“No existe comunicación con las comunidades”: Mike Elliot

Según Mike Elliot, en cinco años el país tendrá un sector igual de fuerte que el de Chile.

Mike Elliott, líder global de minería y metales de Ernst&Young, fue invitado al país por la Asociación Colombiana de Minería. / Gustavo Torrijos
Mike Elliott, líder global de minería y metales de Ernst&Young, una de las firmas más importantes del planeta en análisis de mercados, visitó el país. Su objetivo: hablar sobre las perspectivas de este sector como invitado del congreso nacional del gremio.
 
Según el australiano, Colombia es un gran destino para la inversión extranjera en la extracción de metales, pero aún se encuentra en su fase inicial y jurídicamente debe avanzar para ser más estable.
 
En sus tres visitas, en tres períodos distintos y con un lapso importante, ¿cuáles son los cambios que ve en el país?
Con la bonanza y los precios altos las compañías tenían la posibilidad de hacer inversiones más riesgosas porque el costo no era tan alto con respecto a los que ganaban, pero hoy el margen es más pequeño y es más difícil invertir en este sector.
 
¿Se está reduciendo la inversión en el sector minero?
En el mundo las inversiones están disminuyendo. En este momento hay mucha oferta, pero no hay quién demande. No se trata de que no haya inversión, sino de que hay que lograr vender lo que cada quien tiene.
 
¿Qué relación hay entre el fin del superciclo y la necesidad de que las empresas sean más productivas?
Antes, la productividad no era muy importante porque había un margen muy alto de ganancia, pero hoy, como los precios han caído, se requiere mayor eficiencia, reducir costos y las empresas no pueden correr tantos riesgos.
 
¿Los altos precios, entonces, fueron una “luz cegadora” para las empresas? ¿Se redujo la eficiencia?
Una de las grandes lecciones que dejó la caída de los precios es que el mercado no permite que todos, y al mismo tiempo, inviertan en lo mismo. Hay que buscar estrategias para no llevar a cabo las mismas acciones. Esperamos que las compañías sean más conscientes de la eficiencia y de la reducción en los costos de producción para que cuando volvamos a subir no sólo piensen en las ganancias.
 
¿Cuáles son sus perspectivas sobre los precios?
No creo que vayan a subir hasta donde estaban antes, pero lo que se está haciendo es mantener la cantidad de producción para no perder la demanda. Es un negocio cíclico que sube y baja, aunque esperamos que en 2017 vuelvan a subir.
Para ser más productivos se necesitan trabajadores más capacitados, y en Colombia es muy difícil conseguirlos. 
 
¿Qué tanto afectó esta situación a la industria?
Las minas son cada vez más avanzadas, más técnicas y automatizadas, y acá no hay trabajadores para operarlas. Hay muchas minas que recién están arrancando y no es tarde para capacitar a los trabajadores, tanto el Gobierno como las empresas mineras deben empezar a pensar cómo educar a las comunidades que tienen potencial de ser mineras, porque si no, cuando las minas estén listas para entrar en funcionamiento, habrá que buscar trabajadores de otras partes del mundo.
 
¿Cómo impactan los precios de servicios como la energía y la luz?
Los precios están subiendo, y las empresas están tratando de consumir menos para reducir costos. También puede ser una manera positiva para que las compañías aprendan a regular el uso de agua o luz para gastar menos dinero. Este sector gasta mucho por este consumo comparado con el agrícola, pero en éste se utilizan mayores cantidades de agua o de luz.
 
En su escala de prioridades pasó a un segundo puesto el acceso a capital, mientras que la productividad quedó en el primero, ¿por qué ese movimiento?, ¿la dificultad de conseguir inversión en este momento no debería ser una de las preocupaciones?
Colombia, por las exploraciones que se han hecho geológicamente, es muy atractiva para la minería, pero la otra parte, la de las regulaciones y las comunidades, está más avanzada, tiene políticas más favorables para realizar esta activad. Colombia ha mejorado, pero hay que mejorar más.
 
En Colombia se habló de la “locomotora minera” como una de las jalonadores de la economía de Colombia, y eso no ha sido posible hasta ahora, o por lo menos no en la medida que se esperaba.
 
Se necesita paciencia. Entre que usted está explorando y comienza a sacarle rentabilidad, una mina puede demorar diez años. Desde hace cinco años es que están en exploración y falta un poco más para que entren en producción. Hay que tener paciencia, porque ya están en proceso. Para estar en el mismo nivel que Chile o Perú, Colombia tiene que demostrar que tiene varias minas funcionando, que estén estables y que el Gobierno ayude a los inversionistas a desarrollar sus sectores.
 
¿Se arriesgaría a dar un estimado de cuándo Colombia podría convertirse en un país minero?
Para estar en esos rangos tiene que tener una historia de funcionamiento que supere los diez años. Lo que hay que hacer, primero, es estabilizar las políticas y los impuestos, y garantizar que así se van a mantener.
 
En Estados Unidos, el siglo pasado, la fiebre del oro logró un desarrollo sin igual para ese país, pero también fue uno de los hechos históricos donde más personas murieron alrededor de la actividad minera. ¿Qué garantiza que no se repitan estos tipos de hechos en la actualidad?
Colombia tiene compañías con un desempeño bueno y una excelente reputación. A parte de trabajar acá, ellos quieren que las comunidades estén de acuerdo con esta actividad y estén involucrados en ella. Hoy hay un control de las autoridades y los procesos están automatizados. Sin embargo, hay minería legal e informal, y es ahí donde se pueden presentar situaciones, porque no se siguen los reglamentos de las empresas vigiladas y no tienen buenas relaciones con las comunidades. Esto es lo que el Gobierno tiene que mirar.
 
No obstante, las compañías también tienen problemas con los que pueden afectar los entornos sociales y ambientales. 
Todas las compañías tratan de hablar con responsabilidad y cumplir con las exigencias legales, y también cometen errores. Asimismo se cambian los reglamentos de un momento a otro y una empresa puede tardar en cambiar su proceso para cumplir las reglas.
 
¿Qué opina de que se esté examinando la consulta previa, la única herramienta que tiene una comunidad para determinar el destino de su territorio?
Ese es un buen ejemplo del riesgo que hay de invertir en Colombia, porque no existe comunicación con las comunidades. El Gobierno debería ser un aliado en este proceso y no una entidad en la mitad del proceso entre las comunidades y las empresas. No debería ser un objeto tan activo.

 

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