Pacific, vuelve y juega

La petrolera, que está contra las cuerdas porque sus deudas están por encima de los US$4.500 millones, tiene como su carta de salvación a Catalyst Capital Group, que compra compañías en problemas para salvarlas.

Pacific, la otrora empresa privada del sector petrolero más importante de Colombia, la que patrocinaba carrozas sin par en el Carnaval de Barranquilla y hasta a la selección Colombia de fútbol, que pagaba salarios millonarios a sus directivos, que periódicos y revistas económicas ponían de ejemplo empresarial en sus portadas, la está pasando mal, está contra las cuerdas y viviendo uno de los momentos más complicados de su historia.

Ayer en la madrugada, mientras todos dormían, la multinacional envió un comunicado de prensa explicando en qué va su proceso de “salvación”. Dicho así porque en el mercado, aunque sea un secreto a voces, lo que se comenta es que la compañía no está buscando nada distinto a eso: su salvación. “Pacific Exploration & Production Corp. hace una actualización sobre sus esfuerzos para formular una reestructuración financiera integral que reducirá la deuda, mejorará la liquidez y posicionará mejor a la compañía para enfrentar el actual ambiente del precio del petróleo”, detalla.

Una explicación pedida que servía de introducción a una declaración más puntual: “La junta directiva de la compañía, actuando según una recomendación del comité independiente de la junta, ha decido negociar una transacción de reestructuración consensuada que involucra a The Catalyst Capital Group Inc. y a los acreedores de la compañía”.

Camilo Silva, de Valora Inversiones, explica lo que eso significa: “Con Catalyst el acuerdo ya quedó aprobado. Catalyst dice: yo asumo la deuda, más o menos US$4.500 millones, y a cambio necesito, como mínimo, el control de la compañía. Entonces se quedarán con más del 50 %”. Advierte que los bonistas y bancos son los reales dueños de la compañía, porque cuando una empresa entra en liquidación, a los primeros que hay que honrarles la deuda son los bancos y bonistas, luego proveedores, empleados y accionistas. “Por eso estos últimos tienen que entender que hoy en día no tienen mucho”.

Detalla que a los bancos y a los bonistas les podrían entregar un 30 % o un poco más de la compañía. Les van a cambiar la deuda por acciones. Y el restante, más o menos un 20 %, sería con lo que quedarían los accionistas actuales. Esa es la dilución fuerte. Si usted tenía un 10 %, eso se va a convertir en 2 %. Y eso habrá que mirarlo accionista por accionista.

¿Y entonces por qué la empresa no se ha declarado formalmente en bancarrota? “Porque lo que se ha buscado es salvarla y que alguien se encargue de ella. Catalyst es una empresa canadiense que se dedica a comprar compañías que están en quiebra y las vuelve a levantar. Ese es el negociode ellos”, cuenta Silva.

José Roberto Acosta, analista del sector, da su lectura de la situación: “El mercado ya reaccionó con un precio a la baja de Pacific. En últimas el acuerdo fue entre acreedores, pero las deudas internas con los accionistas, con los minoritarios, realmente no se arreglan y la participación de ellos va a terminar diluyéndose y perdiendo su capital actual dentro de la empresa. Los únicos accionistas beneficiados son el señor Serafino Iacono y el señor Miguel Ángel de la Campa, que participaron como intermediarios en ese negocio y dicen que llevarían a su bolsillo US$150 millones de los US$500 que los señores nuevos (Catalyst) van a invertir. Conclusión: el accionistas minoritario es el gran perdedor de este negocio”. Para entender, detalla que quien tenía una acción, va a quedar con menos del 0,25 %. Si su acción valía $2.000, va a terminar valiendo menos de $500.

¿Y qué hubiera pasado si no se logra dicho acuerdo? “Si no se hubiese concretado con Catalyst, se habría necesitado una recapitalización de la compañía. Por lo menos tocaría inyectar US$500 millones de capital de trabajo, más US$100 millones para pagar los intereses de la deuda, más US$1.000 millones que se vencen en abril de 2017. Eso son US$1.600 millones que tendrían que haber asumido quienes tienen los 316 millones de acciones que hay en circulación. Eso quiere decir que cada persona que tiene una acción debía inyectar US$5.16. Y eso no resolvería los problemas grandes, era simplemente oxígeno por uno o dos años”, cuenta Silva.

La historia

Hace un año, Pacific era noticia porque había una propuesta de negocio con Alfa, una compañía mexicana que, entre muchos sectores, está en el petrolero. Como lo leía el mercado, el acuerdo que se hacía entre Pacific y Alfa les generaba valor a los accionistas, porque la empresa no tenía los problemas de deuda que tiene hoy. El petróleo estaba mucho más arriba de los US$40 promedio en los que está hoy y la negociación era considerada más atractiva.

En aquella ocasión se ofrecían 6,5 dólares canadienses por acción. Si se compraba la compañía, estaba en los planes llevarla a operar a México, en donde estaba andando la reforma energética que daba entrada a nuevas compañías para explorar, explotar y producir petróleo y gas. Todo andaba, aparentemente, bien. Pero se atravesaron los “bolichicos”, un grupo de inversionistas venezolanos que compraron acciones dos meses antes de la inminente negociación y, se dice, se reunieron con la gran mayoría de accionistas con altas participaciones para crear una oposición a la oferta de Alfa. El objetivo: pedir más plata. Más valor de pago por acción. Al final Alfa dio un paso al costado. Se apartó.

Las deudas siguieron creciendo para Pacific, mientras el petróleo siguió a la baja. “La compañía hoy es otra, porque su deuda es gigantesca. La empresa en bolsa está valorada en unos US$500 millones y tiene deuda por más de US$5.000 millones. Es una empresa en quiebra, con problemas de liquidez en una situación financiera muy difícil por lo que dicen las cifras”, cuenta Silva.

Entonces empezaron a aparecer varias empresas interesadas. La misma Pacific lo confirmó: “La compañía ha llevado a cabo un extenso proceso de solicitud de ofertas durante los últimos meses que involucró la participación activa de un comité ad hoc de tenedores de bonos que representa más del 50 % del monto total del capital de los bonos sénior sin garantía de la compañía y los prestamistas (bancos) bajo sus contratos de crédito”. Y acto seguido recordó: “Se recibieron varias propuestas de terceros. Como parte de este proceso, se permitió a los oferentes revelar sus ofertas y negociar directamente con el comité ad hoc y los prestamistas bancarios”.

Se dice que llegaron unas siete ofertas, pero finalmente el que se quedó con el negocio fue Catalyst. Ahora, lo que viene, porque lo que se dio a entender es que los bonistas y los bancos ya aceptaron el acuerdo, son ajustes de cifras para formalizar el ejercicio y se define quién quedó con qué. Con cuánto los accionistas, con cuánto Catalyst, con cuánto los bonistas y con cuánto los bancos. Pacific, vuelve y juega.

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