La meta: 430.000 caficultores bancarizados

En la cédula cafetera se introdujeron servicios financieros hace casi 10 años. El reto de este año es la total bancarización de 80% de las familias caficultoras.

CortesíaCerca de 300.000 caficultores se han bancarizado en tres meses.
Una de las murallas más altas con las que se encuentran los campesinos colombianos al momento de querer aumentar la productividad de su tierra ha sido por años el acceso a servicios financieros. Mantenerse al margen implica rezagos. Para modernizar los cultivos y los procesos, como en cualquier empresa, se necesitan grandes sumas de dinero a las que a veces sólo se puede acceder a través de un crédito, uno de bajo costo, y que, además, se ajuste a los ciclos productivos. 
 
Una vez mejoradas las condiciones de un cultivo, lo ideal sería asegurarlo. Pero eso tampoco ha sido la constante. De cinco millones de hectáreas productivas que tiene el agro colombiano, sólo 150.000 están aseguradas. La Misión Cafetera, por ejemplo, ha dicho que para la competitividad de la caficultura es necesaria la introducción de la banca privada en la ecuación. 
 
De acuerdo con Finagro, sólo uno de cada 10 créditos se canaliza a través del segmento privado. El 90% restante corresponde al Banco Agrario, que de hecho lanzó recientemente una línea de créditos que se ajustan a los ciclos productivos de distintas actividades agropecuarias para que el agricultor tenga ingresos con qué pagar. Pero la participación de la banca privada sigue lejos de ser protagonista. 
 
Un caso de éxito de la introducción de los privados en el campo ha sido la cédula cafetera con servicios financieros. La tarjeta, destacada hace unas semanas por la alianza Better than Cash, que propende por la migración del efectivo a transacciones electrónicas, hoy funciona a través de una alianza con el Banco de Bogotá, entidad que afirma que 1,2 millones de personas se han  beneficiado de sus estrategias de inclusión financiera. 
 
La cédula cafetera ha sido tradicionalmente la identificación que tiene cada caficultor colombiano, que lo acredita como cafetero y que le da derecho a participar en los comités y que es la puerta de entrada a auxilios para la adquisición de insumos, entre otros. En 2006, a la cédula se adhirió un servicio financiero, un monedero electrónico, según Julián Medina, gerente financiero de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), para empezar a reducir la cantidad de efectivo que manejan los productores. 
 
“La cosecha cafetera del año pasado tuvo un valor de $5,2 billones que no se irrigan en las ciudades sino en el campo colombiano”, explica Medina. Aún con las menores condiciones de conectividad y corresponsales bancarios que existían hace casi 10 años, la estrategia se desplegó. “En cuatro o cinco o años la penetración llegó 420.000 cédulas cafeteras con servicios financieros”. Durante la ola invernal, los auxilios y cofinanciaciones que ofreció el Gobierno, por casi $90.000 millones, se desembolsaron a través de la tarjeta inteligente. 
 
El instrumento demostró su potencial en todo el proceso de renovación de 3.200 millones de árboles. A los caficultores se les dio un crédito para que pudieran hacer sus inversiones. “Estamos hablando de puro  microcrédito, de máximo $6 millones por hectárea”. Eso implicaba que los desembolsos tenían que ser en el momento justo de la práctica: desde el almácigo, la fertilización y los dos años mientras se da la productividad. El medio de pago eficiente era necesario pues ningún banco, de acuerdo con Medina, habría estado dispuesto a firmar pilas de pagarés. 
 
La Protección al Ingreso Cafetero, PIC, también se distribuyó de esa forma. “El 94% de los medios de pago del PIC fue la tarjeta cafetera inteligente”. Eso significó un ahorro en sólo la dispersión de los recursos de $19.000 millones, equivalente a 100.000 cargas en subsidio. Se repartieron $1,3 billones en casi 8 millones de transacciones, algunas que eran incluso por montos de $1.700. 
 
“El año pasado decidimos hacer un cambio y fue pasar de monederos electrónicos a cuentas de ahorro porque monedero electrónico no implica todavía bancarización”, asegura el gerente financiero de la FNC. La alianza con el Banco de Bogotá les permite tachar de la lista la barrera más grande: los costos, pues al cafetero no le cuesta usar el cajero y las transacciones tienen tarifas especiales. “El sueño es que el desarrollo de conocimiento de parte del banco respecto al cliente empiece a generar relaciones de confianza para el acceso a crédito”. 
 
En Colombia hay 560.000 familias cafeteras. De las 420.000 cédulas-monedero que había, 300.000 ya pasaron al modelo bancarizado. La meta de la entidad financiera es integrar a 130.000 nuevos caficultores al sistema. Julián Medina asegura que el proceso está acompañado de educación financiera para el buen manejo del dinero y evitar caer en manos criminales por el desconocimiento de los servicios.
 
La importancia del acceso del campo al sistema financiero ha sido abordada desde los gremios, la academia, y el mismo Gobierno la ha reconocido. La particularidad es que este es un sistema bancario que apunta cada vez más a la disminución del uso de efectivo, algo en lo que difícilmente se avanza, a pesar de los costos que tiene, por ejemplo, el cobro de cheques o de giros. Asobancaria así lo reconoce y ha atribuido la preferencia por el ‘cash’ a la alta informalidad, la ilegalidad y a las facilidades que presta para la evasión. 
 
“En Colombia llegamos a tener a principio de los años 90 usos del efectivo escasamente por encima del 30%, llegamos a una cifra del 34,12%, y en este momento estamos en case el 46%”, dijo hace pocos días Santiago Castro, presidente de Asobancaria, de cara al Congreso de Inclusión Financiera y Medios de pago, que se llevará a cabo los próximos 5 y 6 de marzo.