo de la lucha política en Washington llevará a una discusión renovada en torno a la necesidad de tener un mundo con más de una moneda para las reservas internacionales. Por el momento, sin embargo, el mundo está resignado a la falta de competidores creíbles, a pesar de la música y el ruido que emana de los Estados Unidos.

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