Más reformas, menos austeridad

Los gobiernos europeos llamaron al ahorro y al ajuste del cinturón, pero todo indica que no ha funcionado. ¿Es el producto de seguir, como un ciego, al lazarillo equivocado?

Las protestas en Europa no paran. Los manifestantes no creen en los planes de austeridad. / AFP
Las protestas en Europa no paran. Los manifestantes no creen en los planes de austeridad. / AFP

Gran Bretaña y España alguna vez fueron a la guerra por la oreja cercenada del capitán de un navío. Los anales de los conflictos inusuales seguramente tendrán en su registro que la Guerra de la Oreja de Jenkins, en el siglo XVIII, fue un asunto menor en comparación a la actual Guerra del Error en el Código de la Hoja de Cálculo.

Los economistas están en el campo de batalla. Un lado ha afirmado tener pruebas de que una alta deuda pública sofoca el crecimiento. Los gobiernos europeos han acogido este llamado y han desatado una ola de austeridad en el continente. Ahora un ejército rival de académicos dice que los libros de estadística estaban errados. Parece que el daño puede fluir en la dirección opuesta, y que es el bajo crecimiento el que genera un aumento en la deuda.

Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, economistas de Harvard, han afirmado que una deuda que esté por encima del 90% del ingreso nacional generalmente se asocia con un crecimiento significativamente bajo. Esto implicaría que la única forma de retornar a la austeridad sería mediante profundos recortes.

Ahora, los economistas de la Universidad de Massachusetts Amherst dicen que los resultados reflejaban datos con un “error en el código”, y unos agregados cuestionables. Las evidencias no conducen a asumir que una deuda alta siempre implica un crecimiento bajo.

Yo sé de qué lado estoy, pero, luego de la desoladora experiencia de los últimos años (¿recuerdan cómo los economistas que pregonaban el capitalismo financiero liberal parecían poseer la piedra filosofal?), resulta tentador encogerse de hombros. Hacerlo sería un grave error. Esta pelea en especial amerita más que un suspiro conciliador. Más bien es otro recordatorio saludable de que la economía es demasiado importante como para dejarla en manos de los economistas. Pero más importante aún, le permite a los administradores públicos escapar a una ortodoxia fallida.

Una austeridad excesiva ha hecho que Europa se estanque en una depresión. A pesar de los agudos recortes en gastos y aumentos en los impuestos, la deuda sigue creciendo. Pudo haber terminado la crisis del euro, en el sentido de que se eliminó la amenaza existencial a la moneda; pero la crisis dentro del euro está apagando el consenso político a favor de la integración europea. El continente debe replantear su rumbo urgentemente.

La respuesta no es una nueva arremetida fiscal. Debe pagarse un alto precio por el gasto irresponsable y el boom de crédito, que condujeron a la crisis financiera mundial. No obstante, el cálculo y el ritmo importan. Debería otorgarse más tiempo para reducir su déficit a los gobiernos que han demostrado tener la determinación de aumentar el crecimiento económico a largo plazo con reformas en la oferta.

Durante los últimos dos años los políticos han valorado la credibilidad en los mercados por encima del desempeño económico real. Eso no ha funcionado. Los comercializadores de bonos como Bill Gross, de Pimco, ahora critican la austeridad, y defienden medidas para reencender el crecimiento; en esto Gross tiene razón.

La confusión actual, visible en los debates abiertos del Fondo Monetario Internacional, les otorga a los políticos y banqueros centrales una oportunidad para pensarlo mejor. La respuesta debería ser un cambio calibrado de política hacia una mezcla de reformas en la oferta, con fechas fiscales flexibles y un aumento de la inversión. Cuando el apretón fiscal afecte la demanda, debería haber políticas para expandir el potencial productivo.

Gran Bretaña está en serios problemas como la Eurozona. Luego de tres años de austeridad fiscal, la economía y el crédito están desfalleciendo. Las políticas diseñadas para seducir a los mercados financieros han sido recompensadas con rebajas en la calificación de la deuda. De forma inexplicable, el Tesoro ha estado recortando el capital de inversión que fomenta el crecimiento, mientras que aumenta los pagos de transferencias a los mayores de 65 años. La deuda de Gran Bretaña será mayor que la de Grecia.

Esto genera el espacio político para crear una nuevo acuerdo entre acreedores y deudores. La ventaja de un equilibrio explícito entre reformas más agresivas y fechas fiscales más flexibles, es que ofrecería un mensaje político más palpable para los electores, y generaría credibilidad en los mercados.

El aumento del desempleo en Europa no se debe tan sólo a una recesión. A menudo refleja mercados laborales calcificados, que rechazan a los jóvenes y que desalientan la inversión y la innovación. El aumento en la edad para pensionarse no sólo genera más crecimiento, sino también confianza en los mercados con respecto a la sostenibilidad fiscal, y fomenta el equilibrio entre las generaciones. El recortar los impuestos laborales, se promueve el empresariado y el empleo.

La educación y el entrenamiento en habilidades son elementos vitales para la competitividad. La modernización de infraestructura esencial puede asegurar un flujo de ingresos a largo plazo, en lugar de un gasto único. Lo que las circunstancias exigen ahora de los políticos es la confianza para liberarse de teorías económicas difuntas. Los economistas no siempre están equivocados y el problema no siempre se debe a datos dudosos. El error se genera cuando los administradores públicos le otorgan la certidumbre de una ciencia a una disciplina que está basada en la fe. Harían mejor si confían en el sentido común y las conductas que observan. El mayor servicio que la Guerra del Error en el Código de la Hoja de Cálculo podría hacerle a Europa sería poner de relieve esta simple lección.