Monti, Letta y ahora Renzi, la anomalía italiana se intensifica

La leve recuperación económica no basta para volver a convocar elecciones.

Matteo Renzi.

Italia ha sido siempre un país anómalo en cuestiones políticas, basta recordar los 62 gobiernos en los últimos 69 años, pero con la justificación de la crisis económica y una enrevesada ley electoral se llegará a la insólita situación de tres primeros ministros consecutivos sin haber salido de las urnas.

Desde que los italianos eligieron en un referéndum en 1945 ser una República parlamentaria, se han sucedido 26 presidentes del Gobierno, y todo indica que Matteo Renzi será el número 27, pero además será el más joven de la historia con sus 39 años, y el tercero consecutivo tras Mario Monti y Enrico Letta que no sale de unas elecciones.

No es la primera vez que en la complicada, volátil y anómala Italia se produce esta situación, pues el léxico político del país ha producido gobiernos de todo tipo: "veraniegos", "para las reformas", "del arco constitucional", "de amplias o cortas alianzas" o de "solidaridad nacional".

"Eufemismos" utilizados por los políticos para dar vida a nuevos Ejecutivos para campear el problema del momento, como escribe en su artículo de opinión del Corriere della Sera, Pierluigi Battista.

La intensificación de la anomalía italiana se produce tras la explosión de la crisis económica mundial que en noviembre de 2011 se llevó a Silvio Berlusconi, empujado por una Bolsa de Milán que se hundía y la prima de riesgo que alcanzaba máximos históricos y amenazaba con colapsar al país.

Desde ese momento, Italia pasó a una especie de República presidencial en la que Giorgio Napolitano ha tomado todas las decisiones.

El 4 de diciembre, el excomisario europeo Mario Monti recibía el encargo de formar un Ejecutivo tecnócrata para sacar al país de la crisis económica.

Tras trece meses al frente de un Ejecutivo, que aprobó una controvertida reforma laboral y del sistema de pensiones y duros planes de ajuste, Monti, presentó el 21 de diciembre su dimisión después de que el partido de su predecesor, Silvio Berlusconi, le retirase la confianza.

Italia volvía así a convocar elecciones, pero la controvertida y enrevesada ley electoral definida incluso una "porcata" (cerdada) por su mismo relator abocaba de nuevo a la parálisis al país.

Los resultados de las elecciones del 24 y 25 de febrero de 2012 daban como ganador en la Cámara de los Diputados al Partido Demócrata liderado por Pierluigi Bersani, pero no contaba con la mayoría en el Senado.

Tras varios días de consultas, Bersani concluía que no podía formar un Gobierno y entonces Napolitano tenía que volver a meter la mano en la chistera para buscar una solución.

Pero convocar nuevas elecciones en un país aún inmerso en una dura crisis y con la misma ley electoral era un suicidio, pensaba el Jefe de Estado.

Las sorpresas no terminaron ese año, pues ante el inmovilismo y la falta de acuerdo para buscar una nueva figura institucional, Giorgio Napolitano, de 87 años, fue reelegido el 22 de abril de nuevo como presidente de la República, convirtiéndose en el primer Jefe de Estado de Italia que repetía mandato.

La primera decisión de "Rey Giorgio" para sacar del atolladero al país tras las elecciones fue encargar formar un Ejecutivo de coalición a Enrico Letta, de 46 años, vicesecretario del Partido Demócrata (PD).

300 días ha durado el Ejecutivo de Letta, que ha superado hasta dos votos de confianza tras el abandono del apoyo de Berlusconi, pero que al final ha caído abatido por el "fuego amigo" de un ambicioso y determinado Matteo Renzi.

La paradoja es que Letta deja el Ejecutivo en un momento en el que en Italia se comenzaban a ver los tímidos rayos de luz al final del túnel y bajo una lluvia de elogios por parte de la Unión Europea.

El Producto Interior Bruto (PIB) italiano volvía justo el día de su dimisión a ser positivo, con un + 0,1 %, según los datos del último trimestre de 2013, en lo que suponía que la economía avanzaba por primera vez tras 18 meses de recesión.

Además, la agencia Moody's elevaba de "negativo" a "estable" su panorama para la calificación de la deuda del Gobierno italiano, y las últimas subastas ofrecían tipos de interés con mínimos históricos.

La leve recuperación económica no basta para volver a convocar elecciones, ya que es necesario "afrontar lo antes posible el examen de la nueva ley electoral y otras reformas institucionales urgentes", como señaló Napolitano al aceptar la dimisión de Letta.

Ahora tocará a Renzi, quien ha firmado la nueva ley electoral que debe aprobarse en el Parlamento, pero son muchas las dudas de cómo el alcalde de Florencia podrá conseguir todos sus objetivos ya que contará misma coalición gubernamental con la que fracasó su compañero de equipo.

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