Mesa interétnica envía mensaje de urgencia para hacer censo de población

La medición se ha demorado por el trámite que se le ha dado a la consulta previa con comunidades afro, con quienes el Gobierno ha tenido primero que acordar un espacio de concertación.

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Los países deberían renovar sus censos de población cada 10 años, según las recomendaciones internacionales. Tener cifras actualizadas es fundamental para la formulación de las políticas públicas, pero Colombia, con un posconflicto al parecer a la vuelta de la esquina, va un año tarde en esa tarea. Con la elaboración de un censo agropecuario, en 2014, cumplió 45 años después.

La Mesa Interétnica Censal, que reúne organizaciones representantes de comunidades afro e indígenas y a instituciones académicas, como lo ha reportado El Espectador, ha advertido la urgencia de una nueva medición y lo sensible que podría ser no realizarla pronto. De acuerdo con la Mesa, las personas afro en Colombia pueden superar el 20% del total de la población, casi el doble de lo que dice el censo de 2005 (Lea: “Consulta y recursos demoran el censo poblacional”).

Este martes, el llamado hizo eco en el diario El País, de España. “El Gobierno colombiano se ha pasado los últimos 10 años parcheando las estadísticas con la ayuda de una encuesta agropecuaria y cruzando datos de diversas administraciones públicas para “minimizar el efecto” que el tiempo ejerce sobre las proyecciones, explican desde el organismo de estadísticas”, escribió la corresponsal Ana Marcos en el artículo titulado “Las consecuencias de no renovar el censo durante más de una década en Colombia”.

La medición estadística se ha demorado por el trámite que se le ha dado a la consulta previa con las comunidades afro, con quienes el Gobierno ha tenido primero que acordar un espacio de diálogo y concertación. Asimismo, los recursos para llevar a cabo todo el operativo censal, que se calcula que puede costar alrededor de $300.000 millones, no se han dispuesto.

Un censo de población no sólo es diciente de qué tanto ha crecido o disminuido el número de habitantes de un país. Permite saber las condiciones de calidad de vida de las personas, es decir, qué hace falta y hacia dónde deben ir las políticas públicas. También puede dar cuenta de las formas como las personas se reconocen (blancos, mestizos, indígenas, entre otros) y, hurgando en las cifras, es posible incluso plantearse preguntas sobre qué tan incluyente es un país, si el racismo prevalece o si el nivel de vida puede estar determinado por aspectos como el color de la piel.

El asunto no es de poca monta, teniendo en cuenta que la población afro e indígena compone gran parte del total de colombianos que ha sido víctima del conflicto armado. Con eso en mente, saber los números y algunas de las características de estos grupos poblaciones será vital para la formulación de políticas.

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