México, el actor del bloque

Tras varias décadas de enfocarse en el mercado norteamericano, las empresas mexicanas comienzan a captar nuevas oportunidades en Suramérica. El proceso también le permitiría al país aumentar su influencia internacional.

México es un actor regional reconocido en la industria automotriz y de autopartes. Gracias al nuevo bloque, diversificaría sus exportaciones en estos sectores. / 123rf

“Reglas acumulativas de origen”. Suena como uno más de los términos secos del derecho comercial internacional. Pero para los industriales mexicanos es la clave por la cual la Alianza del Pacífico tiene sentido. Así lo es para los autopartistas, un sector dominado por pequeñas y medianas empresas, para las que derribar las barreras comerciales tiene grandes beneficios potenciales.

Ahora serán capaces de exportar partes a, digamos, Colombia, para incluirlas en el ensamblaje de carros que se venden a Chile, algo que no habría sido posible bajo los términos de los actuales acuerdos comerciales bilaterales. “Como resultado de la alianza, las autopartes despachadas a Colombia son, en efecto, tratadas como si fueran producidas allí. Es una gran ventaja”, dice Eduardo Solís Sánchez, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (Amia).

No es fácil augurar el impulso que la Alianza del Pacífico, con Chile, Perú y Colombia, puede generarle al sector manufacturero mexicano. Ya es el principal fabricante mundial de televisores de pantalla plana, un jugador clave en la producción de teléfonos móviles y autos, además de una creciente industria aeroespacial; también ha abierto agresivamente su economía con la firma de más de 40 tratados de libre comercio con el mundo en las dos últimas décadas.

Sin embargo, Enrique Peña Nieto, presidente de México, destacó en febrero a la Alianza del Pacífico, después de que los mandatarios de los cuatro países acordaran eliminar de inmediato los aranceles para el 92% de los bienes, como “el más innovador mecanismo de integración que el país ha firmado en años recientes desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)”

Del universo restante, el 7% se eliminará en el mediano plazo, mientras que el faltante 1%, compuesto por productos agrícolas sensibles, se rebajaría en el término de 15 años, explica Vanessa Rubio, subsecretaria mexicana de Relaciones Exteriores para América Latina. “Esta alianza permitirá que nuestros productos ganen nuevos mercados”, añade. Las exportaciones mexicanas a los demás socios comerciales del bloque comprenden alrededor de US$9.000 millones.

“El libre comercio ha sido uno de los principios de la economía mexicana moderna, y será a través de él y de la competitividad que seguiremos creciendo”, dice Ricardo Salinas Pliego, uno de los principales industriales del país. Su conglomerado, el Grupo Salinas, opera en los sectores de banca, medios y retail a través de la región. Su operación latinoamericana más fuerte está en Perú.

A pesar de ello, Carlos Serrano, economista jefe del BBVA Bancomer en Ciudad de México, sostiene que el longevo énfasis de México en Norteamérica no se evaporará. “El TLCAN seguirá siendo el más importante tratado para el país. Gracias a él mantiene su principal relación comercial y su importancia seguirá consolidándose”, comenta refiriéndose al acuerdo firmado hace 20 años con EE.UU. y Canadá, y al presagio de que la histórica reforma energética mexicana dinamizará la expansión industrial de los sectores que exportan a estos mercados. Aun así, el peso manufacturero del país se complementa con las economías de sus nuevos socios comerciales en la Alianza, lideradas por los commodities.

“Es un apoyo adicional que es bueno tener. México puede aumentar sus exportaciones a los países del Pacífico y, de esa forma, diversificar su economía”, dice Serrano, recordando cómo el PIB nacional disminuyó 6,2% en 2009, un rendimiento peor que el de sus pares, después de la crisis financiera desatada en EE.UU.

México y sus socios en el nuevo bloque son aliados y competidores en ciertos mercados (Colombia también ensambla carros y tanto Chile como Perú, por ejemplo, exportan aguacates), pero “el principal beneficio” prevaleció después de “negociaciones muy intensas” en eliminación de aranceles, señala Rubio.

“Fortalecer los lazos con América Latina y abrir nuevos mercados es una cuestión de estrategia global”, dice Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, el gremio mexicano de lobby, quien anota que las exportaciones manufactureras del país fueron más altas que el total de las latinoamericanas. “Un país como México, altamente competitivo en industria, ayuda a balancear el peso de Brasil. Es una oportunidad grandiosa”, afirma, y añade que una lección del TLCAN que puede aplicarse a la Alianza del Pacífico es la creación de cadenas integradas de producción.

Rubio también resalta las crecientes oportunidades del bloque para las compañías que actúan en el sector de infraestructura. Pero más allá de la industria y el comercio, hay otra razón para el interés de México en el naciente bloque comercial: la política.

La alianza no sólo le ofrece a la segunda economía de la región la oportunidad de aumentar su influencia internacional al desempeñar el papel protagónico de lo que Peña Nieto llama “un referente de integración global”, también es una oportunidad para reforzar las relaciones en su patio trasero, en las que ha efectuado un desatraso de 20 años no sólo por medio del comercio, sino de becas para estudio y la eliminación de visas.

“Esto conduce a México hacia Suramérica. Esa es la dimensión de su importancia”, dice Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de pensamiento en Washington. “Hay una percepción grande de que el país ha estado tan enfocado en EE.UU. y Norteamérica que no ha visto al sur. Se ha aislado. México quiere tener más relaciones diversificadas y ser visto como un país latinoamericano. Tiene un sentido geopolítico”.

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