La otra cara de los Brics

A pesar de ser catalogados como el nuevo orden hace cinco años, su situación actual inspira temores.

Christine Lagard, directora del FMI (centro) , se reunió esta semana en Tokio con representantes de las economías  Brics: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Christine Lagard, directora del FMI (centro) , se reunió esta semana en Tokio con representantes de las economías Brics: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.AFP

Durante los últimos tres años la sabiduría convencional dividió a las grandes economías del mundo en básicamente dos grupos: los Brics y los enfermos. Los Estados Unidos y la Unión Europea estaban enfermos, pues lidiaban con un alto desempleo, bajo crecimiento y deudas escalofriantes. Por otro lado, los Brics (Brasil, Rusia, India, China y, para algunos, Sudáfrica) eran más dinámicos. Los inversionistas, hombres de negocios y políticos occidentales, hicieron peregrinajes frecuentes a estos países para dilucidar el futuro.

Sin embargo, ahora parece que sucede algo extraño. Los Brics se encuentran en dificultades. La naturaleza del problema en cada nación es distinta, pero hay algunos inconvenientes que los ligan. Primero, a pesar de los esperanzadores comentarios en torno a “la separación”, están siendo afectados por la debilidad de las economías occidentales. Segundo, las cinco naciones están dándose cuenta de que la corrupción endémica está erosionando la fe en sus sistemas políticos e imponen un impuesto sobre sus economías.

China sigue siendo el papá de los poderes emergentes. Es la segunda economía más grande del mundo y fácilmente el Bric que crece con la mayor rapidez; sin embargo, se siente más incierto que hace muchos años sobre su futuro económico y político. Como lo dijo un amigo chino hace poco: “Nuestra economía está desacelerándose rápidamente, nuestro próximo líder ha desaparecido y estamos enviando barcos hacia Japón”. Xi Jinping ha reaparecido de manera tan misteriosa como desapareció en un principio. No obstante, las tensiones políticas siguen siendo altas, pues está por iniciar el juicio de Bo Xilai y un importante congreso del partido.

Una China que desacelere tendrá un efecto dominó sobre los otros Brics, pues hoy es el socio comercial más grande de Brasil, India y Sudáfrica. El crecimiento del Brasil ha caído particularmente rápido. Llegó a 7,5% en 2010, el año después de que Río de Janeiro fuese nombrada la ciudad sede para las Olimpiadas de 2016. Este año la economía probablemente crezca menos de 2%.

En cuanto a India, cuando visité el país hace un par de semanas, un importante empresario me dijo que los negocios allí estaban padeciendo una “depresión clínica”. El crecimiento, que llegó a 9% antes de la crisis financiera, está poco más que sobre el 5%. Durante el verano, el país recordó sus debilidades a causa del apagón eléctrico más grande del mundo, que afectó a más de 600 millones de personas. El sistema político parecía paralizado y el proceso de reforma económica no avanzaba. Un par de anuncios recientes han elevado las esperanzas de que puedan reiniciar las reformas; sin embargo, la exuberante confianza de hace algunos años ha, en gran parte, desaparecido.

Rusia también tiene problemas. El regreso de Vladimir Putin al Kremlin provocó protestas masivas en Moscú y la revolución del gas de esquisto en los Estados Unidos es potencialmente desastrosa para Rusia, pues reduce el precio mundial. Su banco central predice que el país padecerá de un déficit corriente para 2015. Los dos pilares del sistema Putin, una clase media complaciente y una cascada de dinero proveniente del petróleo y el gas, comienzan a verse frágiles.

Jim O´Neill, economista de Goldman Sachs que inventó el término ‘Brics’, ha argumentado que la economía de Sudáfrica no es lo suficientemente grande como para estar junto a las otras. Pero el país ha asistido a las dos últimas cumbres de los Brics y será el anfitrión de la próxima.

Si los nuevos rasgos distintivos de los Brics son una economía debilitada y un escenario político disfuncional, Sudáfrica se ha ganado su lugar entre ellos. Su industria minera está plagada de huelgas violentas y probablemente genere la pérdida de miles de trabajos durante el próximo año. El crecimiento probablemente caiga a menos de 3% y la falta de liderazgo de Jacob Zuma genera una profunda ansiedad.

No hay una línea que vincule el descontento en las minas de platino de Sudáfrica, los problemas en las fábricas chinas, los apagones en India, las protestas en Moscú y las investigaciones por corrupción en Brasil; pero hay muchos temas comunes a los problemas de los Brics. Primero, fueron prematuras las afirmaciones de haberse “separado” de Occidente. La UE sigue siendo, colectivamente, la economía más grande del mundo. La recesión que se padece allí y el lento crecimiento en Estados Unidos inevitablemente afectan a todo el mundo.

Segundo, todos los años de rápido crecimiento no han generado armonía política en los Brics. El tema común a todos estos países, sean democracias o autocracias, es que la política está protagonizada por la furia que generan en la ciudadanía los escándalos de corrupción. Esto hace que los políticos e inversionistas estén preocupados por una potencial inestabilidad.

¿Así que los Brics fueron una historia de hadas? En realidad no. Es cierto que la visión extrema de la historia, llena de oportunidad y optimismo, era ridícula. Pero a pesar de sus dificultades, la mayoría de ellos seguirán creciendo más rápido que el primer mundo durante algunos años. Esto quiere decir que el movimiento del poder económico y político, desde Occidente hacia el mundo emergente, seguirá siendo la gran historia de nuestros tiempos.

 

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