Negocios para la paz

La Organización de las Naciones Unidas eligió a Colombia para hacer el lanzamiento de la estrategia que promueve el diálogo dentro del sector empresarial. Expertos internacionales analizan el panorama.

Melissa Powell, directora de estrategias y alianzas del Pacto Global de las Naciones Unidas, hizo en Colombia el lanzamiento oficial de Business for Peace. / Óscar Pérez

Desde su sede en Nueva York, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hizo hace trece años el lanzamiento del Pacto Global, un programa que busca que las compañías cambien la forma como abordan los negocios y al que hoy pertenecen 8 mil empresas de 140 países, 400 de ellas colombianas. Hace un mes la iniciativa desarrolló la estrategia Business for Peace (Negocios para la Paz), que pretende comprometer al sector privado en la contribución a la paz.

El Espectador habló con Melissa Powell, directora de estrategias y alianzas del Pacto Global de las Naciones Unidas. “Negocios para la Paz está basado en diez principios que tienen que ver básicamente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, trabajo, medio ambiente, anticorrupción y otros que han acordado los gobiernos internacionales sobre convenciones. El secretario general hizo el lanzamiento para el mundo en septiembre y, a nivel de país, Colombia es el primero".

 Los pactos globales tienen 101 redes que contribuyen en este tema a nivel local. La relevancia que dentro del contexto colombiano tiene la red local los llevó a pensar en el país como la primera opción para desarrollarlo. Sin embargo, esperan que en el próximo año sean muchos más los que desarrollen la idea. “Colombia es uno de los 16 países del pacto global que se han comprometido e involucrado con el Business for Peace. También están México, Sudán, India y Pakistán”, agregó Powell.

Pero, ¿cómo pueden las compañías trabajar para la paz? “Lo hacen a través del desarrollo de infraestructura, capacitaciones que brindan a excombatientes para que puedan acceder al mercado laboral, reubicación de campesinos que han sido desplazados por el conflicto, mejora en la capacidad de los agricultores y a veces en el simple hecho de la transparencia con que hacen sus negocios. Muchas empresas ya están aportando a la paz sin saberlo”.

Gonzalo Murillo, coordinador nacional de la Red Nacional de Programas Regionales de Desarrollo y Paz, considera que esa fusión debería llamarse Alianzas Público Privadas Sociales, donde realmente incluyan a las comunidades indígenas y afrodescendientes con la cultura y tradición que por años las han identificado. “Esas poblaciones tienen formas de vida que se deben respetar y proteger. No podemos llegar allá con proyectos porque responden a iniciativas económicas o acuerdos internacionales, atropellando sus raíces”.

Asegura también que para que las propuestas se articulen de manera armónica deberá existir una nueva lógica de construcción de desarrollo favorable para la paz que tenga en cuenta la opinión de los pueblos, “las comunidades están diciendo considérenos como socios, y si esto pasa sería algo inédito en el país, un país pluriétnico y multicultural. En el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se habla de la participación en beneficio para que las comunidades hagan parte de los proyectos de infraestructura”.

¿Y los empresarios sí estarán interesados en trabajar para la paz? Rafael Grasa Hernández, presidente del Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP), afirma que en este momento las encuestas de opinión dejan claro que ellos siempre han estado ahí como actores activos y que la mayoría apuesta por el proceso. “Los empresarios son algo más que gente que va a aportar plata, algo más que gente que va a tener que ocupar a reintegrados, y eso es lo que la sociedad debe entender”.

“Contribuyen a la paz, primero porque va a reducir los costos directos e indirectos de la violencia, y eso es importante debido a que parte de los impuestos que pagan tienen que ver con los esfuerzos de seguridad y de defensa, que bajarían claramente. Segundo, porque es una oportunidad de negocio internacional y tercero porque reconocen que construir la paz en una nación después de 50 años de guerra significa juntar participación política, seguridad y desarrollo”, añadió Grasa. Y en cuanto al impacto que puede generar la unión de los sectores público y privado en la consecución de la paz, Grasa asegura que si los acuerdos funcionan, en cuatro o cinco años Colombia puede ser uno de los 20 países más importantes en el Pacto Global de las Naciones Unidas.

 Pero los resultados positivos no sólo se avizoran en términos cualitativos. Las cifras también demuestran que el trabajo en conjunto para conseguir la paz es uno de los factores que más atraen la atención de los inversionistas que ya están y de los que quieren llegar al país.

Así lo afirmó el 30 de septiembre en entrevista con El Espectador Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda y Crédito Público. “Estamos buscando una solución definitiva y hay un debate sobre cuál es el beneficio económico si logramos la paz. Ninguno de los cálculos existentes dice que ese dividendo podría ser menor al 1% en el crecimiento. Eso se basa en múltiples estudios de productividad. Y si entonces tomamos el 5,4% del que hablamos, estaríamos diciendo, sin estar construyendo escenarios optimistas, que será por encima del 6%”.

De igual forma, el senador Roy Barreras afirmó que sería muy importante, porque “Colombia gasta $27 billones anuales en la guerra, $73.000 millones diariamente. ¿Usted se imagina ese dinero invertido en el campo, en proyectos productivos? Estaríamos hablando de otra Colombia”.

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