“La paz hay que construirla entre todos”

Carlos Raúl Yepes, quien lideró el equipo de empresarios que viajó a La Habana para conocer detalles de la negociación, habla de los retos que se le vienen al país, ahora que la votación del plebiscito tiene fecha y que el país está más polarizado que nunca entre el Sí y el No.

Carlos Raúl Yepes lleva más de tres años haciendo pedagogía por la paz, no solamente por el proceso de negociación de La Habana. / El Espectador
Carlos Raúl Yepes lleva más de tres años haciendo pedagogía por la paz, no solamente por el proceso de negociación de La Habana. / El Espectador

Carlos Raúl Yepes es de esos pocos empresarios que todas las juntas directivas del país quisieran tener: sabe de negocios, es abogado, tiene carisma, una carrera exitosa, es respetado, se ganó una privilegiada posición y reconocimiento en el país cuando lideró a Bancolombia y logró poner en marcha lo que él llamaba “una banca más humana”. Alcanzó cifras récord en la entidad y, en paralelo, fue invitado por el gobierno Santos para liderar el equipo de empresarios que viajó hasta Cuba para conocer la negociación que se adelantaba con las Farc, expresar sus puntos de vista y también los reparos. Ahora dedicado a asuntos personales, y después de recibir la condecoración grado de Caballero el Congreso de la República, habló con El Espectador sobre los retos a los que se enfrenta el país luego de la culminación de las negociaciones y la refrendación del acuerdo con la votación del plebiscito.

Usted, que estuvo dentro del proceso, de la negociación, con la delegación de empresarios en La Habana, ¿qué se le viene al país?

Primero, llevo más de tres años haciendo pedagogía por la paz, no solamente por el proceso de paz en La Habana, sino que hay que pensar más arriba, y es el proceso de reconciliación en Colombia.

Esta es una gran oportunidad para que esta sociedad haga un alto en el camino, reflexione, tal vez como decía Álvaro Gómez, que aprovechemos este hecho histórico para hacer un acuerdo sobre lo fundamental. Soy optimista. Wiston Churchill lo decía: “Si no se es optimista, entonces, ¿cuál es la otra opción?

Creo que hay que pensar más en lo que nos une, que en lo que nos separa. Tenemos que abrir otros espacios, más diálogo social, ser más incluyentes. Que sea esta la gran oportunidad que invite a la sociedad colombiana a desatrasarnos de muchos años de violencia, de narcotráfico y de tantas cosas que le han pasado. Por supuesto que esto apenas es el comienzo de la solución de uno de los grandes problemas que tenemos. La paz hay que construirla entre todos. Es un gran momento para que esta sociedad cambie su mentalidad y se ponga de acuerdo sobre lo fundamental.

Bruce Mac Master nos dijo que no había unidad entre los empresarios por el tema de la paz. ¿Cómo lograr esa unidad entre ellos, que son los que con el aparato productivo sostienen el país?

Unidad es muy difícil tenerla y en todos los sectores, no sólo en los empresarios sino en la sociedad, que está polarizada, que está en confrontación, creo que hay que hacer un alto en el camino y más que insultar y pelear, es un momento para apoyarnos y ser capaces de dimensionar una nueva sociedad.

Hay muchos puntos en común para buscar consensos, tratar de buscar más lo que nos une, como le digo. El empresariado ha hecho cosas muy buenas, lo que más le interesa además de la estabilidad política es la estabilidad jurídica, que las reglas de juego económicas sean claras, el empresario siempre va a estar ahí. No se están pidiendo subsidios o beneficios adicionales, el empresariado colombiano es bueno, es de calidad, ha sabido trabajar y creo que tiene un compromiso con el país.

Ahora, si lo unimos al proceso de paz y a esta nueva etapa, creo que todos deberíamos diseñar una agenda para el posconflicto donde pongamos sobre la mesa las diferentes iniciativas de diferentes campos para que nos ayuden a cerrar la brecha de la injusticia social.

Vienen muchos retos, una reforma tributaria que es importante, pero también retos en función de la salud y las pensiones. Pero otros dos grandes retos son fortalecer la justicia y la institucionalidad en el país, porque si estos acuerdos no se rodean de institucionalidad y copar los espacios donde ha habido ausencia de Estado, va a ser muy difícil que sean viables.

Si le hablamos a la gente de a pie, ¿cuál debería ser el paso a seguir para este país?

Pienso que hay que empezar desde diferentes niveles. Primero, hay que empezar a buscar la paz interior de cada persona; segundo, la paz en los espacios en los que se mueve que regularmente son su familia y su trabajo y el tercero es buscar la paz en sociedad. Lo que sigue es empezar a buscar dónde están los consensos, dónde están las dificultades como sociedad y empezar a fijar prioridades. No podemos solucionar todo de un día para otro. Tenemos mucho conflicto, pero hay que desarmar los espíritus, esta sociedad tiene que parar en el camino a pensar de manera diferente, pensar en paz y actuar en paz.

¿Por dónde se debe mover el país en materia agrícola, donde está la gran deuda estatal?

