PIB, errado pero no como se cree

Nos deberíamos preguntar si el Producto Interno Bruto (PIB) es una medida de lo que se supone se debe tener en cuenta. Sin embargo, las críticas a los cálculos se quedan en la observación de que hay más factores en la vida distintos a la economía.

El PIB es doméstico y mide lo que se produce dentro de un país, sin importar quién lo produce o para quién. / EFE

En la Universidad de Oxford muchos estudiantes piensan que las cátedras son opcionales, así que los profesores que no logran iluminar o entretener a sus estudiantes terminan hablando en salones vacíos. Un malicioso estudiante alguna vez midió el desempeño de los catedráticos computando la tasa de asistencia al comienzo del curso en comparación con el final del curso. El puntaje más alto lo sacó un profesor de contaduría de ingresos nacionales, que es una asignatura de primer año.

Pocas universidades ofrecen hoy este curso. Han respondido, o cedido, a las preferencias de los estudiantes y los currículos de economía han cambiado, no necesariamente para bien. La contaduría de ingresos nacionales sigue siendo un componente central de las estadísticas económicas y, por lo tanto, para la política económica, pero ya no se entiende bien. Diane Coyle ha hecho un valiente intento en un libro reciente por hacer el tema de nuevo accesible e incluso interesante.

Cuando los economistas hablan sobre el crecimiento económico, están midiendo el cambio en el Producto Interno Bruto (PIB). Las críticas comunes al PIB a menudo se basan en la observación indisputable de que hay más factores en la vida distintos a la economía y los bienes materiales. El PIB omite el trabajo que se hace en casa, la mayoría de las veces por mujeres. Valora los gastos en la guerra y la enfermería sobre la misma base. Registra la destrucción del medio ambiente tan sólo teniendo en cuenta la cantidad de dinero que se gasta en destruirlo y luego incluye la cantidad que se invierte limpiándolo. No nos dice qué tan felices somos o cómo estamos realizándonos en la vida.

Estas objeciones son válidas, pero la mayoría son ajenas a esta cuestión teórica. El PIB es una medida del desempeño productivo de la economía. El cómo se emplee este potencial productivo es un tema importante, pero distinto al que nos ocupa, y es tan sólo en parte una pregunta para la economía. No podemos, por ejemplo, criticar al termómetro porque no nos dice qué tan cómodos nos sentimos. No obstante, el PIB no es un hecho físico como la temperatura, sino una construcción artificial. Su medida es convencional y subjetiva. Nos deberíamos preguntar si el PIB es una buena medida de lo que se supone debe medir.

El PIB es bruto, así que no permite la depreciación. Si hay muchas inversiones a corto plazo, como en la tecnología de la información, la producción se ve sobredimensionada si se incluyen estos costos como inversiones (algo que suelen hacer los estadounidenses), y subestimada si se deducen como costos en los que se incurren (algo que suelen hacer los europeos). El PIB se mide como precios constantes, ¿pero qué se quiere decir cuando se habla del precio constante de una pieza de software? Estas convenciones son muy importantes para las respuestas a las que se lleguen.

El PIB es doméstico, así que se mide lo que se produce dentro de las fronteras de un país, sin importar quién lo produce o para quién. La combinación de bruto y doméstico implica que usted incluye el valor total de la producción, menos los costos de operación en los que se incurre en aquel año específico. Así que los productores de recursos parecen más ricos de lo que son. La campaña del SÍ en la antesala del referendo por la independencia de Escocia ha señalado (de forma correcta), que una atribución apropiada de los ingresos por petróleo mostraría que Escocia es hoy uno de los países más ricos (en términos de PIB per cápita); pero los escoceses cometerían un error si pensasen que este cálculo implica que la independencia les favorece.
Y la contaduría de ingresos nacionales no puede dar cuenta adecuadamente del sector de servicios financieros. La producción que se reportó en los servicios financieros aumentó dramáticamente durante la crisis financiera de 2008.

Este resultado absurdo sucede porque la medida de la producción de servicios financieros está fuertemente influida por el margen entre las tasas promedio de préstamos bancarios y créditos, que tuvieron un agudo aumento.

Cuando alguien cita, con actitud confiada, la contribución de los servicios financieros a los ingresos nacionales, ciertamente no ha comprendido el concepto esotérico de “servicios financieros medidos indirectamente” (no pregunte). Tan sólo lo entienden unas pocas personas en las profundidades de las oficinas nacionales de estadística. Este problema pone en duda la validez de las tasas de crecimiento que se reportan, antes y después de la crisis.

En alguna época me sorprendía que muchos economistas en el sector financiero predecían y discutían el PIB sin saber lo que era. Desde entonces me he dado cuenta que el trabajo de los expertos del mercado no era predecir el PIB, sino predecir lo que la oficina de estadística anunciaría que era el PIB, y esto no es en absoluto lo mismo.

Pero la realidad siempre se impondrá. En Irlanda, casi todos los problemas que he descrito se reunieron para que la oficina de estadística hiciera parecer que el país se encontraba mucho mejor de lo que estaba. Esta soberbia llevó al país a la peor situación de su historia.