“Mucha gente no quiere trabajar por la dependencia a los subsidios”

Rosmery Quintero, presidenta de Acopi, habla de la necesidad de formar talento humano y que se integre al sector productivo para el cierre de brechas.

Rosmery Quintero, presidenta de Acopi. Cortesía

El sector empresarial colombiano está compuesto en cerca de 95% por pequeñas y medianas empresas (pymes). Desde distintos sectores se ha hablado de su papel en la formalización laboral y la necesidad de potencializarlas de cara a la caída de los precios del petróleo. Pero, qué falla, qué falta, y también en qué se ha avanzado. En diálogo con El Espectador, responde Rosmery Quintero, presidenta de la Asociación Colombiana de Medianas y Pequeñas Industrias (Acopi). 

¿Cómo evalúa el ambiente que tienen hoy los micro, pequeños y medianos empresarios?

El empresario pyme siente que se necesita alinear muchos aspectos, por ejemplo los recursos de Innpulsa y Colciencias. Sentimos que las convocatorias y la aprobación de los recursos para poder comenzar a ejecutar un proyecto con financiación todavía es un proceso muy lento. Desde el punto de vista de logística, siguen pesando mucho los costos logísticos en el país. Un 23% del PIB se va en costos logísticos, mientras en Chile sólo alcanza el 18%. Desde el punto de vista de competitividad, si bien uno diría que estamos bien porque por varios años hemos sido un país atractivo, eso es relativo. Colombia todavía ocupa el puesto 66 en el Índice Global de Competitividad, estamos por debajo de países latinoamericanos como Chile y Perú. Por lo menos deberíamos estar a ese nivel.

¿Cuáles son sus expectativas con el Plan Nacional de Desarrollo? 

Dentro del plan de desarrollo se contempla, aunque una cosa es contemplar y otra ponerlo a operar, que va a hacerse mayor presencia en las regiones. Se habla de fortalecer los sistemas regionales de competitividad de la mano del sistema de ciencia, tecnología e innovación. Reconocemos que eso es una gran necesidad porque mirando el fondo de por qué Colombia no ha llegado a un nivel adecuado de competitividad, gran parte del problema está allí. Cada región tiene una vocación, unas necesidades específicas, y eso es lo que hay que explotar. Pero nos preocupa qué tan ágilmente vamos a poder integrar los sistemas regionales de competitividad con el trabajo de ciencia, tecnología e innovación, los dos sistemas se van a convertir en un gran sistema. Son dos sistemas que en cierta forma no tienen dientes, no tienen los recursos suficientes, eso nos preocupa en gran medida, a pesar de que es el camino que hay que recorrer.

Se está hablando de que Procolombia asuma un trabajo muy importante apoyando a pymes para que puedan exportar. El Plan Nacional de Desarrollo tiene contemplado 1.000 empresas pymes exportando en el cuatrienio, pero resulta que para este año sólo comenzaron con un piloto de 30 empresas. Te faltarían 970 empresas. El presidente Santos en una reunión a la que asistimos con el Consejo Gremial habló de implementar una especie de microgerencia con las empresas exportadoras. Si uno tiene una empresa que exporta, va a visitarla directamente el Ministerio de Industria y Comercio y le preguntan qué necesita para exportar a más países. Uno dice por ejemplo: “Necesito hacer reconversión tecnológica, hacer el plan exportador para esos países”. Lo que necesite, el Gobierno lo va a proveer, pero todavía no sabemos cómo va a ser ese “proveer” porque está la gran limitante de que los recursos no están siendo suficientes sobre todo con la baja del petróleo.

¿Cuál puede ser el papel de las pymes ante la caída de los precios del petróleo? 

Yo no diría que sólo las pymes sino cualquier empresa, de diferentes tamaños, tenemos que mirar la devaluación del peso como una oportunidad para poder exportar. Así como el sector importador logró aprovechar varios años de un dólar bajo e importó, fortaleció, expandió sus empresas, hizo reservas, que es muy importante, trabajó nuevos mercados, hizo reconversión tecnológica, hoy las empresas tienen que mirar la opción de exportar. Pero es muy importante mirar los costos de producción, enfocarse más en la eficiencia productiva. Muchos empresarios se concentran a lo tangible, cuando el capital humano y el conocimiento, si los saben aprovechar bien, los pueden llevar a un mejor nivel de productividad y competitividad. Es el momento de que los empresarios se dediquen más a la investigación y el desarrollo tecnológico. Lo que hacen los empresarios es comprar maquinaria sin preocuparse de patentes, sin hacer desarrollos tecnológicos propios. Hoy las universidades tienen muchos grupos de investigación con buenas calificaciones que fácilmente pueden transferir todo ese conocimiento y esas investigaciones para que el sector productivo los explote en el buen sentido de la palabra.

