Pérdida de categoría

Rangers FC, el club de fútbol más laureado de Escocia, está sumido en la quiebra. Sus abultadas deudas, sumadas a escándalos contables, lo llevaron a tercera división. Su presente no está exento de dudas.

Las caras largas comenzaron a ser un punto de referencia en los pubs, las calles, las oficinas, los restaurantes, las salas de las casas y en cualquier otro lugar donde dos seguidores del Rangers FC se reunieran para hablar de fútbol. Su club, el más laureado de la liga escocesa, el flamante finalista de copas europeas, acababa de ser vendido por una libra esterlina.

“Tuvimos muchas dudas cuando Craig Whyte y su nueva directiva se hicieron cargo del equipo, pero decidimos darle una oportunidad para probar que podía pagar las deudas y llevarlo a tierra firme”, dice John Baillie, presidente del club de fans Rangers 1 en Paisley, Escocia, a 11 kilómetros de Glasgow, la capital.

Pero aunque cueste creerlo, el 6 de mayo de 2011 fue un día mucho más radiante que el pasado 14 de junio, cuando los directivos, acosados por una deuda de 21 millones de libras esterlinas y múltiples escándalos de evasión de impuestos, decretaron la quiebra. “Fue devastador. Tratamos hasta el último momento de encontrar fondos, sin éxito”, agrega.

Sin duda, el punto más bajo en los 140 años de historia del club con el que se identificaron los protestantes de Escocia. El club que surgió en 1874 cuando cuatro amigos comenzaron a patear un balón en los parques de Glasgow. El mismo club que se labró un nombre al conquistar 54 ligas, 33 copas, 27 copas de liga y una Copa de Ganadores de Copas de la UEFA, la de 1972, que le arrebataron en un aguerrido partido al Dínamo de Moscú. El club que junto a Celtic, su rival de patio, se convirtió en la referencia obligada del fútbol escocés con el dominio absoluto, año a año, de una liga con 10 protagonistas de reparto.

El club que comenzó a construir su desgracia debido al orgullo de un hombre: el magnate acerero sir David Murray. En 1988 adquirió al Rangers por 6 millones de libras y en 23 años de gestión fue el principal responsable de llevar 15 ligas y 26 copas a las vitrinas. En su gestión sobresalen los nueve años de romance que vivió con los fanáticos azules, entre 1989 y 1997, en los cuales invirtió grandes sumas para firmar a jugadores de renombre como Brian Laudrup, Ronald de Boer y Tore Andre Flo, que acapararon todos los títulos.

Pero fue precisamente el final de aquella época dorada el que determinó la desgracia. En 1999, tras perder la liga con el Celtic, el directivo amplió el presupuesto y contrató al técnico holandés Dick Advocaat con la misión de restablecer el honor. Y aunque el objetivo deportivo se cumplió con una ventaja de 21 puntos en la tabla de posiciones en el primer año y su impulso se extendió hasta 2001, el club registró su primer déficit: 50 millones de libras esterlinas.

Entre los pagos pendientes se encontraban los sueldos administrativos y deportivos, los cuales se cubrieron en principio con movimientos contables irregulares. Aunque las ganancias de algunos acuerdos comerciales lograron rebajar el monto a 6 millones de libras esterlinas, las campañas irregulares en el campo de juego y la obligación de armar una plantilla competitiva fueron incrementando nuevamente los costos, para una deuda total en 2009 de 31 millones de libras esterlinas.

La crisis financiera mundial, que causó la depreciación en un 79% de su fortuna, obligó a Murray a vender su participación, justo a dos meses de que las autoridades fiscales británicas develaran las irregularidades y llevaran al club a los estrados. En 2012, los seguidores sufrían en las graderías del estadio Ibrox las consecuencias de una campaña adversa (como castigo, le quitaron 10 puntos en la tabla) y veían en sus casas, sitios de reunión y trabajo cómo el club perdía la batalla legal. “No había forma de concentrarse únicamente en los partidos”, admite Baillie.

Y aunque en medio de la turbulencia el empresario británico David Green asumió la vocería del club tras comprarlo por 5,5 millones de libras esterlinas y diseñó un plan de reestructuración de la deuda, la justicia consideró que los derechos de los acreedores se vulnerarían y ordenó la liquidación. En cuestión de un mes el club perdió a sus principales patrocinadores, a sus jugadores estrellas e, incluso, su lugar en la liga, pues diez de sus once contrincantes le negaron un lugar en la máxima categoría y lo enviaron a jugar en tercera división.

Hoy en día su futuro es poco claro. Gran parte de los ingresos están en duda, no se sabe si la administración (que formó una nueva sociedad: The Rangers Football Club) saldrá de activos como el estadio Ibrox y su plantilla se reduce a poco más de 10 jugadores, entre los que está Alejandro Bedoya, mediocampista de 25 años de pasaporte estadounidense y sangre colombiana.

Lo único claro es que no faltarán voces en las tribunas. “Comenzaremos de nuevo en tercera, para contribuir al resurgimiento del equipo”, dice Baillies.

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