Otra visión sobre Hidrosogamoso

Ayer se inauguró la hidroeléctrica que generará el 12% de la energía de Colombia. Sin embargo, varios pobladores aseguran que disminución del caudal del río Sogamoso afectó el ambiente y la economía de la región.

Ayer, mientras se inauguraba la represa, varios pobladores protestaban por los efectos adversos de la hidroeléctrica. / Vanguardia Liberal

Un detalle que aún recuerdan los pobladores de los municipios aledaños al embalse de Hidrosogamoso, es el tropiezo que tuvo el proyecto cuando arrancó el llenado a principios de junio. Entonces, comunidades del sector La Playa protestaron porque el nivel del río disminuyó notablemente y dejó, dicen, unos tres mil peces muertos.

Aquella vez, tras un error técnico de Isagén, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) anunció un seguimiento al proceso, pues aunque se habían seguido los pasos establecidos, “se presentaron algunos inconvenientes (...) que implicaron disminuir el caudal ambiental”. Eso, como lo dijo la ANLA, podía generar “cambios en la calidad del agua, afectación temporal de comunidades hidrobiológicas aguas abajo; pérdida de hábitat y/o oferta alimenticia para la fauna; desplazamiento y migración de especies y desequilibrio temporal en las poblaciones receptoras de fauna”. El impasse fue reconocido en su momento por Isagén.

Por ese mal rato que pasaron, los habitantes que viven en lugares cercanos a la represa protestaron. Como también lo hicieron ayer, cuando se inauguró la es que ahora la hidroeléctrica más grande del país.

Sus motivos son varios y los han expuesto desde hace más de dos años. “Pero todo gira en torno al río Sogamoso (que fue con el que llenaron la represa). Haber disminuido su caudal tiene unas implicaciones enormes en la vida de toda la región”, dice Claudia Gerena, líder del movimiento En Defensa del río Sogamoso. “Muchos vivían de la pesca y ahora no hay animales. Además, se dificulta el riego para los cultivos de muchos campesinos y las especies que desplazó la inundación han ido a parar a muchas de nuestras fincas”.

Según dice Tatiana Roa, directora de la organización Censan Agua Viva, el problema de fondo que tiene la construcción de esta hidroeléctrica de 7.000 hectáreas es que las aguas del río Sogamoso ya no van a responder a una dinámica natural que en condiciones normales depende de la época de lluvias y de sequía. “Ahora responde a la generación de energía y dependiendo de eso puede generar conflictos aguas abajo, donde muchas personas viven del cultivo. Esas prácticas agropecuarias que dependían de las temporadas climáticas, como cultivar a la vera del río cuando bajaba el caudal, serán imposibles”, asegura.

De acuerdo con Roa, el hecho de que el afluente ya no obedezca a variables naturales hace que los peces no migren a las partes altas, donde solían desovar. “La pesca productiva, inevitablemente, se pierde. Y si no se toman medidas, algo muy parecido puede suceder en las ciénagas, que también pueden verse afectadas. Además, estos proyectos generan nuevos microclimas: más calor en el día y más frío en las noches. Eso altera los cultivos de cacao de la región”, afirma.

Sin embargo, ahora hay un problema inmediato que preocupa a Gerena, que vive en el municipio de Betulia: los olores que se desprenden de la descomposición vegetal de la materia orgánica que queda bajo las aguas. “No se imagina lo insoportable que es. Por eso y porque ya no hay tantas tierras cultivables, algunos han tenido que buscar empleo en otros lugares”.