¿Cuántas empresas están innovando?

Según cifras de Planeación Nacional, el porcentaje de empresas manufactureras, que son las que más permiten hacer grandes desarrollos tecnológicos, catalogadas como no innovadoras se incrementó del 60,5% del 2010 al 73,6% entre 2011 y 2012. Ahí juega un papel importante Colciencias, por eso es importantísimo que la fusión de los sistemas nacional de competitividad y el de ciencia, tecnología e innovación sea la mejor. Esa puede ser nuestra tabla de salvación para generar la dinámica que las regiones requieren. 

¿Cuántas pymes están exportando?

Esas cifras no las tengo porque muchas veces las pymes exportan indirectamente. Hay una meta en innovación. En estos momentos tenemos 1.983 empresas en línea base como innovadoras, las meta es 2.700 entre 2010 y 2018. Son cifras del DNP. Empresas que exportan de manera constante en los últimos tres años tenemos en total 3.170 y se quieren llevar a 4.170. 

¿En qué les está yendo bien a las pymes?

En una investigación que yo hice para una maestría me quedé sorprendida con que en la formación del talento humano las pymes están muy bien, eso ha cambiado sustancialmente. Por ejemplo en aprendizaje individual, colectivo, que es la base para todo un proceso de aprendizaje organizacional, para luego hablar de innovación, estamos muy bien en cuanto a la calidad del recurso humano que estamos contratando, y en el nivel de formación tampoco estamos mal. El nivel de formación de los operarios, la mayoría son técnicos, tecnólogos. Más que antes que apenas llegaban a bachiller. A nivel gerencial tenemos doctores, magíster, no sólo profesionales como hace algunos años, y en el nivel de mando medio también tenemos la gran mayoría profesionales. 

¿Y en materia regulatoria?

Colombia no puede ser un país de puras normas, leyes y reglamentaciones permanentes, de una manera no planificada, de inestabilidad y generación de tanta normatividad para que lo cumpla el sector empresarial, así estemos de acuerdo con que Colombia entre a las grandes ligas con la OCDE. A las pymes por capacidad de reacción, para implementar una norma, les queda difícil, por recursos humanos, condiciones económicas. Tenemos que simplificar el sistema. Desde el Ministerio de Trabajo hay una normatividad (el decreto 1443 de 2014) de salud ocupacional y seguridad industrial. Resulta que los primeros que van a tener que cumplirla son los microempresarios, una empresa de cinco trabajadores haciendo un plan de esos.  El régimen sancionatorio ya está a pesar de que el Ministerio de Trabajo todavía no tiene un esquema para ofrecer acompañamiento a las empresas. Incluso se hizo hace como tres semanas una reunión con todas las ARL del país y todavía no entienden cómo van a apoyar que las empresas implementen. Es lo mismo que está pasando con las Normas Internacionales Financieras. Como el país no estaba preparado para cobrar los impuestos con el sistema internacional nos extendieron el tiempo a cuatro años. Si uno se pone a cuantificar el costo administrativo de llevar dos sistemas, eso es plata. 

En definitiva, ¿qué esperan del Gobierno para el cuatrienio?

Diría como último mensaje que independientemente de los esfuerzos que puedan hacerse desde el sector privado, cuando hablamos de competitividad hay un grueso de condiciones que las debe colocar el gobierno nacional, y no es verlo como que el sector privado quiere generar una dependencia de lo público, porque para eso el sector privado paga suficientes impuestos. Es como un derecho adquirido y si como país queremos crecer y cerrar brechas, hay que apuntarle al sector productivo. Nos preocupa el asistencialismo. Tenemos un afán de cerrar brechas sociales con subsidios por todo lado, pero si uno analiza el impacto de ese sistema de subsidio que hoy tenemos, por cuántos años más vamos a poder sostenerlo. Cada vez que pasa un periodo las metas se nos van aumentando cuando podría ser a la inversa, se debería más bien generar formación. Si yo le doy un subsidio a 20.000 familias, esas familias en determinado número de años debió haber salido de la pobreza y hoy deben tener un mejor perfil para vincularse al sector productivo y generar su propio sustento. Tenemos que medir que hay mucha gente ahora que no quiere trabajar por la dependencia que le ha generado el nivel de subsidio que el país tiene.

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