La Misión Cafetera: una mirada externa

Luchar por mayor transparencia, establecer metas para incrementar la eficiencia y aspirar a respuestas más innovadoras a la hora de enfrentarse a los retos, son buenas alternativas.

La cosecha de café de 2014 superó los 12 millones de sacos en Colombia. /Archivo - El Espectador
El informe de la Misión de Estudios para la Competitividad de la Caficultura en Colombia, sobre el estado del sector cafetero en Colombia (que es una acusación un tanto brusca contra los actores institucionales del sector), ha suscitado gran discusión entre los actores cafeteros dentro y fuera de Colombia. Una mirada básica limita el asunto a si el informe y sus recomendaciones son buenas o malas, justas o razonables.
 
Considero que las preguntas reales deben plantearse en términos más amplios. Como preámbulo, debo decir que en términos generales el informe muestra una visión de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) bastante pobre: no sólo la tilda de arrogante y sobrepolitizada, sino que afirma que la organización ha perdido su utilidad en varias instancias. En síntesis, el informe sugiere como solución descentralizar las actividades de la FNC, retirar a la organización de las actividades comerciales (privatizar) y sólo permitir el uso de los impuestos al café para fines específicos.
 
Considero que el informe, y cualquier acción que pueda tomarse como respuesta a las recomendaciones emitidas, plantea para Colombia la valoración del papel y el valor de la actividad institucional (en oposición a la simple actividad del mercado) en el sector cafetero. En su nivel más fundamental, el informe nos pide que creamos que los mercados no regulados proveerán las soluciones necesarias a todas las dificultades. De igual manera, sugiere que los asuntos sociales serán mejor atendidos por una combinación de magia de mercado y participación del sector público.
 
Tengo tres objeciones principales a estas conclusiones. En primer lugar, a la luz de las constantes revelaciones del sector financiero europeo y norteamericano de conductas ilegales y poco éticas en los mercados de acciones, tráfico de información privilegiada y manipulaciones del mercado, es sorprendente que cualquier persona racional siga abogando por soluciones puestas en manos del sagrado mercado.
 
En segundo lugar, y en mi opinión igual de apremiante, está la premisa de que la ineficiencia institucional en organizaciones como la FNC es intolerable. Considero que las ineficiencias son inherentes, como lo es toda actividad humana, pero esto mismo hace que sean tolerables. Esto no implica defender una aceptación complaciente de la mediocridad. Más bien, pareciera que un esfuerzo para incrementar la eficiencia, sin abandonar la misión central de la organización, es una aspiración razonable. Las medidas de éxito deberían ser apropiadas para el alcance de su trabajo, teniendo en cuenta la naturaleza de la organización.
 
En tercer lugar, la profunda trayectoria de éxito de la FNC a lo largo de los años, especialmente en la última década, es muy diciente. De hecho, sin el excepcional esfuerzo del Centro de Investigaciones del Café colombiano y el admirable alcance de las capacidades de extensión de la FNC, una combinación de radicales eventos climáticos y un hongo oportunista podrían haber conducido a la desaparición del sector cafetero colombiano. Como alguien que ha tenido el privilegio de viajar a varios países productores de café, puedo dar fe de que el productor colombiano promedio está en una posición mucho más favorable que la de sus contrapartes en otros países productores de café arábico suave, que no cuentan con una presencia institucional fuerte. Una persona razonable seguramente sugeriría que la probabilidad de que la incertidumbre climática continúe, sumada al hecho de que el sector seguirá enfrentando retos económicos, sociales y ambientales, indica que la mejor estrategia sería incrementar la inversión en investigación y en capacidad técnica.
 
Nuestras perspectivas toman el color de nuestros puntos de vista. El mío está influenciado por años de presenciar el profundo impacto de la disminución de las inversiones del sector público. Mi sugerencia a los responsables de las políticas públicas en Colombia es que consideren cuidadosamente las opciones a las que se enfrentan al abordar la evaluación de sus instituciones cafeteras. Luchar por mayor transparencia, establecer metas para incrementar la eficiencia y aspirar a respuestas más innovadoras a la hora de enfrentarse a los retos, son buenas alternativas a las cuales merece la pena dedicar esfuerzo, energía y mayor inversión.
 
 
*Director ejecutivo– Asociación de Cafés Especiales de Estados Unidos.