Eso tiene muchos elementos. Lo primero es que no solamente es el campo sino muchas aristas desde el punto de vista económico que se puede impulsar la economía y creer en ella. Habrá muchas oportunidades. No sólo las empresas sino los gremios deben fijarse una agenda para el posconflicto que va más allá de empleo y de pago de impuestos, eso es lo natural, aquí hay que pensar en otras dimensiones y ser más creativos.

La ausencia del Estado en el campo es uno de los causantes de la guerra. Sin embargo, creo que en los acuerdos hay temas importantes que representan un gran desafío, a los que hay que ponerles mucha atención y buscar la mejor forma de gestionarlos.

Por ejemplo...

Los fondos de tierras, el censo catastral, la sustitución de cultivos ilícitos, la propiedad de la tierra. Y al final reunidos en esto, no se debe asustar a la sociedad, al empresariado, sobre lo que es el modelo económico, no puede existir una sola regla: habrá modelos cooperativos, de latifundio, de minifundio y todos tienen una solución diferente. Ahora, el gran reto para todo esto es que los acuerdos van a implicar un gasto adicional para el Estado, el presupuesto hoy es de $220 billones. Los estudios de Eafit, Andi y Proantioquia dicen es que para que se pueda adicionar al presupuesto entre $10 y $20 billones durante los próximos 10 años, el país debería crecer al 5,2 o 5,6 %. Ese sí que es un gran reto, y la verdad es que al final, desde el punto de vista de la institucionalidad y de la economía, tenemos que ser capaces de construir, entre todos, una paz sostenible.

¿Cómo hacer para que no pase lo que sucedió con los paramilitares, que cambiaron de nombre y siguieron delinquiendo? ¿Cómo blindar todo lo que se viene?

Hace rato como sociedad hemos venido perdiendo en solvencia moral, no solamente son esas formas criminales de las que siempre hablamos del paramilitarismo o las bacrim, hay una silenciosa que es asintomática para la enfermedad de nuestra sociedad que es la corrupción. Desafortunadamente narcotráfico y corrupción son dos hermanitas que suben y bajan por las escaleras. Creo que hay que decir: basta ya, eliminar la cultura del atajo, de avispado, del tramposo, del vivo.

Hay que rodear de institucionalidad este acuerdo, que el ciudadano de a pie lo sienta, que no se sienta impotente, que el Estado respete a sus ciudadanos, que sus ciudadanos respeten al Estado, y ponernos de acuerdo sobre todo en un sistema judicial y de institucionalidad que he venido perdiendo credibilidad porque es en todos los niveles. En el Ejecutivo, en el Congreso, en los jueces, en la Contraloría, en la Procuraduría. Los ciudadanos estamos hastiados de ver las peleas, las dificultades y que no exista ese liderazgo que sea capaz de decir: aquí hay que poner orden, vamos a entendernos, y de nuevo, la única forma de lograrlo es con un acuerdo sobre lo fundamental.

¿Usted está de acuerdo con las curules directas para las Farc?

Eso lo escuchamos en La Habana mil veces desde hace tres años y un poco más: el mensaje claro de las Farc es que quieren pasar de la lucha armada a la lucha política, si quieren hacer eso tienen que entrar a la institucionalidad y reconocer las reglas del Estado colombiano. Por supuesto que esto no puede ser con miedo. Tuve la oportunidad de decirle al doctor De la Calle hace más o menos un mes, cuando estuvimos analizando los acuerdos: a esa frase de que se quiere hacer política sin armas le hace falta una parte, la afirmación correcta que yo esperaría que se debe hacer es: vamos a hacer política sin armas y sin dineros ilícitos, porque donde se utilicen los dineros del narcotráfico esto sí pone en riesgo la democracia, y eso es lo que no podemos dejar que pase como sociedad y como Estado. Si ellos quieren hacer política, que lo hagan dentro de las reglas de la democracia, de la legalidad, de la Constitución y que sean los ciudadanos los que digan con qué están de acuerdo.

Y por las curules directas, que es un tema muy sensible, habrá unas vocerías, está bien que se les siga escuchando, pero ya después tendrá que someterse a las reglas de la democracia.

En un escenario ideal, donde se bilnden los acuerdos, donde las Farc tomen el camino democrático dentro de la Constitución, ¿cómo se imagina este país en 10 o 15 años?

Lo he venido diciendo: no sé por qué nos damos tan duro los colombianos. Uno mira para Estados Unidos y ve un fenómeno como Trump, y a mí me demuestra una sociedad en decadencia desde que un líder es capaz de hacer semejantes afirmaciones racistas, xenófobas, homófobas; mira uno a Europa y uno no sabe dónde están los terroristas, pueden estar sentados al lado de uno, en el comedor, en un tren, en un metro, en un teatro; uno mira hacia Siria y ve esa tragedia humana, y se sigue moviendo por el mundo y ve un lugar como el nuestro en donde estamos en la búsqueda de la paz. Lo decía antes: ¿si no es con optimismo, entonces cuál es la otra opción? Estamos frente a una era de posibilidades, este país está por hacer, en lo económico, en lo social, en lo ambiental, en todos esos temas es donde nos tenemos que poner de acuerdo. Utilizo una frase que dice: “Me sueño dentro de 10 años que este país sea económicamente próspero, socialmente incluyente y ambientalmente saludable”.

 

últimas noticias