Nuevos rostros financieros

La innovación en las finanzas tiene mala fama. Sin embargo, hoy, novedosos modelos empresariales proliferan, y la mayoría tiene un compromiso con el bienestar de los clientes.

Novedosos sistemas de banca móvil están marcando la pauta en el mundo. Por ejemplo, la compañía Toot, de Malasia. / AFP
Novedosos sistemas de banca móvil están marcando la pauta en el mundo. Por ejemplo, la compañía Toot, de Malasia. / AFP

Durante los últimos cinco años hemos estado envueltos en los problemas de las viejas finanzas. Los esfuerzos de los financistas, políticos y supervisores han estado enfocados en solucionarlos. No obstante, es posible discernir los contornos de unas nuevas finanzas que en buena medida existen sin la ayuda del gobierno o de otros financistas.

La innovación financiera tiene una mala fama, y por buenos motivos. Hay poco de esto en las grandes instituciones que generaron el derrumbe de 2008. En cambio las nuevas compañías están utilizando nueva tecnología para observar cada parte de los servicios que ofrecen los grupos financieros, en un intento por ofrecer una nueva manera de hacerlo.

La tendencia es clara, y esta semana obtuvo una conferencia de dos días titulada “El futuro de las finanzas”, en la Universidad de Oxford. Llegan las nuevas finanzas, ¿qué pueden lograr?

Ahora los pagos pueden hacerse directamente mediante teléfono móvil, sin involucrar a un banco. Un grupo llamado M-Pesa ha iniciado el comercio en el oriente de África y generó el encantador prospecto de que los sistemas de pagos, que nunca puede permitirse que fallen, deberían separarse de los sobredimensionados bancos que los controlan.

Más allá del sistema de pago, los préstamos ahora pueden ser reunidos en masa, incluso cruzando fronteras, como las redes de pares, que ofrecen a los emprendedores la oportunidad de reunir dinero sin tener que acudir a inversionistas o a bancos. Kickstarter, una red con base en Nueva York para reunir fondos que financien proyectos de arte, ha conducido US$636 millones hacia 42.000 proyectos desde 2009. Son cifras lo suficientemente grandes como para demostrar su viabilidad.

Los modelos empresariales también están proliferando. All Street, un grupo sin ánimo de lucro con sede en Londres, que tiene el objetivo de apoyar financiamiento alternativo, tiene en sus listas de forma separada a grupos de pares por dinero, ganancias, donaciones, finanzas comerciales y préstamos personales y de la compañía.

Cuando se trata de divisas alternativas, los modelos van de la “banca de tiempo” basada en comunidades, en la que una hora de servicio comunitario le permite una hora de ayuda de alguien más, hasta las divisas virtuales, divisas comunitarias, que están a la oferta en lugares tan variados como Bristol, en Inglaterra, e Ítaca, en Nueva York, y divisas para juegos de internet.

En el modelo de finanzas que resultó desacreditado en 2008, los distintos servicios que alguna vez ofrecieron los bancos resultaron eliminados por los mercados de capitales. Los funcionarios encargados de los préstamos cedieron su poder de fijar precios a los corredores, en áreas tan tituladas como las hipotecas, el mercado de fondos de divisas y el papel comercial.

Las instituciones financieras mismas se hicieron cada vez más grandes, a medida que las operaciones del mercado se benefician de economías a gran escala. Pero ahora los corredores están bajo una amenaza por parte de la masa, pues pueden democratizar las finanzas con la tecnología que permitió crecer a las redes sociales.

Todo esto está emergiendo de forma independiente en el mundo, al tiempo que las viejas finanzas se relamen las heridas.

No obstante, ¿se puede confiar en la mano invisible del mercado para que diseñe un nuevo sistema? Es fácil que una calumnia se vuelva cierta por la fuerza de la repetición en Twitter, por ejemplo.

Una segunda preocupación es si un sistema financiero atomizado es realmente deseable. Muchos (entre ellos yo) creen que un problema crítico con el viejo régimen fue la falta de un papel para ejercer el juicio o la confianza. Los funcionarios encargados de los préstamos, que aprobaban préstamos “subprime” a personas que no podían pagarlos, no estaban preocupados por el riesgo de un cese de pagos. En cambio, a medida que se empaquetaba la hipoteca, se titulaba y se vendía a los inversionistas, el riesgo se vendía también y se desplazaba.

No queremos un nuevo modelo en el que los financistas sigan pensando que su trabajo es tan sólo realizar una serie de transacciones, sino como un compromiso con el bienestar de sus clientes. Así que los gobiernos deben estar alerta. Por ahora su papel es claro: reducir las barreras para entrar y permitir experimentos.

La experimentación en nuestro sistema actual sería demasiado peligrosa, porque las instituciones que lo dominan son demasiado grandes para fracasar.

Mientras que las instituciones siguen siendo pequeñas, no hacen falta barreras para salir. Si no pueden persuadir a los clientes de que reciban su dinero, debería permitírseles fracasar.

Los gobiernos deberían echarse atrás, ver qué funciona y eliminar lo que no. Lo mismo debería hacer cualquiera que busque una oportunidad de inversión.

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